NotasHoy escribe Antonio Piñero Finalizamos hoy con la explicación del contenido de la Carta a los filipenses. 4,10-20: « Me alegré mucho en el Señor de que ya al fin hayan florecido vuestros buenos sentimientos para conmigo. Ya los teníais, sólo que os faltaba ocasión de manifestarlos. 11 No lo digo movido por la necesidad, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo. 12 Sé andar escaso y sobrado. Estoy avezado a todo y en todo: a la saciedad y al hambre; a la abundancia y a la privación. 13 Todo lo puedo en Aquel que me conforta. 14 En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación. 15 Y sabéis también vosotros, filipenses, que en el comienzo de la evangelización, cuando salí de Macedonia, ninguna Iglesia me abrió cuentas de «haber y debe», sino vosotros solos. 16 Pues incluso cuando estaba yo en Tesalónica enviasteis por dos veces con que atender a mi necesidad. 17 No es que yo busque el don; sino que busco que aumenten los intereses en vuestra cuenta. 18 Tengo cuanto necesito, y me sobra; nado en la abundancia después de haber recibido de Epafrodito lo que me habéis enviado, suave aroma, sacrificio que Dios acepta con agrado. 19 Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús. 20 Y a Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén. » Aclaración: El lector siente que hay aquí un nuevo salto en el pensamiento de Pablo. De la exhortación anterior se pasa de repente a una especie de nota o billete en el que el Apóstol acusa recibo de un envío de dinero por parte de los filipenses. Pablo agradece de veras el detalle (4,10.14), pero aprovecha para manifestar que en el fondo no lo necesitaba: está acostumbrado a todo, a la abundancia y a la necesidad. Él no pide nada. Escribe a este propósito una frase que se hará célebre: “Todo lo puedo en Aquél que me conforta” (4,13). Pero ahora, con este apoyo monetario, estima Pablo que nada en la abundancia (4,18) y afirma que Dios compensará con magnificencia a los filipenses por su buen corazón (4,19). Esta nota de agradecimiento tiene su propia conclusión: “A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén” (4,20). 4,21-22: « Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Os saludan los hermanos que están conmigo. 22 Os saludan todos los Santos, especialmente los de la Casa del César. 23 La gracia del Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. » Aclaración: A pesar de este final solemne, la epístola presenta otra conclusión, de nuevo con menciones personales… Es interesante un detalle que ofrece Pablo de quienes le rodean: “Os saludan todos los santos, especialmente los de la casa del César”… Tal frase parece referirse a primera vista a funcionarios de alta categoría que trabajan en Roma en el palacio del Emperador. Pero es igualmente probable que haga alusión a funcionarios de menor categoría que (como esclavos imperiales o libertos) trabajaban en el palacio del gobernador romano de cualquier ciudad importante en una provincia imperial (asignada al control directo del Emperador). De cualquier forma este final nos pone sobre la pista de que no es correcta la opinión que se ha manifestado durante centurias –y sobre todo desde principios del siglo XX, en especial por historiadores marxistas como Karl Kautsky (en su obra “Los fundamentos del cristianismo”-, que el cristianismo era esencialmente un movimiento proletario, que llegó a ser incluso durante un breve lapso de tiempo un movimiento legítimamente comunista. Esta concepción de los orígenes del cristianismo se basaba en Pablo mismo, en su Primera carta a los corintios, en la cual se recalcaba que la mayoría de los sabios, poderosos o nobles no eran llamados a la fe. Erwin R. Goodenough escribió: « “Una indicación aún más obvia de lo indeseable que era el cristianismo ante los ojos de Roma era el hecho de que sus conversos procedían en una abrumadora mayoría de los estratos más bajos de la sociedad. Tanto entonces como ahora, las clases gobernantes se mostraron muy desconfiadas ante un movimiento que promovía una organización secreta, estricta y bien estructurada de los siervos y esclavos de la sociedad” (The Church in the Roman Empire: “La Iglesia en el Imperio romano”, Holt, New York, 1931, 37). » Cuenta Rodney Stark (“The Rise of Christianity", “La expansión del cristianismo”, University of Princeton Universidad. Press, Princeton, 1996, 29-30) que en décadas recientes, sin embargo, los historiadores que se ocupan de la época del Nuevo Testamento han