CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero
Hoy escribe Fernando Bermejo

Al hilo de la presentación de un libro-homenaje a Jesús Peláez, en sus últimas postales Antonio Piñero ha comentado el artículo de W. Hendriks sobre algunos textos paulinos. Entre ellos está Rom 9, 5, con su conocida crux interpretum: ὁ Χριστὸς τὸ κατὰ σάρκα, ὁ ὢν ἐπὶ πάντων Θεὸς εὐλογητὸς εἰς τοῦς αἰῶνας, ἀμήν. Y presenta una serie de razones que justifican entender el pasaje “Dios bendito…” como NO referido al Mesías.

No habiendo tenido todavía ocasión de leer el artículo de Hendriks, ignoro si las varias razones ofrecidas agotan el conjunto argumentativo presentado por este autor. En todo caso, a los argumentos ya expuestos pueden añadirse las siguientes consideraciones.

El texto constituye el final, el colofón, de la enumeración de una serie de aspectos cruciales para la religión de Israel, una serie de bendiciones característicamente judías: ley, culto, alianzas, patriarcas... Pero, además, el Mesías es contado entre esos privilegios y bendiciones de Israel. Esta inclusión del Mesías en la serie de realidades precedentes queda muy clara en la triple repetición del ὧν (“de los cuales”) en el texto griego.

En este contexto (y aun dejando aparte el hecho de que, en efecto, en ningún otro texto llama Pablo “dios” a Jesús), se desvanece toda inteligibilidad de una categorización del Mesías en términos divinos, y a la vez cobra todo su sentido una doxología final –en una formulación típicamente judía (Baruch hu)– al Dios de Israel, quien es bendito en razón también de todas las bendiciones concedidas a su pueblo.

Otro argumento que merece la pena señalar es la caracterización final de "Dios bendito" como quien “es sobre todas las cosas” (ἐπὶ πἀντων). Porque –para Pablo como para cualquier monoteísta que se precie–, quien está sobre todas las cosas no es otro que el verdadero y único Dios. Este es el sentido de 1 Cor 15, 24-28, donde se afirma que Jesús, el Cristo y Señor reina, sí, y todas las cosas le son sometidas, sí, pero al fin él mismo se somete al Dios y Padre.

Esto es refrendado en el pasaje, con toda probabilidad deuteropaulino, de Ef 4, 5, en donde se habla de “un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todo(s)” (una vez más: ἐπὶ πἀντων). Este sintagma designa inequívocamente a Dios mismo.

En suma, tras enumerar (probablemente con profunda emoción) toda una serie de bendiciones de Israel, el judío Pablo prorrumpe en una doxología teológica, que alaba al Dios universal por sus designios. La propensión de muchos exegetas, teólogos y predicadores cristianos a creer que la exaltación de Jesús alcanzó enseguida, entre judíos jesuánicos, el nivel de la divinización justifica, lamentablemente, una lectura de Rom 9, 5 que ve en él lo que parece no haber (y lo mismo ocurre en otros pasajes como Flp 2).

Por supuesto, puede discutirse cuál es el significado y las implicaciones de la exaltación experimentada por la figura de Jesús en el judío Pablo –es decir, lo que esta exaltación da que pensar y que venerar al homo adorans–. Pero el hecho de que Jesús no sea denominado “dios” sino en escritos tardíos del Nuevo Testamento impone la necesidad de mucha cautela a la hora de proyectar en el pasado desarrollos posteriores. Distingue tempora et concordabis iura.

Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Miércoles, 29 de Enero 2014
Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

Homilía III

El debate entre Pedro y Simón gira en torno al concepto de Dios reflejado en su obra de la creación. Hablaba de la categoría de Adán y su sabiduría al aplicar a los animales el nombre más idóneo a su naturaleza. Para él creó Dios a la mujer como cónyuge. En su presentación, deja aparecer el autor su concepto un bastante antifemenino. Su naturaleza es, dice Pedro, “muy inferior a Adán, como el accidente lo es de la sustancia, la luna del sol, el fuego de la luz” (H III 22,1). Ella domina el mundo actual como mujer que es semejante a él, mientras que el varón domina el mundo futuro. Ambos son profetas de alguna manera, pero Adán profetiza cosas mejores.

Adán y Eva en la regla de los pares

En la regla de los pares, la profecía de Adán es la primera, pero viene detrás de la de Eva. Pedro la denomina “directora del mundo actual”, que “promete dar como dote la riqueza terrena”. Es presentada como falsa profetisa, que se atreve a enumerar y a escuchar a muchos dioses. Y la verdad es que deseando ella misma ser como Dios, pierde lo que tiene sin ganar lo que pretendía. Como hembra que es, en sus períodos menstruos contamina con su sangre a cuantos la tocan. Pero cuando concibe, da a luz a reyes temporales que provocan guerras con derramamiento de sangre. Para el autor de la obra, Eva es causa y motivo de decepciones.

A cuantos buscan la verdad, los desvía del camino recto hasta que llegan a la muerte buscando siempre sin encontrar nada. Pedro persiste en presentar a Eva y su misión en la vida de la humanidad como funesta: “Desde el principio, para los hombres ciegos está puesta como motivo de muerte; pero como profetiza cosas falsas, ambiguas y retorcidas, engaña a los que la creen” (H III 24,4).

Caín y su descendencia

A su hijo Primogénito le impuso la Ley el nombre de Caín, que tiene una posible doble interpretación, es decir, posesión y envidia. No olvidemos que los nombres tienen para la mentalidad hebrea un perfil de la propiedad personal que define de alguna manera su personalidad y su destino. Por eso Caín fue “homicida y mentiroso; y no quería estar en paz en medio de sus pecados ni siquiera para ser el jefe”. Y sus características personales se las transmitió a sus descendientes, entre los cuales abundaron los adúlteros y los reales inventores de las armas de guerra. Hombres apellidados por Tibulo “fieros y férreos” los que introdujeron las espadas en la vida de la humanidad (Tibulo, Elegias X 2).

Abel, bienhechor de la humanidad en doctrina y conducta

La historia de Caín va acompañada de la de su hermano Abel. El texto subraya y reafirma los datos bíblicos en la figura de los dos primeros hermanos nacidos en la historia de la humanidad. El mismo nombre de Llanto no es sino presagio de venturas para sus descendientes. En primer lugar porque lees proporciona la oportunidad de llorar a sus hermanos que fueron engañados. Luego porque no los engaña cuando les promete consuelo en el mundo futuro.

El texto de la Homilía contiene un verdadero canto a las virtudes y ventajas de su conducta. Éstas son las palabras concretas, abundantes en alabanzas para un bienhechor de la humanidad naciente: “Ruega a un solo Dios, y ni siquiera habla de dioses ni confía en otro que hable de ellos. Conserva lo bueno que tiene y lo acrecienta cada vez más. Odia los sacrificios, la sangre, las libaciones. Ama a los castos, los puros, los santos. Extingue el fuego de los altares. Elimina las guerras, enseña la paz. Impone la justicia. Expía los pecados. Sanciona el matrimonio, recomienda la continencia, conduce a todos a la castidad. Hace a los hombres misericordiosos. Regulariza la justicia, designa a los que son perfectos y explica el discurso del descanso. Profetiza cosas ciertas, habla las cosas claras. Recuerda con frecuencia el castigo del fuego eterno, anuncia sin cesar el reino de Dios. Alude a la riqueza celestial, promete la gloria indestructible, demuestra con hechos el perdón del pecado” (H III 26,3-6).

