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Escribe Antonio Piñero
Seguimos comentando el libro de R. Armengol, en la parte que afecta a su opinión sobre Jesús de Nazaret. Escribe Armengol: La ideología teológica y moral de las iglesias cristianas contiene al menos tres capas, tres ideologías superpuestas no siempre acordes entre sí. Primero, la ideología originaria de Jesús, segundo, la del Apóstol Pablo, que en parte se opone a la de Jesús y en tercer lugar la ideología creada, al menos desde el Concilio de Nicea en 325, por el magisterio de las iglesias cristianas a lo largo de su historia. Agustín de Hipona, Tomás de Aquino y otros teólogos contribuyeron a edificar una ideología religiosa eclesial que contradice la primigenia de Jesús. Esta ideología eclesial superpuesta a las dos anteriores permite y alienta el poder temporal de la iglesia y justificó la violencia. Se hace evidente que una doctrina violenta no es la de Jesús y que la doctrina eclesial, especialmente en los siglos XVI y XVII, en alguna medida guiada por Santo Tomás, adquirió la primacía, derrotó y suplantó la ideología originaria. ¿No fue Jesús quien acorde en gran parte con la teología judía que nunca reprobó en su totalidad recomendaba el perdón y el auxilio al enemigo y al que andaba errado? Comentario: Me centro en que Jesús “no tiene una doctrina violenta”. La primera idea a comentar es A) Jesús y la violencia; y la segunda B) Jesús y el amor a los enemigos A) Jesús y la violencia Atención, traté este tema hace poco, en “Compartir” de 7 de abril de 2016. Por ello ahora resumo lo más brevemente posible: elimino algunas cosas y añado otras. Indico de nuevo que quien esté interesado puede encontrar el texto completo en mi ensayo “Jesús y la política de su tiempo” (Apéndice a la novela de E. Ruiz Barrachina, “El Discípulo”, de Ediciones B, Barcelona 2010, pp. 217-311). Y buena parte de lo que digo aquí lo recojo naturalmente en mi libro, que va por la tercera edición “Ciudadano Jesús” (véase www.ciudadanojesus.com). 1. Me parece totalmente cierto que Jesús no condena expresamente nunca la violencia (al menos moral). Jesús, además, no es solo predicador de la bondadosa misericordia de Dios, sino también el anunciador de la condena inmisericorde de la divinidad, que castiga a los peores males si no se le hace caso. Siempre se habla del amor predicado por Jesús, siempre se le presenta como “manso y humilde de corazón” (Mt 11,29 y 21,5) y se olvida sistemática o unilateralmente que tiene Jesús otras facetas muy duras. Recordemos: - La predicación de Jesús del Reino de Dios implica violencia política, porque debe subvertir el status quo social y político existente - Según Lc 24,21 ( "Nosotros esperábamos que sería él el que iba a liberar a Israel"), los discípulos tenían una idea clara de Jesús como mesías también político y “guerrero”, en el sentido de Gedeón, es decir, con la total ayuda divina, de modo que la lucha final contra los invasores de la tierra de Israel, tierra de Dios y solo de Dios sería llevada a cabo por los ángeles y no por los hombres . Pero lo que importa es la concepción de fondo: los judíos galileos del siglo I jamás podían considerar una liberación de Israel que no implicara sedición del Imperio y alguna clase de guerra. Me explico: La predicación de Jesús del reino de Dios en la tierra de Israel, con sus típicas características de bienes materiales y espirituales que la divinidad habría de conceder en esos tiempos, supone un cambio tal de la situación política y social que no podría conseguirse sin una acción armada con la ayuda de la divinidad. En cualquier caso, los romanos tenían que ser expulsados de la tierra de Israel, propiedad sólo divina, lo que naturalmente no ocurriría sin violencia. - Las furiosísimas diatribas contra los fariseos. Los ejemplos más famosos están el Evangelio de Mateo que quizás exagera las tintas para mostrar al Maestro como un decidido adversario de los fariseos siendo así que probablemente era uno de ellos, la menos sui generis. Véase Mt 23,13-29 y Lc 6,24ss y 11,42ss. Tales fariseos no aceptan sus prédicas contra el reino de Dios - Las gravísimas amenazas contra las ciudades que no han oído su mensaje: condenadas en el inminente Juicio Final (Mt 11,21 y Lc 10,13). - La amenaza general de sentencia condenatoria al fuego eterno a quien, igualmente, no se disponen debidamente por la penitencia que él proclama a aceptar la venida del reino de Dios y a disponerse a entrar en él (Mc 9,43; Mt 18,8; Lc 12,5); - Jesús rodeado de discípulos que no eran precisamente un modelo de benignidad (“Envió Jesús mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no lo recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?»” (Lc 9,52-54).). El nombre arameo de Pedro, Simón Barjonah, ha sido interpretado por diversos investigadores como “Simón, el forajido”, es decir, el celota. Igualmente el sobrenombre de dos de los discípulos predilectos de Jesús, Santiago el Mayor y Juan, como “Boanerges” o “hijos del trueno” (Mc 3,17), alude sin duda a un espíritu celota, más bien agresivo - Jesús jamás condenó la violencia de los celotas o sus principios. En las dos fuentes más antiguas de la tradición sinóptica (el relato de Marcos y el conjunto de dichos atribuidos a Jesús conocido como Fuente Q) no aparece ninguna condena explícita de la violencia. Este argumento ha sido minimizado subrayando que se trata de un puro argumentum ex silentio, es decir, la simple falta de una condena expresa no prueba nada. Pero este silencio de Jesús sobre los celotas y su recurso a la violencia adquiere todo su sentido si se lo compara con la condena dura y sin restricciones de saduceos y fariseos, e incluso con el implícito rechazo por parte de Jesús de los partidarios de Herodes Antipas Mc 3,6; 7,1-8; 8,15; 12,18-27). Por otro lado, esta ausencia se hace también muy destacada si se piensa que el espíritu de los celotas desempeñó una función muy notable