comenzado a rechazar esta concepción de la base social del movimiento cristiano primitivo. E. A. Judge (The Social Pattern of Christian Groups in the First Century: “La base social de los grupos cristianos en el siglo I”, Tyndale, London, 1960) fue tal vez el primer estudioso importante de la generación actual en mostrar su vigoroso rechazo a esta idea. Comenzó por estimar como irrelevante la falta de nobles entre los cristianos: Si la afirmación común de que los grupos cristianos estaban constituidos por los estratos más bajos de la sociedad implica que no reclutaron sus fieles entre los estratos más elevados del sistema social romano, la observación es correcta pero irrelevante. En el Mediterráneo occidental era evidente que los miembros de la aristocracia romana no se adherían a una asociación de culto local… [Además], los nobles eran una fracción infinitamente pequeña del total de la población (p. 52). Después de un cuidadoso análisis del rango y de las ocupaciones de las personas mencionadas en las fuentes, Judge concluyó: « Lejos de ser un grupo socialmente deprimido, ... los cristianos estaban dominados por una fracción con pretensiones sociales de entre la población de las grandes ciudades. Además atrajeron al parecer a un amplio espectro de gentes, que probablemente representaba a los miembros dependientes –siervos o esclavos- de las familias de los dirigentes de la sociedad… Ahora bien, los miembros dependientes de las principales casas de la ciudad estaban lejos de ser la fracción más degradada de la sociedad. Aunque carecían de libertad, tenían seguridad y una moderada prosperidad. El campesinado y los siervos de la gleba, las personas sujetas a la tierra, constituían las clases más degradadas de la sociedad. El cristianismo estuvo largo tiempo sin acercarse a esos estratos (p. 60). » Y con esta aclaración hemos concluido la breve explicación de la carta. En la próxima nota nos formularemos una pregunta quizás interesante: ¿está compuesta la Epístola a los filipenses de varias cartas unidas entre sí? Saludos cordiales de Antonio Piñero. www.antoniopinero.com …………….………………… Hoy en el “Blog de Antonio Piñero” se trata del siguiente tema: “” Manera de entrar, si a alguien le interesare: pinchar en el enlace que se halla en la página presente, abajo en la derecha. Saludos de nuevo. .................... Nuestro amigo y colaborador José Montserrat Torrents nos envía el siguiente aviso: "El barquero de los dioses" Novela histórica. Publicación por entregas periódicas en el blog <http://totmes.blogspot.com/>. El argumento transcurre en Egipto en el siglo V de la Era Común, y narra los esfuerzos de los últimos paganos por preservar de la extinción la cultura del antiguo Egipto, y en particular la escritura jeroglífica. El contexto histórico y geográfico es rigurosamente contrastado por lo que puede interesar a los lectores de este blog. Saludos de nuevo
Viernes, 8 de Mayo 2009
Comentarios
Notas
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
El género literario de los HchAp Otro de los grandes temas debatidos en torno a los HcxhAp es su género literario. Y como sucede con las otras cuestiones que venimos tratando, las opiniones distan muchos de ser coincidentes. Tres son las posturas principales con diversas matizaciones según los autores: 1) Los HchAp son novelas helenísticas adaptadas a la literatura cristiana. Así opinan muchos siguiendo las viejas tesis de Dobschütz, Pfister, Flamion, etc. E. von Dobschütz desarrollaba su tesis en Deutsche Rundschau 111 (1902) 87-106: “Der Roman in der Altchristliche Literatur”. F.Pfister, en E. Hennecke, Neutestamentliche Apokryphen, Tubinga, 1924, 163-169: “Apostelgeswchichten (Legenden), Einleitung. In Zusammenhang mit der antiken Literatur”. J. Flamion, en RHE 9 (1908) 465-490; 10 (1909) 5-29: “Les Actes Apocryphes de l’Apôtre Pierre”. En la misma dirección se mueven los puntos de vista de un Ph. Vielhauer en su Geschichte der Urchristl. Literatur, Berlín, 1975, 184ss. 2) Otros, como C. Schmidt, estiman que en los Hechos canónicos de Lucas está el vefdadero modelo de los HchAp. Defiende su criterio en Die alten Pegtrusakten, TU 24, 1, pág. 154 y en Acta Pauli aus der Heidelb. Kopt. Papyrusschrift, pág. 185. De ellos toman los HchAp, según Schmidt, no solamente el título de Práxeis, sino la temática y la estructura, es decir, la presentación de los diferentes apóstoles y sus movimientos geográficos. 