Abel es, pues, el paradigma del hombre perfecto a los ojos del autor de las Pseudo Clementinas. Practica la fe en la unidad de Dios, una de las obsesiones de las predicaciones de Pedro. Ve con recelo todo lo que de algún modo huele a sangre, él que murió asesinado por su propio hermano. Ama la castidad, la virtud más ensalzada en toda esta literatura. Huye de las posturas de sus férreos y feroces parientes en cuestión de guerras. Ensalza la justicia, como camino hacia la verdad, el perdón y la gloria. No se olvida del juicio que tendrá como resultado el descanso eterno o el castigo del fuego. Para Abel está clara la promesa de la gloria indestructible.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro




















Domingo, 26 de Enero 2014
Queridos lectores:

Por un error mío, que no me ha sido posible subsanar con el nuevo sistema electrónico de nuestra revista TENDENCIAS21, y cuyo título aparece arriba, el texto correspondiente aparece con fecha de

Domingo 19 de enero 2014

Por tanto, debajo de la postal del Prof. Gonzalo del Cerro del miércoles 22 enero 2014 con el titulo

"Literatura Pseudo Clementina. Las homilías griegas. Homilía III "Magisterio del profeta de la Verdad", es decir un poco más abajo de este anuncio.
Pido disculpas por mi error

Saludos cordiales

Antonio Piñero
Viernes, 24 de Enero 2014
Hoy escribe Fernando Bermejo

Aunque cualquiera que conozca un poco la naturaleza humana sabe cuál es el trágico destino de las minorías –el rebaño y la jauría acaban persiguiendo siempre al diferente–, en calidad de miembro activo de una organización de Derechos Humanos he leído desde hace muchos años numerosos informes en relación a personas y minorías perseguidas. “Perseguidas”, en la inmensa mayoría de los casos, quiere decir no solo insultadas, repudiadas y vejadas a menudo por el mero hecho de ser diferente, sino acosadas, encarceladas, torturadas y asesinadas con toda la crueldad y la vileza de la que solo el ser humano es capaz.

Una de estas minorías es, por supuesto, la de los homosexuales. En la mayor parte de los países del mundo, gays y lesbianas siguen siendo los blancos perfectos de la bajeza del rebaño, a los que se persigue, se acosa, se tortura y se asesina. Y en este caso, da igual el continente e igual también la religión predominante de cada país (aunque, ciertamente, los hay peores que otros en número e intensidad).

Las religiones más extendidas, tanto el cristianismo como el islam, se han significado –y no pocos de sus miembros se significan hasta hoy– por respaldar y propagar los prejuicios más atávicos del clan. Al igual que cuando el rebaño es religioso los ateos son abominación, cuando el rebaño es blanco el negro es abominación, cuando el rebaño es payo el gitano es abominación, cuando el rebaño es heterosexual –y lo es–, los homosexuales son abominación. El rebaño bala unánime contra la minoría, entre otras razones porque el rebaño es cobarde y es muy fácil convertir a la minoría en chivo expiatorio. Y se sabe cuán fácilmente el rebaño se torna jauría.

Esta es la razón por la que cada vez que oigo o leo que alguien lanza alguno de los típicos rebuznos y vilezas sobre la homosexualidad (entre ellos está lo del “poderoso lobby homosexual”, que recuerda tanto a los bulos sobre el “poderoso lobby judío” que servía para demonizar al otro y preparar los pogromos) y realimentar los prejuicios del rebaño, no puedo evitar que me entren náuseas. Para mí es evidente que estos individuos y estas individuas sí son irremediablemente deficientes. Deficientes en cuanto a conocimiento, porque no parecen tener la menor idea de lo que pasa en el mundo. Deficientes en cuanto a coraje, porque si no saben es porque no quieren saber. Deficientes en cuanto a sensibilidad, porque a saber en qué cenagal espiritual la han cultivado. Deficientes en cuanto a sentido de la justicia y dignidad, porque hacen acepción de personas cuando de víctimas se trata. Y está claro que con este tipo de deficientes no hay, por definición, nada que hacer.

Entre estos deficientes que rebuznan su bilis se hallan, por supuesto, un gran número de eclesiásticos y sus acólitos. Aunque los homosexuales, aparte de hacer pasar muchos buenos ratos a una parte del clero, no les han hecho nada malo, cada dos por tres hay curas, obispos, cardenales o papas que dan prueba de su cristianísimo amor sembrando el desprecio, la vileza y el odio a la que nos tienen acostumbrados… contra la homosexualidad. Eso sí, estos tienen como sustento, nada más y nada menos, que las Sagradas Escrituras.

En efecto, entre las muchas cosas que debemos a la Biblia está el habernos dejado una idea suficientemente clara de lo que sus sofisticados autores pensaban sobre la homosexualidad (que ellos prefieren llamar sodomía). Está claro que esta es una abominación, porque así lo dicen las Escrituras, reveladas por Dios mismo según la enseñanza tradicional e infalible de la Sedicente Santa Madre Iglesia. Levítico 18, 22: “No tendrás relaciones con un varón como se tienen con una mujer: es abominación”. ¿Cuál es el castigo adecuado para ella? Lo dice también Levítico 20, 13, al conminar a los homosexuales de manera apodíctica con la pena de muerte.

Y como en la sublime dispensación divina no hay contradicción alguna, el Nuevo Testamento viene a corroborar lo enseñado en el Antiguo. San Pablo, en la Epístola a los Romanos (1, 26-27), lo dice muy claramente: “Por eso los entregó Dios a pasiones infames (páthe atimías); pues sus mujeres mudaron el uso natural por otro contra la naturaleza; igualmente los varones, abandonando el uso natural de la fémina, se abrasaron en apetencias los unos por los otros, cometiendo la infamia de varones con varones, recibiendo en sí mismos el pago que convenía por su extravío.”

Aquí se denuncia la doble práctica de la homosexualidad, primero la femenina y luego la masculina, como una práctica repugnante. No es secundaria la adjetivación del Tarsiota, pues en la filosofía griega el concepto de pasión puede indicar lo adiáphoron o moralmente neutro, como ya pensó Aristóteles. Y si el lesbianismo es ya penoso, San Pablo carga las tintas en el caso de los varones, al definir la relación sexual entre ellos con el término “infamia” (askhemosýne, literalmente “falta de esquema” o de forma, es decir, feo, deforme, desagradable, indecente). Y si el apóstol afirma aquí que los homosexuales reciben en sí mismos el pago merecido de su extravío, en 1 Cor 6, 9-10 los arsenokoitai forman parte de aquellos que no heredarán el Reino de Dios.