en la vida espiritual de la época de Jesús, de la que no podía estar ajeno. Por tanto, es posible ver en este silencio el signo de que el Nazareno había mantenido con estos patriotas algunos lazos…, que –según los evangelistas- no era conveniente divulgar. - Jesús tenía entre sus discípulos un celota al menos, Simón el “cananeo” (Mc 3,18; Mt 10,4; Lc 6,15; Hch 1,13), como discípulo íntimo. Es muy improbable que lo hubiera elegido sin comulgar con su ideología. El apelativo “cananeo” significa “celote” (arameo qanna’), no un “individuo que procede de la ciudad de Caná” como se ha pretendido. Según Brandon, el evangelista Marcos, al emplear el vocablo griego kananaios y no zelotés, intenta conscientemente despistar a sus lectores y ocultar que Jesús había escogido para formar parte del selecto grupo de los Doce a un admirador público de la doctrina celota. Lucas, por su parte, o es menos precavido o no le concede tanta importancia porque las circunstancias de sus lectores son otras: en 6,15 escribe claramente “Simón, el celota” (griego zelotés). Seguiremos comentando el aspecto de Jesús como “sedicioso contra el Imperio”, aunque este aspecto no suponga que Jesús pueda ser calificado estrictamente –en mi opinión– como un “galileo armado” con todas las evocaciones que este sintagma comporta a quien lo lee o escucha. Saludos cordiales de Antonio Piñero Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Sábado, 30 de Abril 2016
Comentarios
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Escribe Antonio Piñero
Comentamos hoy, como anunciamos, lo afecta de este libro a Jesús de Nazaret Sostiene R. Armengol, en el libro cuya ficha presenté ayer: La doctrina moral de Buda y la de Jesús son buenas. Anteriormente me he referido a la Inquisición. En lo relativo a la ideología moral es pertinente preguntarse, ¿cómo es posible que la Iglesia que dice hacer suyo el mensaje de Jesús pudiera organizar aquella bárbara institución? Algunos dirán que la predicación de Jesús fue buena, pero sus ideas no se pueden aplicar. De cualquier modo que sea debe poder observarse que la doctrina que justificaba la Inquisición no era la de Jesús que se hubiera horrorizado de lo que hicieron los que hablaban en su nombre. Mi comentario: La ética de Jesús tiene dos partes generales: una la tomada del Antiguo Testamento y del judaísmo helenístico, que puede aplicarse totalmente. Otra, la ética “interina” destinada para los momentos inmediatamente anteriores a la venida del reino de Dios según Jesús que no puede aplicarse. Y dentro de la primera tiene sin duda unos desarrollos peculiares, como el “amor a los enemigos”, que deben estudiarse de modo particular. Para mi breve comentario tomo notas de mi exposición al respecto en el libro conjunto “Fuentes del cristianismo. Tradiciones primitivas sobre Jesús”, que edité hace ya tiempo. Ediciones El Almendro 1993, con múltiples reediciones, páginas 294-296 Los rasgos de la ética, que desde A. Schweitzer se llamó “interina”, es decir, para los momentos inmediatamente anteriores a la venida del reino de Dios son los siguientes: 1: En primer lugar el desprecio de Jesús casi absoluto por la riqueza y los bienes de este mundo: Esta postura se expresa con claridad en los ataques de Jesús contra los ricos (Lc 16,19-31: parábola del pobre Lázaro y el rico epulón; Lc 18,22-25 y el paralelo de Mt 19,21; las bienaventuranzas: Lc 6,20-21; los ayes contra los ricos de Lc 6,24-26) y el desprecio por las riquezas denotan algo más que un aviso contra los bienes de este mundo como impedimento espiritual (ausencia de disponibilidad) para la recepción del Reino. Cierto que Jesús debió de considerarlos así, también, pero a la vez su alegato contra los ricos y su defensa de los pobres implican una cierta hostilidad contra la dominación social de las clases elevadas sobre las inferiores, desequilibrio que debía ser corregido por Dios cuando implantara su Reino. Recordemos de nuevo el iluminador programa que Lucas pone en labios del futuro Salvador: "Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos despidió sin nada", como canta María en su Magnificat (Lc 1,51-53). La riqueza es opresión para los demás, y Dios vendrá a "juzgar", es decir a liberar a los desvalidos y condenar a los opresores. Es éste, en realidad, un programa revolucionario para las condiciones sociales que debía reinar en la Palestina en la que vivió Jesús, dominada por la bota de Roma. Por si esta consideración fuera poco, el desprecio absoluto de los bienes de este mundo (¡venta!) sólo se entiende en un momento final en el que éstos no son necesarios. Jesús así lo proclama, convencido del inminente final. 2. En segundo lugar, el mensaje de Jesús no exalta en absoluto el valor del trabajo como creatividad necesaria en este mundo. La sentencia recogida en Lc 12,22, aparte de un abandono en manos de la Providencia, como es usualmente interpretada, indica también una orientación de la mente hacia los momentos finales: en ellos hay que ocuparse del Reino, no de los menesteres terrenales. "Dijo a sus discípulos: Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis [...] fijaos en los cuervos que ni siembran ni cosechan; que no tienen ni bodega ni granero, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves!". El comunismo de consumo de bienes que practicó la comunidad primitiva jerusalemita, tal como nos lo transmiten los Hechos (2,42-47; 4,32-35), tuvo su fundamento en los dichos de Jesús que basaban la perfección del discípulo en la venta de sus bienes y la entrega de éstos a los pobres (Lc 18,22; Lc 12,33; 14,33; Mc 10,17-26), esperando -sin trabajar, sólo preocupados de la oración- la venida del Juez. Es impensable para una mente corriente, como puede sin violencia deducirse de los textos aportados, que esta doctrina deba ser aplicada como norma ética duradera en la vida ordinaria. Más bien apunta a unos momentos en los que se esperaba un fin del mundo inmediato, y en los que bastaba para la subsistencia en los pocos días que faltaban el producto de bienes anteriores vendidos a los no creyentes. 