3) Una tercera vía pone el énfasis en la originalidad de los HchAp y en que su género literario no coincide realmente con ninguno de los conocidos y usados en la antigüedad. En ellos convergerían elementos de la novela, de los Hechos canónicos, de la retórica del momento, de las tradiciones cristianas y de la inventiva de sus autores. Pueden verse sobre este punto de vista los trabajos de Kaestli “Les principales orientations de la recherche sur les Actes Apocryphes” en el ya citado libro de F. Bovon, Les Actes Apocryphes des Apôtres, Ginebra, 1981, pp. 49-67. En las conclusiones a su estudio sobre las “Formas y motivos en los HchAp”, enumera M. Blumenthal la postura de C. Schmidt entre otras posibles, justificando esta diversidad de puntos de vista por el hecho evidente de la variedad de elementos. Blumenthal (Formen und Motive in den Apokryphen Apostelgeschichten, Leipzig, 1933) define el carácter literario de los HchAp diciendo que para Dobschütz se trata de novelas; para Reitzenstein, de aretalogías; Pfister piensa que los HchAp son paralelos a las vidas de los filósofos; Schmidt los relaciona con los Hechos Canónicos de los Apóstoles. Cf. Blumenthal, pág. 164, con la referencia de los lugares de donde toma los datos para sus conclusiones. Pero la cuestión del género literario de los HchAp sigue abierto, como reconocen Junod-Kaedstli en su documentado trabadjo sobre el tema en ANRW II 25.6, 4293-4362: “Le dossier des Actes de Jean: État de la question et perspectives nouvelles”. Ponen al día la problemática de los HchJn y creen que, a pesar de las opiniones de los escritores eclesiásticos, los HchJn fueron muy conocidos y utilizados por la iglesia. Piensan en aretalogías de tipo religioso, en la literatura de las práxeis, en las vidas de los filósofos, en novelas helenísticas o en novelas originales a base de los elementos antes enumerados. Desde luego. el entusiasmo suscitado por loas teorías de Dobschütz, Pfister, Reitzenstein, Flamion, etc., que relacionaban los HchAp con la novelística griega o con las aretalogías de los filósofos, ha recibido posteriormente importantes matizaciones. Quizás el estudio más amplio, tanto en extensión como en profundidad, haya sido el llevado a cabo por R. Söder en su obra ya citada Die Apokryphen Apostelgeschichten und die romanhafte Litefratur der Antike (1932). Una obra que contiene datos abundantes sobre posibles contactos, yo diría que coincidencias, entre la novelística de la antigüedad y los HchAp. Aunque la autora analiza otros muchos motivos que podíamos denominar menores, su trabajo se centra en los que ella llama los Hauptelemente (elementos principales), que son cinco: el motivo del viaje, el elemento aretalógico, el teratológico, el tendencioso o propagandístico y el erótico. Pero aduce otros “motivos típicos”, entre los que enumera la venta de un héroe como esclavo, la persecución de los protagonistas, el apoyo de las turbas a su héroe, la salvación in extremis, en los últimos momentos, los oráculos y sueños como medio frecuente de la ayuda divina. Analizaremos otro día el valor temático-literario de estos elementos. Saludos cordiales. Gonzalo del Cerro
Jueves, 7 de Mayo 2009
NotasHoy escribe Antonio Piñero Antes de explicar el contenido de esta epístola hemos aludido a este problema, y luego hemos ido señalando en el análisis del contenido los cambios de pensamiento que presenta Flp tal como ha llegado hasta nosotros. Ante la variedad de temas, saltos bruscos de contenido, cambios en el estilo, etc., los estudiosos adoptan por lo general dos posiciones: • Unos admiten estos hechos, pero consideran que se debe otorgar confianza a la tradición que nos ha transmitido la carta paulina tal como está. Opinan que no hay razón contundente alguna para ver en ella más de una carta, pues esto implicaría la posible labor de un redactor que se habría tomado la molestia de reunir y ensamblar restos de antiguas cartas paulinas. Creen igualmente que los cambios de pensamiento, de tema y de estilo son frecuentes en otras cartas de Pablo (por ejemplo, Rom 16,17ss; 1 Tes 2,15s; 1 Cor 15,58). Tales cambios en Filipenses se explican suficientemente –dicen— si se considera que la composición física de esta carta se prolongó durante un cierto tiempo y que en el entretanto le iban llegando noticias a Pablo, o bien éste se iba acordando de temas según se le ofrecían a su memoria. Argumentan también los partidarios de la unidad de Flp que puede observarse cómo los temas en sí de la carta no están tan distantes unos de otros, cómo se