Por supuesto, siempre hay cristianos –e incluso teólogos– bienintencionados que declaran su respeto y su afecto por los homosexuales. Algunos incluso escriben cartas entrañables a Pedro Zerolo para decirle lo mucho que le aprecian los cristianos. Esto está muy bien, aunque tanta buena intención no puede evitar deshacer con una mano lo que se hace con la otra. Porque que la homosexualidad es abominación lo dicen claramente, no lo olvidemos, esos mismos escritos a los que veneran como Palabra de Dios. Cosa que obviamente seguirá sirviendo para alimentar los prejuicios atávicos y la bajeza congénita de rebaños y jaurías por los siglos de los siglos.

Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Miércoles, 22 de Enero 2014
Literatura Pseudo Clementina. Las Homilías griegas.
Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

Homilía III

Magisterio del Profeta de la verdad

La Homilía III recoge el debate entre Pedro y Simón acerca del concepto de Dios. La pasada semana usamos argumentos tomados de la versión latina de las Recognitiones, lo que podría desviar nuestra atención de la línea argumental de la Homilía. Pedro hablaba de uno de los conceptos esenciales de su doctrina, del Profeta de la verdad. Entre los que pretenden hablar de la verdad como maestros, Pedro zanja la discusión asegurando que la solución está en el Profeta de la verdad. Porque reúne todas las características del poseedor de la verdadera profecía.

En efecto, “el profeta verdadero es aquel que sabe todo siempre, incluso los pensamientos de todos, infalible, como bien informado sobre el juicio de Dios” (III 11,2). Repetimos la cita para volver al verdadero camino del autor de la Homilía. El colmo de los conocimientos del Profeta verdadero abarca presente, pasado y futuro. Por lo tanto, el que desea conocer la verdad en todos sus aspectos y circunstancias, no tiene otra opción que recurrir a su magisterio.

Carácter perpetuo del Profeta de la verdad

Otro aspecto del conocimiento del Profeta de la verdad es su carácter de perpetuo. Los que piensan que conoce las cosas y los hechos de forma intermitente, están muy equivocados. Como ya hemos dicho, lo conoce “todo siempre”. No necesita esperar que llegue la inspiración o suplicar que venga. La posee por esencia. Por eso, si se descubre que un presunto profeta se equivoca en algún tema o en alguna ocasión, ha perdido la garantía de verdad. Queda evidente que es un falso profeta, que a lo más podría profetizar alguna cosa verdadera por casualidad, pero no con las garantías de absoluta certidumbre, que va adherida a la personalidad del verdadero profeta.

El mejor argumento de lo que decimos es el caso del Maestro Jesús. No mintió en nada, no enseñó falsedades ni embaucó a sus oyentes en ningún detalle. Vino a dar testimonio de la verdad y su palabra se cumplía en afirmaciones y hasta en deseos. Su forma de hablar demostraba la realidad de su autoridad doctrinal. “En verdad, en verdad os digo” era su forma de asegurar con autoridad su doctrina. La necesidad de un Profeta de la verdad era debida al hecho de la existencia de numerosos heraldos de la mentira. Ya lo decía Pedro: “Son muchos los heraldos de la mentira, que tienen un jefe de la maldad”. Pero para que la verdad sobreviva en el mundo, es preciso que también haya uno “que es el único jefe de la verdad y también de la piedad” (III 16,1).

Heraldos de la mentira

Esos que Pedro llama “heraldos de la mentira” son “los que no han comprendido la doctrina de los pares, que no cesaré de exponeros sumariamente por separado en cada momento” (III 16,2). En medio del debate sobre el concepto de Dios, introduce Pedro el tema de la creación con detalles como la caída de Adán. Pero no por ello perdió Adán muchos de sus privilegios. El hombre es la imagen de Dios y merece por ello veneración y respeto. Pues la misma Escritura recoge la reflexión de Dios cuando dice: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Adán tuvo conocimiento de su destino y tuvo ciertos aspectos propios de profeta.

El reinado de Cristo

Los errores que siguieron tras la caída de Adán quedan corregidos por le presencia del reinado de Cristo. Los errores fueron fruto de la ignorancia, que a su vez es expulsada por al conocimiento traído por el Profeta de la verdad (cf. también Recogn., V 4-5; VI 4). Nuestro Maestro nos dio lecciones definitivas para el establecimiento de su reino: “Porque amaba a los que lo odiaban, lloraba por los desconfiados, bendecía a los que lo ultrajaban, oraba por sus enemigos”. Dios había enviado bienes a justos e injustos, para quienes hacía salir el sol o caer la lluvia.

El profeta prometido apareció en diversas edades de la humanidad. En efecto, la promesa de la existencia de un profeta comienza a cumplirse en la persona y la misión de Adán. Era en palabras de Pedro “el único verdadero Profeta, puso los nombres idóneos a cada animal según los méritos de su naturaleza” (III 21,1). Imponer un nombre es en la mentalidad hebrea una forma de dominio. A pesar de su caída, Adán tenía la gracia o el espíritu de sabiduría suficiente como para dar a cada animal el nombre más idóneo a su naturaleza. Así lo afirma Pedro después de recordar que Dios concedió al hombre la facultad de dominar sobre todas las criaturas.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro



Domingo, 19 de Enero 2014
Griegos, judíos y cristianos. homenaje al Profesor Dr. Jesús Peláez Soluciones a frases difíciles del Nuevo Testamento (y II)
Hoy escribe Antonio Piñero


Continuamos con la mención de los artículos que afectan al Nuevo Testamento en el homenaje al Prof. Jesús Peláez. Como ejemplo de contenido comentaré uno de ellos, el de W. Hendricks.

Así pues, otros artículos sobre el Nuevo Testamento en este libro son:

• D. A. Black – Th. W. Hudgins, “Jesus on Anger (Matt 5,22a): A History of Recent Scholarship, 91-104
• F. Camacho, “El relato de la curación del paralítico en Marcos (2,1-12) 105-126
• P. Danove, Mark 1,1-15 as Introduction to Characterization, 127-148
• Ch. B. Amphoux, “La place de l’épisode de la Femme adultère” (Jn 7,53-8,11) 140-166.
• W. Hendriks, “Gefäße die des Töpfers Zuneigung wecken. Bemerkungen zu Römer 9,1-5 und 22-26”, 167-190
• A. Piñero, “Reino/ Reinado de Dios según Pablo de Tarso”, 217-238.
• P. Coutsoumpos, “Paul’s Understanding of the Mosaic Law”, 239-252.
• I. Ramelli, “Tit 2:2-4 and a Patristic Interpretation”, 281-300.
• R. Ruter, “The Structure of Jude 4-16 and the Meaning of asélgeia in Jude 4”, 301-318.
• V. Ricci, “’Giorno’ o ‘tribunale del Signore’ in Ap 1,10?” 319-336

Mi artículo aparecerá, debidamente retocado y resumido en la “Guía para entender a Pablo de Tarso. Una Introducción al pensamiento paulino” de Editorial Trotta que aparecerá presumiblemente a lo largo de este año.