3. Un tercer rasgo interesante que apuntala esta concepción de la moral jesuánica como interina, es el poco aprecio por los vínculos familiares que muestran ciertos dichos auténticos de Jesús. En Mc 3,31-35, en un marco redaccional que implica una declaración de carácter general, Jesús indica cuál es el verdadero parentesco en los momentos anteriores de la llegada del Reino: "Éstos son mi madre y mis hermanos: quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre". Hemos considerado ya la dura sentencia de que "los muertos deben enterrar a sus muertos" (Lc 9,60), lo que suponía algo insólito en el ambiente palestino del s.I. Dejar a un fallecido sin enterrar representaba un atentado contra la pureza ritual y un verdadero quebrantamiento de los nexos familiares, aunque sin importancia en esos momentos finales: "Tú vete y anuncia el Reino de Dios" (ibid.). El desligamiento de los vínculos familiares en el seguimiento de Jesús está expresado con mayor claridad aún en Lc 14,15: "Caminaba con él mucha gente y volviéndose les dijo: Si alguno viene donde mí y no odia (es decir, "se desprende", "estima en menos") a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida no puede ser discípulo mío". Y, por último, en Lc 20,34-35 se deja en claro que en el Reino de Dios el matrimonio es inútil: "Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en el otro mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden morir, porque son como ángeles y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección". Es evidente que esta sentencia jesuánica se refiere a los momentos posteriores al final. Pero la contraposición con los "hijos de este mundo", no dispuestos a aceptar la venida del Reino, no es menos evidente, así como que el ideal sería anticipar lo que será luego. Pablo lo ha entendido así en el cap. 7 de su 1ª carta a los Corintios ("No obstante, digo a los no casados y a las viudas: Bien les está quedarse como yo" (v. 8); "Entiendo que, a causa de la inminente necesidad, lo que conviene es quedarse como cada uno está" (v. 26); "Os digo, pues, hermanos: el tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen" (v. 29). Como el lector puede observar fácilmente, estos preceptos, o consejos -que prescinden de los bienes de la tierra, que no exhortan precisamente al trabajo, que no fomentan los lazos familiares- distan mucho de poder ser cumplidos en un mundo que dura y continúa: están evidentemente pensados para el interim, para esos momentos anteriores a la irrupción del Reino, con su cambio total de valores. No pocos comentaristas son de la opinión que esta ética de Jesús no es interina, sino "escatológica", en el sentido de que la "situación del hombre dentro del Reino de Dios no tiene un sello de provisionalidad" . Esto nos parece una distinción de razón y negar la evidencia de los textos mismos, ya que, aunque en el Sermón de la Montaña tales imperativos no aparecen nunca motivados expresamente por el fin del mundo inmediato, sí es claro por todo el contexto de la predicación de Jesús - orientada al inmediato advenimiento del Reino- que estos mandamientos se hallan condicionados justamente por esa situación especial de Jesús y sus oyentes. Fuera de ella son en la práctica, como hemos afirmado, imposibles de cumplir. Y, de hecho, quienes han pretendido llevarlos a cabo al pie de la letra han debido huir del mundo y negar unas realidades que fueron creadas por Dios --según las tesis del Génesis-- como buenas para el común de la humanidad. Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Viernes, 29 de Abril 2016
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625- Jesús de Nazaret y “El mal y la conciencia moral” (I)
Escribe Antonio Piñero Deseo comentar unas páginas de este interesante libro –cuya ficha completa presento abajo– que es una reflexión muy clara, bien argumentada, sintética, sobre la ética en nuestro tiempo y sobre cómo puede encajar en ella la figura de Jesús de Nazaret y las ideas centrales de su sistema moral/ético. Como no es de mi ámbito de trabajo, ni de mi competencia, un comentario al libro entero, que repito me ha interesado mucho personalmente, paso a dar su ficha completa, y un vistazo al índice. Muchas veces pienso que ojear detenidamente un índice bien hecho vale más que cualquier comentario externo. Rogeli Armengol, El mal y la conciencia moral. La fuerza de las ideologías, el respeto, el amor, el odio. Editorial Comte d’Aure, Barcelona 2014. 345 pp. ISBN: 978-84- 15146-70-4. Del índice destaco lo que sigue: Capítulo I.- El bien y el mal El mal que se puede y se debe evitar La dificultad para definir lo que es el bien El bien y la política Capítulo II.- El mal Sobre el mal y su definición El mal, la estupidez y la falta de reflexión. El pensar del estúpido La paradoja de Sócrates: «Nadie es malo voluntariamente» Capítulo III.- En nuestra época es posible una ética basada en el deber de no causar dolor y daño La moralidad y el mal: en el pasado y en nuestra época Sobre el relativismo moral El juicio moral sobre lo acaecido en la historia de la humanidad es legítimo Capítulo IV.- Naturaleza y cultura La sempiterna polémica sobre physis y nómos, naturaleza y costumbre o convención. Los sofistas y Sócrates. Sobre el naturalismo ético El naturalismo de Hume y la sofística. Naturalismo y el utilitarismo de Sócrates y Spinoza La moralidad en parte viene dada. No todos podemos ser manifiestamente inmorales Capitulo V.