repiten en todas las posibles partes de ella ciertas ideas comunes (la alegría; los adversarios…) junto con los mismos vocablos, y cómo un análisis fino puede llevar a encontrar una cierta lógica en los cambios de pensamiento del autor. • Otros estudiosos sostienen, por el contrario, que gran parte de las dificultades lógicas de Flp tal como está ahora se explican u obvian si se admite que la carta actual es un compuesto de dos o más cartas antiguas de Pablo. Entre los defensores de esta hipótesis me parece que tienen más visos de verosimilitud aquellos que defienden en Flp la existencia de una amalgama de tres cartas: 1. La primera cronológicamente sería la nota o billete de Pablo en agradecimiento por la ayuda económica recibida de parte de los filipenses: 4,10-20. La carta sería del modo siguiente: « 10 Me alegré mucho en el Señor de que ya al fin hayan florecido vuestros buenos sentimientos para conmigo. Ya los teníais, sólo que os faltaba ocasión de manifestarlos. 11 No lo digo movido por la necesidad, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo. 12 Sé andar escaso y sobrado. Estoy avezado a todo y en todo: a la saciedad y al hambre; a la abundancia y a la privación. 13 Todo lo puedo en Aquel que me conforta. 14 En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación. 15 Y sabéis también vosotros, filipenses, que en el comienzo de la evangelización, cuando salí de Macedonia, ninguna Iglesia me abrió cuentas de «haber y debe», sino vosotros solos. 16 Pues incluso cuando estaba yo en Tesalónica enviasteis por dos veces con que atender a mi necesidad. 17 No es que yo busque el don; sino que busco que aumenten los intereses en vuestra cuenta. 18 Tengo cuanto necesito, y me sobra; nado en la abundancia después de haber recibido de Epafrodito lo que me habéis enviado, suave aroma, sacrificio que Dios acepta con agrado. 19 Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús. 20 Y a Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén. » Ésta sería la primera por tres razones: • Porque si al redactarse 1,4-5 (“4 rogando siempre y en todas mis oraciones con alegría por todos vosotros 5 a causa de la colaboración que habéis prestado al Evangelio, desde el primer día hasta hoy;”) hubiera sido ya prestada esta ayuda, Pablo no habría dejado de mencionarla. • Porque por el tenor del texto en su conjunto se supone que Pablo está al principio de su prisión. • Porque no tiene sentido que se le hubiera ocurrido a Pablo redactar una nota de agradecimiento por el don recibido pasado mucho tiempo, después de que todo el asunto de la enfermedad de Epafrodito hubiera ocurrido (es decir, en la hipótesis contraria, la nota estaría en su posición correcta donde la encontramos, en 4,10, después de lo descrito en 2,25-26: “25 Entretanto, he juzgado necesario devolveros a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de armas, enviado por vosotros con el encargo de servirme en mi necesidad,26 porque os está añorando a todos vosotros y anda angustiado porque sabe que ha llegado a vosotros la noticia de su enfermedad”). Esta nota o primera carta fue compuesta probablemente por Pablo poco después de recibir el donativo, es decir, antes de los acontecimientos que se describen en 2,25-26: la enfermedad de Epafrodito; el conocimiento de ella por parte de los filipenses y la manifestación de su preocupación por el caso; la promesa de enviar de nuevo a Epafrodito a Filipos. Si es así, se obtiene un orden más lógico de los acontecimientos: • Pablo tras su salida de Filipos se encuentra en mala situación. • Los filipenses le envían ayuda económica por medio de Epafrodito (4,18). • Nota de agradecimiento por parte de Pablo o carta primera (4,10-20). • Enfermedad grave de Epafrodito (2,27). • Epafrodito se cura y Pablo escribe una segunda carta llena de alegría (1,1-3,1a + 4,4-9 + 4,21-23), que veremos en la nota siguiente. En esta segunda carta se alude a la enfermedad de Epafrodito (2,25) y a la preocupación por él de los filipenses. Por parte de Pablo se manifiesta el propósito de devolver a Epafrodito, ya sano, a Filipos. • Envío de una tercera carta cuando tiene noticias de la presencia en Filipos de ciertos adversarios (3,1b-4,3). Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero. …………….………………… Hoy en el “Blog de Antonio Piñero” se trata del siguiente tema: “” Manera de entrar, si a alguien le interesare: pinchar en el enlace que se halla en la página presente, abajo en la derecha. Saludos de nuevo.