Comento unas pocas cosas referidos al artículo de W. Hendriks, que es menos accesible al público español. Es interesante este breve trabajo porque ayuda a comprender pasajes difíciles del Nuevo Testamento reflexionando sobre ellos desde el punto de vista de la sintaxis, semántica y la estructura de las frases. Antes de abordar los dos pasajes de Romanos aducidos en el título, pone el autor otros ejemplos de las llamadas “cruces de los intérpretes” en el Nuevo Testamento, es decir, pasajes difíciles de editar, entender y de traducir.

• Por ejemplo, Lc 12,15 (aquel de los lectores que sepa griego y tenga el Nuevo Testamento en esta lengua debe echarle una ojeada a la frase), versículo traducido de múltiples maneras. He aquí la versión de la Biblia de Jerusalén:

“Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.»”


El vers. tiene un sentido relativamente sencillo si se considera que el verbo perisseúo tiene un sentido activo, es decir, “vivir en la abundancia, de las rentas”, y se une al sintagma el tôn huparchónton autôi,, "de sus propiedades", el versículo queda más claro y debe entenderse así (parafraseando): “El sentido de la existencia de un ser humano no radica en una vida superabundante por sus bienes” =, más literal “La vida de uno no se halla en la superabundancia a causa de sus posesiones”. La versión de la Biblia de Jerusalén más moderna reza: “«Guardaos muy bien de toda codicia, porque las riquezas no garantizan la vida de un hombre, por muchas que tenga”. La traducción de Juan Mateos es: “Aunque uno ande sobrado, la vida no depende de los bienes.”

• En Gálatas 1,15-17

cy[15 Pero cuando le pareció bien [a Dios] a aquel --el que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, 16 para revelar en mí a su Hijo, para que lo evangelizase entre los gentiles-- al punto (griego euthéos), sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre, 17 no subí a Jerusalén donde los apóstoles anteriores a mí, sino que fui a Arabia, y de nuevo volví a Damasco,
]cy
no debe entenderse el adverbio euthéos como temporal (“de inmediato”), sino como adverbio de cualidad (“con razón”; “oportunamente”), porque el cambio de lugar de una negación en griego no es intrascendente, sino que modifica el sentido, que resultaría así:

“…para que lo evangelizase entre los gentiles-- sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre con toda la razón (euthéos), 17 no subí a Jerusalén…”.

Este cambio aclara algo, pero la frase resulta muy retorcida en griego de cualquier modo.

• En Rom 9,5b hay un problema serio de traducción y de intelección. Para mejor captarlo presento la traducción desde el vers. 1:

1 Digo la verdad en Cristo, no miento, mi conciencia lo atestigua en el Espíritu Santo: 2 tengo una gran tristeza y un dolor incesante en el corazón. 3 Pues desearía ser yo mismo anatema, separado de Cristo, por mis hermanos, los de mi raza según la carne, 4 los israelitas, de los cuales es la filiación, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas, 5 de donde vienen los patriarcas, de los cuales también procede el Mesías según la carne. El cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén.

Téngase en cuenta que el punto en el v. 5 es propio de las ediciones modernas. En los manuscritos antiguos no aparece. Y en algunos casos, en los manuscritos unciales que están escritos en mayúsculas TODASLASPALABRASAPARECENUNIDAS ENTRESSÍSINSEPARACIÓNALGUNA.

Posibles interpretaciones:

A. Si se lee el v. 5 seguido (suprímase el punto = “de donde vienen los patriarcas, de los cuales también procede el Mesías según la carne, el cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén”, parece muy claro que Pablo está llamando “Dios” al Mesías. Y esa expresión sería absolutamente única en Pablo, pues siempre lo denomina “hijo de Dios”. Tendríamos entonces casi una afirmación “trinitaria” en el Apóstol.

B. La mayoría de los intérpretes hoy está en contra; sitúa el punto entre “según la carne.” y “El cual está por encima…”. En este caso el Mesías es un ser humano y la alabanza va dirigida al Dios de Israel. La frase completa quedaría así:

de donde vienen los patriarcas, de los cuales también procede el Mesías según la carne. El cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén

Por si fuera poco, en los comentarios al pasaje encontramos otras dos interpretaciones más y una conjetura:

C.

de los cuales también procede el Mesías según la carne. El que está por encima de todas las cosas, Dios, sea bendito por los siglos. Amén.

D.

de los cuales también procede el Mesías según la carne, que está por encima de todas las cosas. Dios sea bendito por los siglos. Amén.


E. La conjetura, que procede del famoso Jacob Wettstein, siglo XVIII, lee:

cy[de los cuales (los israelitas) también procede el Mesías según la carne, de los cuales [referido a los israelitas] (es) el que está por encima de todas las cosas. Dios (sea) bendito por los siglos. Amén.
]cy
Esta conjetura es muy brillante y enmienda muy poco el texto griego (solo cambia el orden de dos palabras y los acentos)…, pero como se trata de una conjetura y no está en los manuscritos, nadie la imprime.

¿En qué quedamos?

Hendricks se inclina por la solución B.

Razones:

1. Pablo jamás llama directamente “Dios” a Jesús Mesías, sino “hijo de Dios”

2. La expresión “sea bendito”, referida a Dios aparece en Pablo en un contexto del que se habla de verdad y de mentira. Así, por ejemplo, en Rom 1,25:

quienes (los paganos) cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del al Creador, que es bendito por los siglos. Amén.

3. Pablo está dictando y su pensamiento da frecuentes “saltos”. Por tanto no es imposible que la frase

El cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén

se refiera no a lo que inmediatamente antecede (“el Mesías según la carne”)), sino al pensamiento expresado en el v. 1: “1 Digo la verdad en Cristo, no miento,” , mi conciencia lo atestigua en el Espíritu santo, es decir en Dios… (Aquí vendrían los vv. 2-4)… El cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén”.

4. Una comparación con otro texto paulino confirma esta perspectiva: 2 Cor 11,31:

El Dios y Padre del Señor Jesús sabe que no miento; ¡Bendito sea por todos los siglos!


• Por último en Rom 9,22-23 tenemos otro caso interesante de nueva interpretación. He aquí el texto que voy a traducir de la manera más literal posible, con su contexto (vv. 21 a 24):

O ¿no tiene poder el alfarero de hacer de una misma masa una vasija para usos honrosos y otras para usos deshonrosos? (lit. “para honra y deshonra”) 22 Pues bien, ¿Y si Dios, queriendo manifestar su ira y dar a conocer su poder, soportó (griego; énenken, del verbo féro, llevar”) con gran paciencia objetos de ira dispuestos para la perdición 23 a fin de mostrar la riqueza de su gloria sobre (griego epi) los objetos de misericordia que de antemano había preparado para gloria… 24 A nosotros, a los que llamó no sólo de entre los judíos sino también de entre los gentiles?

Como puede verse, el texto dista mucho de ser liso y claro. Ya Orígenes, nos dice Hendricks, había mostrado su extrañeza ante esta frase y procuró arreglarla eliminando del “Y si” del inicio del vers. 22.