- La conciencia moral Las fuentes y fundamentos de la conciencia moral: los sentimientos y los productos de la razón Los sentimientos morales y la conciencia. El amor y el amor al prójimo. A propósito de lo dicho por Jesús de Nazaret sobre el amor al prójimo como a uno mismo y acerca del amor al enemigo. Las virtudes y los valores El lugar de la razón en la conciencia. Las ideologías. La conciencia moral según Sócrates, Demócrito y Kant Ideas irracionales. Lo irracional y su lugar en la conciencia moral El poder de las ideas en la edificación de la conciencia. La ideología enciende o apaga los sentimientos morales y legitima o reprueba deseos, apetitos e intereses. ¿En nuestra época hay pérdida de valores y más corrupción que en el pasado? El progreso de las costumbres, los sentimientos morales y la conciencia. Amor y odio. El amor y el odio no pueden crecer, pueden activarse o desactivarse La conciencia moral y el libre albedrío Capítulo VI.- Ética elemental, ética del deber guiado por las consecuencias ciertas o previsibles Una ética que establece como eje el pensar en el mal que se puede evitar Neminem laede; imo omnes, quantum potes, juva. No dañes a nadie; antes bien, ayuda cuanto puedas La primacía del deber. El humano es un ser aprovechado y acomodaticio, pero también ama hacer lo debido. Hume: el “es” y el “debe”. Kant: la virtud no se puede exigir, pero el deber es exigible La amabilidad, la generosidad y la envidia. La bondad La ideología moral de la gente bondadosa Los principios morales y el perdón. Como puede verse, el índice apunta a temas interesantes que son perfectamente aplicables a nuestra situación actual. Y el próximo día empezaré a comentar la parte que afecta a Jesús de Nazaret. Saludos cordiales de Antonio Piñero Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Jueves, 28 de Abril 2016
Notas
Escribe Antonio Piñero
Pregunta: ¿ Que evolución cree que va a tener la iglesia en este mundo en el que nos encontramos actualmente, teniendo en cuenta que la población más envejecida es fiel seguidora y practicante de la religión y la ciudadanía más joven a penas practica y es creyente? ¿Cree que la iglesia sabrá adaptarse a ésta inevitable situación o llegará a su fin. RESPUESTA: Para responder a esta pregunta tan compleja voy a diseñar en primer lugar los movimientos internos de la Iglesia hoy que creo percibir en ella como observador exterior y que pueden conducir a una respuesta. Estoy casi seguro de que en algún sitio he escrito ya estas consideraciones. Pero creo que no está mal refrescarlas:javascript:void(0) La iglesia católica, al menos, pasa: 1. De ser una “catedral ideológica” compacta y sólida con dogmas creídos al pie de la letra a interpretar estos dogmas los meros símbolos: hacia un neocristianismo sin dogmas. En mi opinión el cristianismo camina a buen paso hacia una relativización de sus dogmas, de modo que muchísimos cristianos de hoy día o bien no creen realmente en ellos o bien los flexibilizan o relativizan de tal modo que los hacen presuntamente asumibles por todos ya que se convierten en meros símbolos. 2. De mantener la idea de “Fuera de la Iglesia no hay salvación” (Extra Ecclesiam nulla salus) al ecumenismo. Es decir, el paso de afirmar y sostener a ultranza que la religión católica es la única verdadera y que quien no la profesa de una u otra manera no puede salvarse a otra idea de mayor amplitud: la tendencia es a admitir que la situación del pluralismo religioso es positivo, no rechazable, sino más bien bueno porque otras religiones son también mediadoras de la salvación de Dios. 3. Cuestionamiento de la validez absoluta y rígida de la Escritura. La revelación va también por otros caminos. La teología católica hoy distingue entre revelación global de Dios y las pruebas de cualquier aserto teológico por medio de la Escritura. Hasta el siglo XX inclusive, toda la teología en especial la católica ha defendido sus tesis sobre la base de una acumulación de pruebas que consistían en textos de la Escritura sacados de su contexto y mostrados uno detrás de otro. Hoy día esta argumentación no es válida. Un texto aislado de la Escritura no supone prueba alguna. Se apela más al sentir global de la comunidad, a la fe global del grupo. Ello supone una pérdida del sentido absoluto de la sacralidad de la Escritura en cada una de sus partes. 4. La tendencia a considerar la religión como algo no público, sino como algo que pertenece sólo al ámbito de lo privado. En el contexto del mundo de hoy la religión en general y el lenguaje de la salvación cristiana en particular se consideran por muchos algo interno. Diversos teólogos consideran que el que todos los ámbitos de la vida secular en la sociedad hayan sido liberados de la hegemonía de cualquier religión organizada puede ser tenido como una evolución positiva. Y dado el existente pluralismo de religiones, la libertad de todas ellas parece depender de que su perfil público sea bajo. Así el período moderno de la cultura occidental ha atestiguado la privatización de la religión, de su lenguaje teológico y de su autocomprensión como grupo religioso. La cuestión religiosa se ha hecho tema de significado sumamente personal ante el sufrimiento de cada uno, el pecado y la culpa personales, la desorientación y finalmente la muerte y el destino último de cada individuo. 5. Un cierto impulso a convertir la religión o, mejor dicho, la ética religiosa, en un humanismo. Se percibe en la sociedad cristiana el paso de una ética heterónoma, es decir, basada solamente en los preceptos de un poder externo, léase Dios o la Iglesia, a una ética basada en la autonomía del ser humano encardinado en el mundo. La plenitud del ser humano en esta tierra dicta sus normas éticas, sin tener que recurrir a una normativa divina expresa. La ética religiosa tiende a convertirse en un humanismo, aunque de base cristiana: una serie de valores éticos, que antes eran puramente religiosos, hoy son fundamentalmente patrimonio del ser humano en cuanto tal, al menos en la civilización occidental. Estoy apuntando hacia algo parecido a postular que la evolución de la ética cristiana camina en la dirección de una práctica moral, consciente y por sí misma –no impuestas por la divinidad o la Iglesia- de los principios de “libertad, igualdad y fraternidad” que proclamó al mundo la