Miércoles, 6 de Mayo 2009
NotasHoy escribe Antonio Piñero Continuamos con la explicación y aclaración del contenido de la Carta a los filipenses. La argumentación cuádruple de Pablo contra sus adversarios en Filipos -que expusimos en nota anterior- se complementa con dos refuerzos (3,12-16 + 17-21): A. Primer refuerzo: con un nuevo ataque personal contra los enemigos (3,18-19): « 18 Porque muchos viven según os dije tantas veces, y ahora os lo repito con lágrimas, como enemigos de la cruz de Cristo, 19 cuyo final es la perdición, cuyo Dios es el vientre, y cuya gloria está en su vergüenza, que no piensan más que en las cosas de la tierra. » Aclaración: · Ellos, los adversarios de Pablo, jactanciosos, se creen ya perfectos (puesto que observan la Ley). No lo son en realidad porque sólo cumplen con cosas que afectan al vientre y a la circuncisión (“su vergüenza”). Los adversarios son en verdad “enemigos de la cruz de Cristo” (3,18). · Él, Pablo, no ha caído en semejante soberbia; sabe que aún no es perfecto, y sigue su carrera luchando para alcanzar la meta, “el premio al que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús” (3,12-16). Precisa así esta idea: « 12 No que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús. 13 Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, 14 corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús. 15 Así pues, todos los perfectos tengamos estos sentimientos, y si en algo sentís de otra manera, también eso os lo declarará Dios. 16 Por lo demás, desde el punto a donde hayamos llegado, sigamos adelante. » Ellos, los adversarios, creen haber alcanzado ya la resurrección. Pero eso es un error: sólo en el mundo futuro se alcanzará plenamente (3,20): Continúa Pablo: « Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo » Sólo en el cielo se transformará el cuerpo humano (cuerpo humillado / miserable, sujeto a la circuncisión) en cuerpo celeste / glorioso, como el de Jesús (3,21): Finalmente añade: « El cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene de someter a sí todas las cosas. » No se cansa de repetir el Apóstol: el premio es la resurrección: el cambio de este cuerpo miserable en uno glorioso. B. Segundo refuerzo: con una exhortación a los filipenses a que sigan su ejemplo. “Sed imitadores míos y fijaos en los que viven según el modelo que tenéis en nosotros” (3,17). Aparente conclusión 4,1-3: « 1 Por tanto, hermanos míos queridos y añorados, mi gozo y mi corona, manteneos así firmes en el Señor, queridos.2 Ruego a Evodia, lo mismo que a Síntique, tengan un mismo sentir en el Señor. 3 También te ruego a ti, Sícigo, verdadero «compañero», que las ayudes, ya que lucharon por el Evangelio a mi lado, lo mismo que Clemente y demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida. » Aclaración: El lector se encuentra aquí de nuevo con lo que parece ser el final de una carta: “Por tanto… manteneos firmes…”. Esta conclusión lleva –como de costumbre— su parte de consejos personales: “Ruego a Evodia y a Síntique que tengan un mismo sentir…”. 4,4-9: « Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. 5 Que vuestra mesura sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. 6 No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias. 7 Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. 8 Por lo demás, hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta. 9 Todo cuanto habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, ponedlo por obra y el Dios de la paz estará con vosotros. » Aclaración: Cuando parece que la carta va a concluir, Pablo cambia una vez más el tema y comienza una nueva exhortación. Si el lector vuelve la vista atrás, observará sin dificultad que 3,1 (“Por lo demás, hermanos míos, alegraos en el Señor…”) encaja perfectamente con 4,4 (“…Estad siempre alegres; os lo repito estad alegres…”). Es difícil sustraerse a la impresión de que 3,1 tiene su continuación natural en 4,4, y que en medio se han colado de rondón unas líneas que tienen toda la apariencia de formar una carta aparte. Ésta comenzaría con “Volver a escribiros…” (3,1b) y concluiría con los últimos consejos y recomendaciones personales: “Te ruego compañero que las ayudes… cuyos nombres están en el libro de la vida” (4,3). Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero. www.antoniopinero.com …………….………………… Hoy en el “Blog de Antonio Piñero” se trata del siguiente tema: “La edificación de un templo nuevo. Perspectivas mesiánicas” Manera de entrar, si a alguien le interesare: pinchar en el enlace que se halla en la página presente, abajo en la derecha. Saludos de nuevo.