Hendricks nota que la traducción “soportó” se basa en la Vulgata latina = “sustinuit” () siglo IV) y argumenta que ya san Agustín, que se basó en una traducción anterior, la Vetus o Antigua Latina (siglo II) había traducido diferentemente : “deus attulit (de adfero, “llevar algo a” cambiar en” en vez des sustinuit del verbo sustineo, “sostener”)… vasa irae… in vasa misericordiae” = “Dios cambió objetos/vasos cerámicos de ira en objetos de misericordia”. Entonce propone seguir esta idea y traducir:

¿Y si Dios, queriendo manifestar su ira y dar a conocer su poder, cambió (griego; énenken, del verbo féro, llevar” al que une con la preposición epí, “sobre”, que traduce como “en” = “cambiar en”) con gran paciencia objetos de ira dispuestos para la perdición 23 a fin de mostrar la riqueza de su gloria, en (griego epí) objetos de misericordia que de antemano había preparado para gloria… 24 A nosotros, a los que llamó no sólo de entre los judíos sino también de entre los gentiles?

Por tanto: Dios, el alfarero celestial, para manifestar su gloria, cambió objetos preparados para ser rotos porque eran inservibles en objetos que de antemano había preparado para la gloria.

Me parece una sugerencia interesante aunque tiene en su contra que énenken epí (= en 1ª persona singular del presente de indicativo férô epí) en ningún diccionario aparece con el significado de “cambiar en”… Pero es muy posible que este modo de entender esta difícil frase sea la correcto

Y una apostilla: hay por ahí gente que dice que todas las cartas de Pablo son una falsificación tardía… Respondo irónicamente: el falsificador hubo de ser un genio, porque escribió siete cartas (1 Tesalonicenses Gálatas 1 2 Corintios Filipenses Filemón y Romanos) con el mismo estilo y con una más que notable cantidad de dificultades e incorrecciones. Ya dispuesto a falsificar, ¿no le habría sido más sencillo escribir cartas en un griego más inteligible? Por tanto, creo que la hipótesis de la falsificación es absurda… Y desde luego tuvo que haber falsificado en una época muy temprana, antes de la composición de 2 Pedro (¿hacia el 120?) donde ya se dice que Pablo tiene frases que no hay quien las entienda (= griego dysnóeta: 2 Pe 3,15-16).


Hay muchas más cosas interesantes en este libro homenaje al Prof. Jesús Peláez. Pero para muestra basta un botón.

Quisiera, por último ponderar la tarea editorial de los Drs. L. Roig Lanzillota e Israel Muñoz Gallarte. En apariencia la labor de edición parece fácil, pero en la práctica es tarea titánica. Concebir la idea de un “Homenaje”, pedir las colaboraciones, contactar con todos los autores, establecer unas normas de edición, unificar los textos de las colaboraciones, controlar citas, corregir gazapos de estilo y contenido, amonestar amistosamente a los morosos, confeccionar índices, releer dos o tres veces galeradas, y establecer un sinfín de contactos y correos electrónicos con los autores de los diferentes capítulos es, como pueden observar por este enumeración incompleta, una labor de héroe anónimo. Así que mi elogio sincero para ellos. Y aviso a los lectores de que el “Homenaje” aún no ha terminado. Pues falta un segundo volumen de colaboraciones que reseñaremos en su momento.

En síntesis: enhorabuena al Prof. Peláez que ha sabido concitar entre sus discípulos y colaboradores un ánimo concorde para realizar la tarea de publicar estos dos volúmenes en agradecimiento a lo que él ha hecho por ellos, y a estos colabores felicitarlos porque han cumplido la máxima de nuestros abuelos: “De bien nacidos es estar agradecidos”.


Saludos cordiales de Antonio Piñero.
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com
Domingo, 19 de Enero 2014
Griegos, judíos y cristianos. homenaje al Profesor Dr. Jesús Peláez
Hoy escribe Antonio Piñero



El libro que comentamos es el primer volumen de un doble homenaje al Profesor Dr. Jesús Peláez del Rosal que hace un año, más o menos, se acaba de jubilar como catedrático de Filología Griega en la Universidad de Córdoba. Se trata de una obra colectiva que contiene 22 artículos de un grupo de estudiosos internacionales, colegas o discípulos. Están todos referidos a los campos de estudio, docencia e investigación del Porf. Peláez durante más de dos décadas como profesor de lengua griega, con especial acento en el judaísmo tanto antes de la era cristiana como posterior, el Nuevo Testamento y el cristianismo primitivo.

He aquí la ficha del libro: L. Roig Lanzillota-Ismael Muñoz Gallarte (eds.), Greek, Jews, and Christians. Historical, Religious and Philological Studies in Honor of Jesús Peláez del Rosal. Ediciones El Almendro, Córdoba 2013. ISBN: 978-84-8005-2012-2, 548 pp. Con bibliografía del Dr. Peláez, bibliografía general tomada de los artículos ofrecidos e índice de referencias bíblicas. Las diversas aportaciones están escritas en las mismas cinco lenguas que admite la Revista.

Antes de hacer un comentario, trataré de la obra del Dr. Peláez, que puede resumirse como novedosa en España y puede dividirse en tres ámbitos:

A. Fundó la revista internacional Filología Neotestamentaria en 1988, que sigue su andadura semestral hasta el día de hoy. Sus artículos publicados en cinco lenguas: español, inglés, francés, alemán e italiano son de gran altura. No publica nada que no haya sido sometido previamente al examen y dictamen de expertos. Una prueba de su calidad es la siguiente: ciertas revistas muy importantes de temas en torno al Nuevo Testamento suelen tener al final una breve reseña, o elenco de artículos interesantes aparecidos en otras revistas. La más que prestigiosa Zeitschrift für das Neue Testament, suele hacerse eco con regularidad de lo que publica Filología Neotestamentaria.

Desde 1988 hasta 2003, he colaborado intensamente con Filología Neotestamentaria publicando en inglés un “New Testament Philological Bulletin”, semestral, donde recogía en un resumen no superior a las diez o quince líneas y una brevísima valoración de los artículos y libros que acababan de aparecer en el ámbito de la filología del Nuevo Testamento: desde crítica textual e historia del texto hasta trabajos sobre morfología, sintaxis, transfondo hebreo o arameo del Nuevo Testamento, estudios literarios o de retórica y temas y problemas de traducción. En ese año de 2003 la tarea fue encomendada y continuada por un poco de tiempo al Dr. Roig Lanzillota. Este cesó en su trabajo al ser nombrado Associate Professor of New Testament and Early Christian Studies en la Universidad de Groningen, Holanda. Luego no ha habido continuadores para esta tarea informativa y crítica.

B.El segundo ámbito de trabajo del Prof. Peláez ha sido el de la lexicografía del Nuevo Testamento. El Dr. Peláez recogió del fallecido Profesor del Instituto Oriental de Roma, Dr. Juan Mateos la idea de redactar el primer diccionario, monumental además, Griego-Español del Nuevo Testamento, basado en el análisis semántico de los vocablos tras las pautas de Taber, Nida, Mateos y el mismo Peláez. Sin embargo, la base principal ideológica de este diccionario ya en marcha es la obra de Juan Mateos, Método de análisis semántico aplicado al griego del Nuevo Testamento, El Almendro, Córdoba 1989. Esta metodología fue desarrollada y perfeccionada por el Prof. Peláez, cuyos frutos expuso en su libro Metodología del Diccionario Griego-Español del Nuevo Testamento, El Almendro, Córdoba, 1996.