Revolución francesa y de los principios morales contenidos en la Declaración de los derechos humanos de la ONU. Pienso que la evolución general ideológica del cristianismo –pues éste es ante todo una ideología– fomenta una religión más laxa, personal, privada, sin dogmas, que no lleva precisamente hacia el fundamentalismo, incluso aunque en el fondo se tenga una conciencia del convencimiento de la superioridad de la civilización cristiana como humanismo sobre otras religiones, por ejemplo, sobre el islam, del que se oye a las gentes decir con frecuencia que no ha pasado aún de la Edad media. En mi opinión éste es el valor positivo de la evolución del cristianismo en el mundo de hoy. Y ahora mi respuesta: pienso que la Iglesia se dividirá con el tiempo en dos grandes partes: una, fundamentalista, que se negará a aceptar estos movimientos o tendencias y que “se mantendrá en sus trece”. Pero poco a poco y debido al cambio de mentalidad en la interpretación del mundo y de Dios –lo que Usted dice de los jóvenes– que de modo espontáneo no aceptan ya los mitos religiosos, porque provienen de una concepción del mundo insostenible, y otra que se adaptará. En especial esta última considerará los dogmas como símbolos, intentará hacer creer a los fieles que en un principio también fue así, y la religión se hará más interna –en un aspecto–, convirtiéndose hacia el exterior en un “humanismo cristiano”, en su otra faceta. Pero sobrevivirá. Toda institución humana duradera, en especial la Iglesia, tan longeva, se transforma siempre en una “institución de poder”. La Iglesia no escapa a esta regla férrea, y buscará los medios para perpetuarse en lo posible. Saludos cordiales de Antonio Piñero Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Miércoles, 27 de Abril 2016
NotasEscribe Antonio Piñero Pregunta: ¿Por qué el hombre siente necesidad de formular conjeturas esotéricas o paranormales para explicarse fenómenos que no comprende, por ejemplo, las espirales de Nazca? ¿Por qué no espera a que la historia y la ciencia indaguen y averigüen? ¿Por qué no aguarda a que alguien formule una propuesta lógica y sensata? RESPUESTA: Las preguntas que Usted formula encajan perfectamente en el ámbito en el que el ser humano se ha cuestionado siempre y lo ha formulado en ciertas preguntas fundamentales acerca de su existencia en la tierra, tan limitada, tan sujeta a constantes peligros, tan inestable, necesitada de ayuda… lo que le lleva a buscar la seguridad en alguna fuerza superior a él que le proporcione cobijo. Esta búsqueda de la seguridad y del cobijo, y en concreto la respuesta al miedo a la muerte y a lo que pueda haber detrás de ella lleva –según opiniones de muchos expertos, como Edward Burnett Tylor, el miedo a la muerte está en el origen de la religión (véase la obra de Gonzalo Puente Ojea, Crítica antropológica de la religión. Las sendas equivocadas del conocimiento humano, editado por Signifer Libros, colección Thema, Mundi/4, Salamanca - Madrid 2013. Segunda edición revisada y ampliada por el autor; 258 pp. ISBN 978-84-941137-6-5). Y una vez que el hombre religioso acepta –sobre todo por la observación de fenómenos incomprensibles y aterrorizadores de la naturaleza–¬ la existencia de una fuerza superior a él, incluso todopoderosa, está perfectamente equipado mentalmente para formularse estas preguntas que Usted ha recogido. El homo religiosus opina que los fenómenos paranormales exigen respuestas paranormales y no “científicas”. En ese sentido no tiene por qué esperar a que le respondan a ellas los “científicos” que estén a su lado, entre otras razones porque en el fondo los cree ignorantes de esa o esas fuerzas superiores que tienen las verdaderas respuestas a los interrogantes que le angustian. Opina, por lo general, que el científico solo sabe responder, y poco, de las fuerzas de “acá abajo”, pero nada de lo de “arriba”, de lo sustancial, de lo que verdaderamente preocupa. Esas preguntas deben ser respondidas por los que están en contacto con lo de “arriba”. De este modo, el sacerdote, el chamán o el gurú religioso, que le ponen en contacto con esas fuerzas superiores, es decir, hacen de intermediario e intercesor ante ellas, le ofrecen la respuesta totalmente a mano sin necesidad de esperar a la lenta observación científica: seres superiores a nosotros son los causantes de lo que veo; “ellos han hecho eso”. Y su necesidad lógica de formularse preguntas y respuestas ha sido satisfecha con ese proceso. ¿Para qué esperar a los científicos, a veces tan presuntuosos y que tanto se equivocan? Saludos cordiales de Antonio Piñero Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Martes, 26 de Abril 2016
Notas
Escribe Antonio Piñero
Pregunta: Dice usted que “tenemos pruebas claras” en 1 Cor de que los "espirituales" de Corinto profesaban ya una escatología presentista del tipo que luego desarrollaría el cristianismo joánico. En primer lugar querría saber si en su opinión los "espirituales" de 1 Cor son las mismas personas a quienes Pablo tachará de "pseudoapóstoles" en 2 Cor. En segundo lugar querría pedirle que expusiera - siquiera someramente - los indicios que ofrece 1 Cor para atribuir una escatología presentista a los "espirituales" de la comunidad de Corinto. RESPUESTA: 1. No, en absoluto. Los pseudo o súper apóstoles, como los denomina en 2 Corintios 11,5 (“No me juzgo en nada inferior a esos «superapóstoles»”) son unos misioneros judeocristianos venidos de fuera (parecidos a los que perturbaron la comunidad de Galacia y la levantaron contra Pablo) de los que se defiende en la llamada Carta A, la primera de las varias cartas, unas cuatro o cinco, de las que se compone 2 Corintios. De mi obra “Guía para entender Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino” (Trotta, Madrid 2015) entresaco lo que le interesa acera de estos pseudo apóstoles: Al parecer llegaron a la comunidad misioneros seguidores de Jesús de fuera (11,4.13), con cartas de