Miércoles, 6 de Mayo 2009
Notas
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Con toda razón afirmaba el Predicador bíblico que “nada es nuevo bajo el sol” (nihil sub sole nouum). Los sucesos más sorprendentes o aparentemente extraños han tenido sus paralelos en tiempos pasados. Con frecuencia vienen a nuestra mente imágenes que parecen recuerdos del pasado. Para Platón es lo más natural desde el momento en que “aprender es recordar” (máthesis anámnesis estin: Fedón 73 b). “Lo que fue, eso será; lo que ya se hizo, es lo que se hará; nada es nuevo bajo el sol” (Ecles 1, 9). Quizás el fenómeno sea, como quieren los psicoanalistas, fruto del inconsciente colectivo que vaga sigilosamente por mentes y por épocas. La historia de José, el hijo de Jacob, recoge un acontecimiento que resultó decisivo para el destino futuro del que sería virrey del país del Nilo. Me refiero al acoso con que la mujer de Putifar trató de doblegar la honradez y la virtud del joven desterrado. Cuenta el relato de los hechos que “José era de hermosa presencia y hermoso rostro” (Génesis 39, 6). El detalle atrajo la atención y despertó la pasión de aquella mujer. Putifar era no solamente el amo de José, sino también ministro del Faraón y jefe de su guardia. Pero su mujer no anduvo con rodeos, sino que abordó a su servidor de forma directa y descarada: “Acuéstate conmigo” (hebreo: Schikhbah immî: Gén 39, 7). José le dio razones de su negativa, pero ella insistía “un día y otro día” (hebreo: yôm yôm). Y sucedió que un día encontró a José solo en la casa, lo tomó del manto y le repitió su exigencia: Schikhbah immî. José huyó dejando el manto en manos de su acosadora, que lo utilizó como cuerpo del delito para acusar a José de haberla querido violar. Así las cosas, José dio con su castidad en la cárcel. Pero “Yahveh estaba con él”. Su protección cambió la suerte del prisionero, cuyas dotes adivinatorias le granjearon la libertad y la gloria. José interpretó para el Faraón el sueño de las siete vacas gordas y las siete flacas. En consecuencia fue nombrado jefe de toda la tierra de Egipto para sortear los problemas anunciados por el sueño del Faraón. José emparentó con otro Putifar casándose con su hija Asenet, que fue la madre de Manasés y Efraím. El perfil de la mujer de Putifar rebrota en la cultura griega más clásica por la mano y la imaginación de Eurípides. Este autor, detestado visceralmente por las mujeres, dio vida literaria a figuras espléndidas de mujer. Una de ellas Fedra, esposa de Teseo y algo así como la mujer de Putifar en versión griega. Tuvo un percance similar al de la egipcia, ahora con ocasión de otro joven hermoso y honesto, que era su propio hijastro Hipólito. Fedra, hija de Minos y de Pasifae, era hermana de Ariadna y hermanastra del Minotauro. Teseo contrajo una deuda con Ariadna, que le prestó el hilo necesario para acceder al Laberinto y escapar de él una vez que eliminó al Minotauro. Se la llevó como esposa, pero la abandonó en la playa de una isla desierta. El dios Dionisos acogió a la abandonada, mientras Teseo se casaba con Fedra. Como Teseo había repudiado a su anterior esposa, la amazona Antíope (o Hipólita), su boda con Fedra fue todo menos pacífica. Las amazonas quisieron vengar a la repudiada. Pero el novio no era un cualquiera, sino un héroe legendario, autor de un decálogo de hazañas que lo etiquetaban como invencible. Venció a las amazonas y mató a Hipólita. Teseo era, en efecto, el héroe local de Atenas, del que se decía como signo de veneración y respeto: “Nada sin Teseo”. Después de Heracles (Hércules) era el más grande en el elenco de los héroes de Grecia. De su unión con la amazona había tenido un hijo que aportó a su nuevo matrimonio con Fedra. Era Hipólito, el