Sobre la base metodológica de esta dos obras y la de los dos filólogos y traductores norteamericanos (Eugine Nida ha fallecido ya) se basa la tarea de un grupo de investigadores, creado también por el Prof. Peláez, cuyo nombre es: “Grupo de análisis semántico de Córdoba” (GASCO). La publicación de este diccionario es una obra magna que llevará aún muchos años (y yo me he hecho eco de ella en comentarios, muy positivos en este Blog). Hasta el momento han aparecido los siguientes volúmenes: I-V desde el 2000 al 2012 y si no me equivoco aún no está completada la letra Delta. Esta obra, cuando se culmine, marcará los estudios de lexicografía del Nuevo Testamento con su impronta dentro y fuera de España durante años.

C. El tercer ámbito de trabajo del Prof. Peláez, relacionado íntimamente con los temas de los artículos coleccionados en su libro-homenaje que posteriormente comentaremos, es el de editor de libro. El Prof. Peláez refundo una vieja editorial familiar, El Almendro, y la dotó con arduo esfuerzo de medios, como vehículo editorial de libros sobre Filología del Nuevo Testamento, y los mencionados revista Filología del Nuevo Testamento y el Diccionario Griego-Español del Nuevo Testamento. El ámbito de la editorial es amplio pero siempre gira sobre la ciencia filológica, histórica, exegética del cristianismo primitivo, al que se añade otro campo muy relacionado con la ciudad de Córdoba: el estudio del islam.

El Almendro publica libros en cinco series dedicadas al estudio de textos del cristianismo primitivo y de la Biblia judía, y siete series, de libros de menor entidad de páginas, dedicados a rescatar la historia y la vida , cultura, etc., de judíos y musulmanes en España, sobre todo andalusíes. Yo aconsejaría a los lectores, como paso previo al comentario a algunos de los trabajos del libro que ahora estoy presentando visitar la página web de El Almendro, para informarse con más detalles del que puede ofrecer esta breve postal.

Y ahora nos centramos en el libro que comentamos. El primer capítulo, o artículo, que ha atraído mi atención es del ámbito del Antiguo Testamento. Su autor Florentino García Martínez, el conocido editor y traductor de los textos de Qumrán en la editorial Trotta, ha escrito sobre “La geografía como teología: del Libro de los Jubileos al Phaleg de Arias Montano”, pp. 29-48. Esta artículo contrasta las más antiguas interpretaciones del cap. 10 del Génesis (cuyo tema trata de los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, el reparto de las tierras y los nombres de las naciones según los lotes asignados a tales hijos) en el Libro de los Jubileos (Apócrifos del Antiguo Testamento, Cristiandad Madrid, vol. II, 1983, 67-196) y el Génesis Apócrifo (una composición aramea de la cueva 1 de Qumran, con la relectura del Gn por Flavio Josefo en sus Antigüedades Judías; la traducción del cap. en el Targum Neofiti 1 (publicado por A. Díez Macho en VI volúmenes por el Consejo Sup. de Investigaciones Científicas de Madrid = CSIC: el tomo I, Génesis es de 1968), y el Phaleg del sevillano Arias Montano, Phaleg sive de gentium sedibus primis, orbisque terrae situ (“Los primeros asentamientos de las naciones y su lugar en el orbe de la tierra”), Plantino, Antverpiae, (Amberes: Antwerpen) de 1572.

Naturalmente el lector dirá a qué viene mi interés. El misterio es sencillo: en la investigación de Pablo se ha sugerido que el deseo de visitar España, manifestado por el Apóstol en Rom 15,2324:

« 23 Mas ahora, no teniendo ya lugar en estas regiones, y deseando vivamente ir donde vosotros desde hace muchos años, 24 cuando vaya para España… Pues espero veros al pasar, y ser provisto de viático por vosotros hacia allá, si antes disfruto un poco de vosotros. »

se explica porque en Gn 10,4, entre los hijos de Jafet se halla Javán, y entre los hijos de éste aparece Tarsis = Tartessos, por tanto, tierra de Jafet. En las Antigüedades de los judíos de F. Josefo, I 122 este Tarsis está interpretado como Cádiz. Presento ahora la traducción de García Martínez (p. 33) con sus aclaraciones

« En efecto, Jafet, hijo de Noé, tuvo siete hijos. Estos empezaron por habitar tierras desde los montes Tauro y Amano, para llegar en Asia hasta el río Tanais (el Don actual, considerado en la antigüedad como la frontera entre Asia y Europa), y en Europa hasta Cádiz (griego: heos Gadeíron), ocupando las tierras que encontraban a su paso, y como nadie había habitado antes estos lugares, designaron a esos pueblos con sus propios nombres.
 »

Creo que esta sugerencia es correcta. Pablo quiere llegar naturalmente hasta el extremo de la tierra… pero por Occidente, no por Oriente, en su predicación del Evangelio. Mas por otro lado, se ha deseado también explicar que la localización de los lugares evangelizados por Pablo, Judea, Chipre, Asia Menor, el Ilírico (la zona desde el Adriático hasta el Danubio = los Balcanes más o menos), Roma… se aclara por el mismo capítulo 10 del Génesis que daría a Pablo una idea de orientarse sobre todo hacia occidente. Y esto no lo veo claro en absoluto puesto que se nombran ahí, en el Génesis, toda suerte de naciones o pueblos divididas en tres grandes continentes, como se creían que existía en la época: Europa, África, Asia, rodeados todos por el gran Océano.

Probablemente no sabremos nunca (salvo la explicación de que operaba por el soplo / impulso indescifrable del Espíritu) qué movió a Pablo a emprender su “loca” y ambiciosa carrera apostólica en la que desde luego no pudo evangelizar a “todos los pueblos”. Ciertamente no a aquellos que ignoraban el griego, porque no hay en sus cartas el menor indicio. Probablemente pensó Pablo que los gentiles a los que predicaba la buena noticia de Jesús eran representativos de todos los pueblos. Quiero decir con ello que “todos” no significa “todo” en Pablo, ni en la mayoría de nosotros.

Seguiremos.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.
Universidad Complutense de Madrid
www.antoniopinero.com


NOTA

Cuando hace unos meses (exactamente el 17 de febrero de 2013) publicó el Prof. Carlos A. Segovia en este Blog una breve reseña sobre los orígenes del islam , recuerdo que algunos lectores se mostraron interesados y deseosos de saber más.