recomendación (deducido de 3,1) y comenzaron a predicar un evangelio distinto al de Pablo (11,4). ¿Qué predicaban? En 2 Cor no queda tan claro como desearíamos. En líneas generales sus características más importantes eran las siguientes: • La tradición judía y la Alianza seguían siendo importantes, aunque no insistían en la circuncisión y los preceptos rituales de la Ley. • La renovación de la tradición judía y de la Alianza se había realizado en Jesús y continuado por el Espíritu. Prueba de ello eran los prodigios y manifestaciones espirituales que acompañaban a los nuevos misioneros. • El Cristo que predicaban era más un Cristo victorioso que el Cristo sufriente, y prestaban poca atención a la necesaria imitación cristiana de esos sufrimientos, a través de los cuales viene la gloria y la resurrección. Pablo recibió noticias de todo ello y le informaron además de que los misioneros nuevos le atacaban personalmente. Insistían en especial en que él no era un verdadero apóstol. Entonces escribió una primera carta para contrarrestar los efectos de la predicación de esos advenedizos. Una parte de esta misiva se ha conservado en 2,14-7,4 = que denominamos Carta A. Esta carta es una defensa o apología en toda regla de Pablo mismo como apóstol. En ella Pablo parece persuadido de que sus argumentos tendrán éxito. 2. De la misma obra, entresaco información al respecto de los espirituales: Los espirituales de Corinto parecían negar la realidad de la resurrección corporal futura (15,12), probablemente porque creían haber alcanzado ya la salvación que afectaba solo al alma/espíritu. La “resurrección” habría empezado ya en el presente (“escatología realizada”). La posesión del Espíritu unía al perfecto directamente con Cristo resucitado elevándolo sobre todo el mundo de lo terrenal. En una mentalidad helénica (y “proto-“ o “pregnóstica”) no es raro que surgiera la idea de una “resurrección” ya comenzada en esta vida: si el alma es ya espiritual, la revelación la hace aún más espiritual, menos apta para morir. La idea de la “resurrección adelantada” explica también por qué los espirituales pensaban que podían hacer lo que quisieran con el cuerpo (6,14): el alma ya había resucitado y el cuerpo no era más que materia sin interés destinada, quizás –queda obscuro-- a la aniquilación. Nada importaba. Es exagerado etiquetar a los de este grupo de espirituales corintios como “gnósticos”. Pero es verdad que sus ideas se asemejan notablemente a las que tendrán los gnósticos cristianos un siglo más tarde. Saludos cordiales de Antonio Piñero Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Lunes, 25 de Abril 2016
Notas
Escribe Antonio Piñero
Pregunta: Profesor encuentro curioso que usted comente que la creencia en la resurrección de Jesús sea lo que conserve o justifique la existencia del cristianismo, mas sin embargo no fue necesario para Cerinto ya que este creía que Jesús habia muerto y resucitaría despues al final de los tiempos junto con los demas hombres. ¿Como se explica esto? RESPUESTA: No son ideas contradictorias. De Cerinto sabemos poquísimo, porque todo se ha perdido; sólo a partir de Ireneo de Lyon (Refutación de las herejías I 26 y III 3.11. Ni quiera es seguro, sino muy probable, de él eso que Usted dice. Cerinto suele considerarse un gnóstico de finales del siglo I o principios del segundo, en cuanto a su doctrina de la creación no por medio de Dios sino por el Demiurgo… y en su idea de que el Jesús real es celeste que se encarnó en un Jesús humano al que abandonó en el momento de la crucifixión. Y es totalmente ebionita en sus creencias de que este Jesús humano no tuvo un nacimiento sobrenatural, que sí tuvo una muerte natural en la crucifixión (pero que no valió de nada de hecho para la salvación), y de que resucitará en el último día.. Al ser un gnóstico, el Jesús apariencial o terreno no le vale en realidad, sino el Jesús celeste como revelador de la gnosis, conocimiento, que es lo único que salva, no el sacrificio de la cruz. Y la resurrección la tiene el Jesús Revelador “desde siempre”, pues nunca murió. Y el creyente ha resucitado ya desde el momento en el que cree en el Revelador. Pero yo no hablo de este cristianismo, sino del de Pablo, interpretado sobre todo por los Evangelios, por el autor de la Carta a los hebreos y por otros discípulos como el autor de Colosenses, etc. Esta es la base del cristianismo actual y para él es absolutamente básico que Jesús fuera el mesías, un hombre auténtico, pero luego elevado por Dios (cada uno lo explica como puede) al ámbito de lo divino, y que resucitó realmente. Sin esto, no hay el cristianismo de hoy… no existiría. Pregunta: Entendiendo que considerar y dogmatizar al Espíritu Santo como Deidad y parte de la Trinidad fue un asunto del cristianismo dominante y los Concilios, ¿cómo el pueblo hebreo entendía la figura del Espíritu Santo o Espíritu de Dios en el AT, y luego en el Judaísmo del Segundo Templo, por ejemplo, en la Apócrifa y Pseudoepígrafa? ¿Algunos libros de referencia? RESPUESTA: Su pregunta es vastísima. No es posible resumirle en unas líneas lo que pregunta Usted porque se han escrito libros enteros solo para responder a una parte de ella. Le ruego que consulte grandes diccionarios de la Biblia y de los Apócrifos en alguna buena Biblioteca de Teología y allí encontrará bibliografía abundante. Puede usted consultar la revista “Old Testament Abstracts” y el “Elenchus Bibliographicus Biblicus”, publicado anualmente por la revista “Biblica”. Si se lee bien inglés, hay que buscar la versión inglesa del Theologisches Wörterbuch zum neuen Testament”, diccionario maravilloso y completísimo, que siempre he usado en alemán para enterarme de lo sustancial de cada vocablo y familia de ellos, y el artículo Heiliger Geist de la “Theologische Realenzyklopädie”. Busque también en la Jewish Encyclopedia. De mis tiempos de estudiante recuerdo que leí un libro muy bueno, de Peter Volz, Der Heilige Geist im Altem Testament”, pero no recuerdo más sobre la editorial. El libro era de 1929, pero totalmente completo y magnífico. Saludos cordiales de Antonio Piñero Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Domingo, 24 de Abril 2016