joven candoroso cuya memoria inmortalizó Eurípides en su tragedia homónima. La obra de Eurípides gira sobre el eje del conflicto enconado entre dos divinidades antagónicas, Afrodita (Venus) y Ártemis (Diana). Venus pretendía atraerlo a las lides amorosas, de las que era patrona y protectora. Pero Hipólito no estaba por la labor y se inclinaba más bien por la caza, práctica preferida por la diosa Diana. Venus consideró la actitud de Hipólito como un desaire a su persona y a sus aficiones. En consecuencia se tomó una venganza digna de su genio y su figura. Hizo que Fedra se enamorara perdidamente de su hijastro. Hipólito, como era obvio, rechazó las pretensiones de su madrastra. Consideraba indecente mancillar el lecho de su padre. Además, se lo impedía su particular devoción por la diosa de la castidad. La reacción de Fedra ante el rechazo fue la misma que la de la esposa de Putifar. Acusó a Hipólito ante su padre de acoso e intento de violación. Un conjunto de temores la impulsaron al suicidio, pues tuvo miedo de que su actitud llegara a conocimiento de Teseo. Temía que su nodriza, conocedora del problema, se fuera de la lengua. Pero antes de morir dejó Fedra un escrito acusatorio contra su hijastro en el que declaraba que Hipólito había pretendió tener relaciones sexuales con ella. Teseo creyó sin vacilación a su mujer y aceptó en su interior sus alegaciones. Maldijo a su hijo y pidió a Poseidón que lo castigara. Y cuando el joven marchaba al destierro, el dios de los mares envió un toro marino que espantó a los caballos de su carro. Hipólito quedó malherido y murió como consecuencia de las heridas. La misma diosa Diana reveló a Teseo toda la verdad del caso. Pero todo fue inútil. La intemperancia de Teso recibió un durísimo castigo al perder a la vez a su hijo y a su mujer. En ambos casos con dosis especiales de amargura. Un suceso similar forma parte de los Hechos Apócrifos de Juan escritos presuntamente por su discípulo Prócoro (cc. 42-44: s. V-VI). El Apóstol se encontraba en Caros, población de la isla de Patmos, visitada a la sazón por el procónsul Macrino. En la misma ciudad vivía una madre viuda, de nombre Procliana, que tenía un hijo de veinticuatro años. La mujer era muy rica. Su hijo, llamado Sosípatro, era hermoso en su exterior sobre toda ponderación. Y como quería Platón, poseía en su interior una sabiduría que el autor de los Hechos compara con la de José. El detalle le traía a la memoria el recuerdo del hijo preferido de Jacob. Procliana se enamoró locamente de su hijo, a quien propuso el proyecto “diabólico” de vivir con ella como marido y mujer. “Todavía soy joven y hermosa”, argumentaba. Le sugería que no tratara con otra mujer, como ella se mantendría alejada de cualquier otro hombre. Los dos podrían ser felices, dueños como eran de grandes riquezas. El hijo se defendía del acoso con toda su capacidad de resistencia. Por fortuna, Juan andaba predicando en la ciudad. Entre sus oyentes se encontraba Sosípatro a quien interpeló el apóstol Juan con una parábola llena de intención y de alusiones. En una ciudad, contaba Juan, vivía una mujer con su hijo único. La mujer se llamaba Seducción; su hijo, No Seducido. Aquella madre intentó seducir a su propio hijo. Pero al no lograrlo después de varios intentos, lo entregó a la muerte acusándolo ante el juez de haberla querido violar. La justicia divina resolvió el problema iluminando el corazón del joven. A un requerimiento de Juan, Sosípatro confesó que consideraba inocente a No Seducido y culpable a Seducción. Pero Procliana insistía en sus “planes diabólicos” y veía con malos ojos su trato con el apóstol Juan. Después de tres días de ausencia del hijo, Procliana lo buscaba como loca. Al verlo junto a Juan, lo sujetó