Por tanto presento ahora dos enlaces (el de un artículo del Profesor Segovia sobre el estudio de los orígenes del islam, publicado ya por RevistadeLibros y el del lema, o voz, enciclopédica sobre la evolución del islam desde mediados del s. XIX hasta nuestros días que ha preparado el Prof. Segovia para 4 Enoch, ya terminada también) que creo que son oportunos para información de su contenido a los lectores:

http://www.revistadelibros.com/articulos/del-simulacro-al-laberintolos-origenes-del-coran

http://www.4enoch.org/wiki3/index.php?title=Early_Islamic_Studies






Jueves, 16 de Enero 2014

Notas

Hoy escribe Fernando Bermejo

Entre los argumentos esgrimidos en favor de un texto original “neutral” de Josefo sobre Jesús está el referido al pasaje de este sobre Juan el Bautista en Antigüedades Judías XVIII 116-119. Este pasaje –considerado casi unánimemente auténtico– es juzgado generalmente positivo hacia el Bautista. Según el argumento, el hecho de que el pasaje sobre el Bautista rezume cierta simpatía, por no decir admiración, hacia él, significa que el texto paralelo sobre Jesús no puede considerarse negativo. (Este argumento aparece en no pocos estudiosos, como R. Dubarle, G. Theissen y A. Merz, R. Van Voorst, etc.)

La comparación parece a primera vista justificada, en especial dados los numerosísimos paralelos fenomenológicos entre los dos predicadores palestinos (que hemos tenido ocasión de señalar hace tiempo en este blog y en publicaciones especializadas; el lector interesado puede consultar ahora el reciente artículo de F. Bermejo, “Why is John the Baptist used as a Foil for Jesus? Leaps of Faith and Oblique Anti-Judaism in Contemporary Scholarship”, Journal for the Study of the Historical Jesus 11 (2013), pp. 170-196). Una mirada más detenida, no obstante, hace pensar algo muy distinto.

Por una parte, es más que dudoso que los relatos sobre Juan y Jesús en la obra de Josefo puedan ser juzgados como “paralelos”. La noticia sobre el Bautista no está literaria y teológicamente relacionada con la que hay sobre Jesús, que aparece en otro lugar (anterior) del libro XVIII y en la que falta toda referencia a Juan. Aunque de ambos predicadores se dice que atrajeron numerosos seguidores con su enseñanza, las descripciones de Josefo no evidencian muchas más coincidencias relevantes entre ellos.

Por otra parte, hay varias diferencias entre los respectivos destinos de Jesús y el Bautista –y en su tratamiento por parte de Josefo– que nos impiden extraer inferencias apresuradas. Josefo indica que Juan fue decapitado a causa de las sospechas de Herodes Antipas, porque el tetrarca temía que los discursos de aquel podrían incitar instintos sediciosos en las multitudes (Josefo usa el término “stásis”). Nótese, por cierto, una curiosa coincidencia con respecto al relato de la ejecución de Santiago el hermano de Jesús a manos del sumo sacerdote Anás en Ant XX 200: en ambos casos, la ejecución se atribuye al comportamiento de una autoridad judía aislada. Además, en la sección dedicada al Bautista, Josefo reitera el tema de que los judíos pensaban que la destrucción del ejército de Herodes a manos del rey nabateo Aretas había sido un castigo divino infligido al gobernante para vengar su asesinato de Juan. El hecho de que este sea descrito como “bueno” y que se diga que se creía que Antipas había sido castigado justamente enfatiza si cabe la impresión de que el tetrarca había cometido una arbitrariedad injustificada al eliminar a Juan. En otras palabras, Josefo da a entender que la decapitación de Juan el Bautista podría ser atribuida plausiblemente a la paranoia o la hipocondría de Antipas.

Por el contrario, no existen indicios de que Josefo haya hecho una interpretación similar, in bonam partem para la víctima, en relación con la muerte de Jesús. El Testimonium Flavianum (tanto en el textus receptus como en el texto reconstruido habitualmente por la aplastante mayoría) dice claramente que Jesús fue crucificado por Pilato. Ahora bien, el antiguo comandante en la Guerra Judía sabía muy bien que en la Judea del s. I los romanos solo crucificaban a los rebeldes contra el Imperio o a los considerados sus simpatizantes. Además (como hemos visto en algún otro post) el texto deja entrever la existencia de pretensiones mesiánicas por parte de Jesús –o al menos la atribución a este, por parte de sus discípulos, de tales pretensiones.

Además, si –siguiendo la opinión mayoritaria– concluimos que la referencia a la “denuncia” de Jesús ante Pilato por parte de las autoridades judías es genuina, resulta, que a diferencia de lo sucedido al Bautista (y a Santiago), según Josefo lo ocurrido a Jesús no fue el resultado de la decisión aislada de un solo individuo. Independientemente del valor histórico de este detalle, lo importante aquí es que lo ocurrido a Jesús no es presentado como el resultado de la decisión (arbitraria) de un hombre aislado, sino de una colectividad de autoridades (judía y romana). Ahora bien, no encontramos en Josefo el menor indicio de crítica a tal decisión.

La conclusión que puede extraerse de lo anterior es que un argumento sacado de la existencia de un presunto paralelismo entre los pasajes de Josefo dedicados a Jesús y Juan el Bautista carece de base. Del hecho de que el historiador judío haya manifestado cierta simpatía hacia Juan no puede extraerse ningún corolario relativo a una postura semejante hacia Jesús: Josefo no parece haber considerado las ejecuciones de estos dos predicadores en modo alguno como equivalentes.

Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Miércoles, 15 de Enero 2014
Literatura Pseudo Clementina. Las Homilías griegas.
Hoy escribe Gonzalo Del Cerro

Homilía III

La ignorancia es la causa de los errores

Sigue el debate entre Pedro y Simón Mago acerca del concepto de Dios a lo largo de la Homilía III. Y Pedro insiste en una constante de su doctrina y su predicación cuando reitera la idea de que la ignorancia es la causa de los errores que comete la humanidad. Frente al convencimiento de que la verdad, su búsqueda y posesión es la solución de todos los problemas, la ignorancia es su situación antagónica. Acababa Pedro de afirmar que el Profeta de la verdad es el criterio correcto para un acierto cósmico.

“La ignorancia es la causa de todos los males” (III 12,1). Por esta razón la estrategia del demonio se apoya en la defensa y apoyo de la ignorancia de los mortales. Oculta el hecho de que la ignorancia por sí misma es causa de la ruina. Engaña cuando sugiere que la ignorancia excusa del error. Pues con ella pasa lo mismo que con el veneno. El que toma un veneno letal perece aunque ignore que ese veneno causa la muerte. Pedro repite la idea con insistencia para que el pecador conozca las consecuencias de su pecado “Los pecados, dice Pedro, destruyen naturalmente al pecador aunque haga por ignorancia lo que no es debido” (III 12,3).

El mayor pecado de todos es la idolatría

La serpiente sugiere que la ignorancia pude ser una excusa válida para la actitud del pecador. Tanto más cuanto que algunos tratan de ignorar como recurso a su vida incorrecta. Ese gesto es, por el contrario, una razón más para que su castigo sea mayor. Pedro concluye claramente que “como insensible, desagradecido y como siervo muy indigno, será apartado del reino de Dios” (III 13,3). El error mayor de todos es sin duda la idolatría o el politeísmo. Es siempre el mayor reproche que la Escritura dirige al pueblo elegido.