Notas
Escribe Antonio Piñero
Pregunta: Quisiera hacerle unas preguntas, si me permite. Voy al lío: se dice que Pablo se inventa una reinterpretación fantástica de la crucifixión de Jesús, convirtiendo la condena por sedición del Maestro en un sacrificio por la humanidad entera, ya que Jesús no tenía ninguna intención de "sacrificarse" sino de vencer a los romanos. 1. ¿No es posible que Jesús se imaginase a sí mismo como sacrificio de Israel? Es decir, tuvo que ser consciente, si no estaba realmente perturbado, de que lo más probable en sus circunstancias era acabar como su maestro Juan el Bautista. Los evangelios parecen dar la imagen de un Jesús empujado por sus seguidores a que se presentase como aspirante al trono. Y si era lo suficientemente cabal como así se desprende de su judaísmo, ¿por qué no pensar que, ciertamente, creía que podría enfrentarse a Roma y al mismo tiempo, si no lo conseguía, ser un mártir nacional que tampoco estaba tan mal? Sacrificarse por la nación es algo muy valorado incluso entre sociedades no religiosas, quienes lo hacen pasan a convertirse en héroes del pueblo. ¿No pudo ser esa la inspiración de la redención de la humanidad mediante la muerte en la cruz de Jesús de Pablo? Quiero decir que las dos opciones eran válidas, tanto triunfar frente a Roma como convertirse en un mártir de Israel por defender el Reino de Dios que, en última instancia, tendría que ser universal. Por lo tanto la idea de que Cristo se inmoló conscientemente como cordero de Dios no tiene por qué ser una invención fantástica de Pablo sacada de la nada, sino la realidad implícita al hecho de intentar rebelarse contra Roma. Sinceramente, me cuesta mucho imaginar a Pablo inventando de la nada teorías fantásticas sobre un personaje que ni conoció. ¿No tiene más sentido pensar en un Pablo exponiendo tras el dogma de la redención que, sí, hubiese estado bien que Jesús destruyese Roma, pero al no conseguirlo su muerte como mártir de Dios es un ejemplo para todo Israel y por extensión toda la humanidad al mostrar Valor y Sacrificio? Si Jesús fue el “fracasado” del que habla Usted y Monclús, Ojea, etc. ¿por qué iba Pablo a intentar justificar su fracaso a no ser que viese en su muerte precisamente a un mártir de Israel, de su causa contra el pagano? 2. Mi última pregunta está relacionada con la concepción que tenían los judíos de sí mismos como pueblo. ¿Eran los judíos más nacionalistas que griegos, romanos o cualquier otro pueblo conocido de la antigüedad? ¿El concepto de bárbaro que los griegos aplicaban a los extranjeros no es equiparable al de gentil? RESPUESTA: Estas dos preguntas están respondidas de una manera implícita y explícita en mi libro o “Guía” sobre Pablo (Trotta, Madrid, 2015) que a estas alturas es ya bien conocido. 1. En realidad, es imposible saber que pasó en realidad por la cabeza de Jesús, ya que nuestras fuentes no lo permiten. Las biografías antiguas –y los evangelios son una suerte de biografía– se interesaban poco por aspectos de psicología exterior, y mucho por las virtudes y el impacto de un individuo, o por su relaciones con el estado o con la sabiduría en general. Pero Jesús se creía ante todo un profeta. Y si Usted lee la Biblia hebrea verá que a ningún profeta se le ocurrió morir como mártir por Israel. Eso es una idea (la “muerte vicaria”) grecorromana, no judía. Es cosa comprobada que no existe en la Biblia, tampoco en Jesús y sólo aparece en Pablo. Y es muy probable que Pablo tomara la idea de este ámbito, ya que la muerte vicaria no aparece en la Biblia hebrea, ni siquiera en los deuterocanónicos como 2 Macabeos 6,28; 7,9.37-38 (único texto citado en favor de que sí existe ese concepto en la Biblia), pues el pasaje no dice que el anciano Eleazar y los siete hermanos murieran voluntariamente en vez de otros, o para que otros judíos no murieran, sino que aceptaron la muerte “en pro de las leyes patrias”. 2. Los judíos eran aún peor: dividían las naciones del mundo entre ellos, los elegidos, y los demás, las otras “naciones”, condenadas por Dios al exterminio si no se convierten al Dios de Israel, o al menos lo reconocen lo respetan y cumplen el Decálogo que está impreso en sus corazones. Sobre esta última idea lea atentamente el capítulo 2 de la Carta a los romanos de Pablo sobre todo a partir del v. 12. Saludos cordiales de Antonio Piñero Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Viernes, 22 de Abril 2016
Notas
Escribe Antonio Piñero
Pregunta: ¿La escatología presente del Cuarto Evangelio nace tras la destrucción del Templo del 70 ? RESPUESTA: La escatología presente (es decir, la resurrección y el Juicio se están viviendo ya en el mundo presente, tras creer o no a Jesús como Revelador, sin necesidad esperar a ese Juicio Final, tiene su máximo exponente ciertamente en el Cuarto Evangelio, y su texto más significativo es 5,24: “En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida”. Aunque en el Evangelio, tal como está ahora, después de pasar por mucho trabajo de edición por diversas manos, también presenta la opinión normal, a saber, que el Juicio será al final del mundo y no en esta vida presente. Y como creemos que el Evangelio de Juan se compuso entre el 95-105, y eso está detrás de la destrucción del Templo en el 70, debemos concluir al menos la formulación clara de esta escatología solo aparece después de esa fecha en los Evangelios. Ahora bien, tenemos pruebas claras por la carta 1 Corintios, escrita por Pablo en el 56-58 probablemente que los “espirituales” de Corinto cuyas doctrinas un tanto exaltadas trata de precisar y contener Pablo, tenían ya esa doctrina. Por favor, consulte si le es posible, ni obra “Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino. Trotta, Madrid, 2015. He procurado ahí explicar, en la “Aclaración” dedicada a la escatología paulina y al reino de Dios en Pablo todas estas ideas. Pregunta: Entendiendo que considerar y dogmatizar al Espíritu Santo como Deidad y parte de la Trinidad fue un asunto del cristianismo dominante y los Concilios, ¿cómo el pueblo hebreo entendía la figura del Espíritu Santo o Espíritu de Dios en el AT, y luego en el Judaísmo del Segundo Templo, por ejemplo, en la Apócrifa y Pseudoepígrafa? ¿Algunos libros de referencia? RESPUESTA: Su pregunta es vastísima. ¿Cómo cree usted que puedo resumirle en unas líneas todo lo que pregunta Usted cuando se han escrito libros enteros solo para responder a una parte de ella? Sólo le diré en breves pinceladas, que habría que distinguir épocas y épocas en el judaísmo. En el tiempo primitivo la concepción del Espíritu era probablemente un fluido que salía de Dios… y se materializaba para ser accesible al hombre: el inspirador de los profetas, por ejemplo. Ese fluido podía pasar desde Elías a Eliseo = 2 Re 2,9, o desde Moisés a los ancianos; vea el libro de los Números 11,17). Pero con la llegada del pensamiento griego a Israel, en plena potencia ideológica desde el siglo III a.C. la concepción del Espíritu se fue refinando. Era Dios pero como actuante hacia fuera de él mismo, es decir, simplemente Dios, pero como aire divino y sutil hacia fuera… Dios como si tuviera una mano derecha especializada para controlar el universo cuando le interesaba, Esa exteriorización podía ser su Palabra o su Sabiduría o su mera Presencia. Un tanto tautológicamente lo podríamos “definir” del modo siguiente: Dios… como Espíritu/viento silencioso, actuante y animante. Le ruego que consulte grandes diccionarios de la Biblia y de los Apócrifos en alguna buena Biblioteca de Teología y allí encontrará libors sobre el tema en gran abundancia. Puede usted consultar la revista “Old Testament Abstracts” y el “Elenchus Bibliographicus Biblicus”, publicado anualmente por la revista “Biblica”. Si lee bien inglés, como supongo, busque la versión inglesa del Theologisches Wörterbuch zum Neuen Testament”, maravilloso, que siempre he usado en alemán y el artículo Heiliger Geist de la “Theologische Realenzyklopädie”. Busque también en la Jewish Encyclopedia. Sobre bibliografía específica acerca del tema “Espíritu” quiero indicarlo una publicación que a mí personalmente me impactó : de mis tiempos de estudiante recuerdo que leí un libro muy bueno, de Peter Volz, Der heilige Geist im Altem Testament”, pero no recuerdo más sobre la editorial. El libro era de 1929, pero totalmente completo y magnífico. Siento que esté en alemán y no sé si le será accesible. Y luego me permito insistirle que sobre estas preguntas tan generales no tiene más que consultar otro buen diccionario de teología en español y tendrá bibliografía para inundar su biblioteca. Saludos cordiales de Antonio Piñero Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Jueves, 21 de Abril 2016
Notas
Hoy escribe Fernando Bermejo
Los cuatro evangelios canónicos presentan a Jesús como alguien que citaba y comentaba las Escrituras de Israel. Si este retrato se remonta a la figura histórica de Jesús ha sido un asunto debatido en la historia de la investigación. En los congresos internacionales de la EABS (European Association of Biblical Studies) celebrados entre 2012 y 2014 en Amsterdam, Leipzig y Viena un grupo de especialistas abordó esta cuestión centrando su atención cada año en una sección de las Escrituras y el impacto que parece haber tenido sobre Jesús. En Amsterdam el tema fue Jesús y los libros históricos; en Leipzig, Jesús y los profetas; y en Viena, Jesús y los Salmos y la literatura sapiencial. Una selección de los trabajos presentados ha sido publicada ahora en el volumen editado por el profesor de Nuevo Testamento en la Universidad de Lund (Suecia) Tobias Hägerland, Jesus and the Scriptures. Problems, Passages and Patterns (Library of New Testament Studies 552), Bloomsbury T & T Clark, London – New York, 2016, 246 pp. Ofrezco a continuación el índice de la obra, por si a algún lector puede interesarle. Part A: Problems of Method for Studying Jesus and the Scriptures Jesus and the Scriptures: Problems of Authentication and Interpretation (Tobias Hägerland, Suecia) Part B: Passages of Scripture in the Jesus Tradition Genesis 2:24 and the Jesus Tradition (William Loader, Australia) The Queen of Sheba and the Jesus Traditions (Kim Huat Tan, Singapur) Jesus' Exorcistic Identity Reconsidered: The Demise of a Solomonic Typology (Jennifer Nyström, Suecia) Being 'God-Taught': Isaiah 54:13 as Prolegomenon to the Teaching Ministry of Jesus (Jonathan A. Blanke, USA) The Day of the Lord is Coming: Jesus and the Book of Zechariah (Fernando Bermejo Rubio, España) Jesus and the Devout Psalmist of Psalm 22 (Ville Auvinen, Finlandia) Part C: Patterns in Jesus' Use of Scripture A Servant Like the Master: A Jewish Christian Hermeneutic for the Practice of the Torah (Edwin K. Broadhead, USA) Jesus the Sage and His Provocative Parables (Ben Witherington, USA) A Sign from Heaven and the Word of Scripture: Jesus' Miracles at Stake (Jan Roskovec, Chequia) Re-examining the Last Supper Sayings in Light of the Hebrew Scriptures (Mary J. Marshall, Australia) Saludos cordiales de Fernando Bermejo ---------------- Premio TRITHEMIUS Y PRESENTACIÓN DEL LIBRO “Gnosis, cristianismo primitivo y manuscritos del mar Muerto” Autor: Antonio Piñero Editado por Tritemio, Madrid Hoy 20 abril, miércoles, de 2016 a las 19.30 horas (perdón: ayer escribí por error a las siete) Lugar: Ateneo de Madrid c/ Prado 21. Calle Prado 21, Salón Úbeda Saludos de Antonio Piñero
Miércoles, 20 de Abril 2016
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Editado por
Antonio Piñero
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Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.
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