El demonio pretende engañar a los hombres con una estrategia llena de ideas tentadoras. Estas son las palabras que Pedro pone en boca de la serpiente: “Nosotros también sabemos que existe un solo Dios, el Señor de todos, pero éstos también son dioses” (III 14,1). Como si fuera compatible la existencia de un solo Dios con la de otros dioses, tal como algunos prefieren ver en la letra de las Escrituras.

Semejanza del caso de Dios con el del César

Compara Pedro el caso de Dios con el del César, que, siendo único, tiene multitud de servidores con su autoridad subordinada, pero al margen de la autoridad suprema del César único. Los cónsules, tribunos, gobernadores son lo que son por concesión del César y con potestades de encargo. El apóstol califica tal doctrina como “terrible veneno”, ya que mezcla la verdad de la existencia de Dios, único y creador, con la de otros dioses que son objeto de veneración y culto de parte de los politeístas.

En consecuencia, el politeísmo es un ultraje del Dios único. Pues de la misma manera que no es lícito llamar “césares” a los servidores del César único, tampoco es correcto ni lógico denominar “dioses” a los que no son otra cosas que obra de las manos de los hombres. La Escritura dirá de ellos que “tienen ojos y no ven, oídos y no oyen…” Es, pues, difícil esperar la salvación de quienes no pueden ni siquiera salvarse a sí mismos.

Necedad de la idolatría

La necedad de la idolatría queda al descubierto cuando se consideran las religiones que admiten toda clase de dioses, como es el caso de Egipto: “Por ejemplo, vuestros maestros egipcios, los que se glorían sobre la meteorología y prometen distinguir las naturalezas de las estrellas, por la mala opinión que se oculta en su interior, sometieron ese nombre a toda clase de deshonor. Pues algunos de ellos enseñaron que se debía dar culto a un buey llamado Apis, otros a un macho cabrío, otros a un gato, otros a una serpiente, incluso a un pez, a cebollas, a flatulencias gástricas, a cloacas, a miembros de animales irracionales y a otros millares de abominaciones absurdas totalmente vergonzosas” (III 16,1-2).

Las palabras de Pedro debieron de provocar la lógica hilaridad entre sus oyentes. Pero reaccionó echando en cara a los sonrientes de sus oyentes errores igualmente dignos de risa y merecedores de reproche. Los mismos egipcios, objeto de las risas de los oyentes de Pedro, aceptaban las discrepancias del auditorio de Pedro, pero presentaban sus razones a manera de excusa en detalles que hacían reprensibles a los divertidos oyentes. Nosotros, dicen los egipcios, “aunque adoramos a animales mortales, pero al menos han vivido alguna vez; pero vosotros dais culto a cosas que nunca han vivido” (III 17,3).

Esta diferencia nos lleva a la idea repetida de que la verdad es una sola y tiene un solo camino, mientras que la mentira es múltiple y a ella se accede por caminos diversos. Lo que explica la pluralidad de formas de culto y hasta de dioses en las diferentes culturas. Lo que en unas es ridículo, en otras tiene carácter de sagrado.

Saludos cordiales. Gonzalo Del Cerro






Lunes, 13 de Enero 2014

Notas

Hoy escribe Fernando Bermejo

Otro de los argumentos utilizados por los numerosos defensores (y, sobre todo, reiteradores) de la idea de que el original del Testimonium Flavianum (TF) era un texto “neutral” hacia Jesús se basa en la versión de ese texto contenida en el texto en árabe Kitab al-Unwan (Libro de los encabezamientos o Historia Universal) de Agapio, obispo melquita de Hierápolis en el s. X. La obra de Agapio contiene una versión que, a diferencia del textus receptus, no contiene las frases más favorables (presuntamente creaciones cristianas) acerca de Jesús –matiza de manera dubitativa el estatus mesiánico de Jesús, hace de la aparición post mortem de Jesús una noticia dada meramente por sus discípulos, etc. Por ello es utilizada como si fuera un testimonio independiente para una reconstrucción de un TF originalmente neutral.

Esta pretensión asume la idea del editor moderno del texto, el historiador israelí Shlomo Pines. Este pensó que la versión de Agapio era más cercana al original que cualquier otra recensión conservada del texto, como por ejemplo la del cronista del s. XII Miguel el Sirio (otro texto sobre el que Pines llamó la atención de los estudiosos modernos). Ahora bien, Pines estaba convencido de ello porque pensaba que era “inconcebible” que un obispo como Agapio hubiera “debilitado” las referencias a las extraordinarios cualidades y acciones de Jesús mencionadas al comienzo del texto.

El primer problema con este razonamiento es que hay otras explicaciones para la “sobria” versión de Agapio. Por ejemplo, Ernst Bammel argumentó que algunas de sus características podrían deberse al hecho de que ese texto apareció en un contexto musulmán y en el marco de debates cristiano-musulmanes. También se ha llamado la atención (K. Olson) sobre la escasa fiabilidad de las noticias proporcionadas por Agapio en el texto que precede y sigue a la versión del Testimonium, lo que no inspira confianza sobre este pasaje. Se ha conjeturado incluso (Pierre Geoltrain) que la discreción del pasaje podría reflejar el intento de evitar la apariencia de una burda falsificación a manos cristianas.

En realidad, hay ya algún elemento del texto de Agapio que suena francamente sospechoso. Por ejemplo, la frase “este era el Cristo” aparece en la versión árabe como “este era quizás el Cristo”. En boca de Josefo, y tal como han señalado diversos estudiosos (Morton Smith, Claudia Setzer, etc.), una frase como esta es un sinsentido desde cualquier punto de vista.

Pero hay un análisis de la versión árabe que proporciona una aproximación más contundente a ella. Se ha mostrado ha mostrado que Agapio depende de crónicas siríacas anteriores. Más concretamente Alice Whealey, una reconocida especialista en el texto y en la historia de su interpretación, ha argumentado que el texto de Agapio (al igual que el de Miguel el Sirio) deriva de la traducción siríaca de la Historia Ecclesiastica de Eusebio. Whealey le ha dado la vuelta al argumento de Shlomo Pines al defender que, a diferencia de la versión de Miguel el Sirio, el pasaje de Agapio es una paráfrasis libre (repitámoslo: en árabe) del Testimonio, de modo que la versión siríaca de Miguel es mucho más importante como un testimonio al texto original de Josefo que el texto árabe. Además, esta estudiosa ha argumentado de manera convincente que algunos aspectos del texto de Agapio que parecen más “neutrales” y menos “cristianos” que el textus receptus de las Antigüedades Judías de Josefo pueden ser explicados como simples errores de transmisión del texto original siríaco.

Si este análisis es correcto, representa un ulterior mentís a la pretensión de que el texto de Agapio corrobora una reconstrucción neutral, y otro de los argumentos a favor de una reconstrucción de tal naturaleza se deshace.

Saludos cordiales y Feliz 2014, de Fernando Bermejo
Sábado, 11 de Enero 2014
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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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