por el vestido y lo retuvo con violencia. Y en ésas estaban cuando pasó por el lugar el procónsul, a quien abordó Procliana. “Loca como estaba por su hijo Sosípatro, rompió en un diluvio de llanto”. Sin el menor recato declaró al procónsul que su hijo la acosaba pidiéndole “que se acostara con él”. El procónsul se indignó contra Sosípatro y lo condenó a perecer miserablemente atándolo a pieles de buey llenas de animales venenosos. Cuando Juan quiso interceder a favor del joven, Procliana lo acusó como instigador y responsable de la conducta injusta de Sosípatro. El procónsul mandó arrestar a Juan y aplicarle el mismo castigo que al muchacho. No había remedio humano que pudiera resolver tan embarazosa situación. Y una vez más, la solución vino de arriba en clave milagrosa. Un terremoto sacudió la tierra en la que sucedían los hechos. Tanto el procónsul como Procliana sufrieron la parálisis de sus manos, mientras mucha gente moría como consecuencia del terremoto. Solamente Juan, Prócoro y Sosípatro permanecían ilesos. El procónsul pidió a Juan que pusiera remedio al desastre. La plegaria del Apóstol hizo que todo volviera a la normalidad. Más aún, el procónsul se convirtió a la fe cristiana con toda su familia. La misma Procliana se transformó en una nueva persona, libre del domino del diablo. Juan vivió mucho tiempo “como huésped de ambos” y fue testigo de sus buenas acciones. Procliana pasó el resto de su vida dedicada al ayuno y a la oración. A esto se le llama un final feliz. Saludos, Gonzalo del Cerro
Lunes, 4 de Mayo 2009
Notas
Hoy escribe Antonio Piñero
Continuamos con la explicación y aclaración del contenido de la Carta a los filipenses. Frente a estos adversarios que hemos descrito en la nota anterior Pablo presenta cuatro argumentos (3,3-11). Sostiene que: 1. Los cristianos son los “verdaderos circuncisos”, el verdadero Israel (la expresión como tal no aparece en esta carta sino en Romanos), los que dan un culto espiritual a Dios (3,3: “Pues los verdaderos circuncisos somos nosotros, los que damos culto según el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús sin poner nuestra confianza en la carne”). Con otras palabras: aunque los cristianos no cumplan la ley de Moisés, no por eso son imperfectos y dejan de salvarse. Aparece aquí una contraposición espíritu / carne (la circuncisión es carnal) que hemos visto ya en la Epístola a los Gálatas. La circuncisión ue trajo Cristo es espiritual: el alam se circuncida -que es lo que importa, no el cuerpo- al creer que Cristo murió en la cruz por salvar a la humanidad. Este argumento se fortalece con un ataque personal a esos adversarios judeocristianos (3,3b-6): “Nos gloriamos en Cristo Jesús sin poner nuestra confianza en la carne, 4 aunque yo tengo motivos para confiar también en la carne. Si algún otro cree poder confiar en la carne, más yo. 5 Circuncidado el octavo día; del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; hebreo e hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo; 6 en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la Ley, intachable” Aclaración: • Ellos, los adversarios de Pablo, afirmaban: nosotros entendemos mejor a Jesús, judío, porque somos verdaderos judíos. • Pablo responde a orgullo con orgullo: Yo, que esto afirmo, soy tan judío como mis adversarios y podría jactarme de ello: soy de la tribu de Benjamín, fariseo, celoso de la Ley. Ahora bien, precisamente por ser tan judío, por haber practicado y conocido tan bien el judaísmo, mi negativa a exigir para el nuevo Israel el cumplimiento de la antigua Ley tiene todo su valor. Esta negativa está bien fundada teológicamente (recordemos de nuevo la argumentación de Gálatas). Ahora hay una ley nueva: la Ley del amor, traída por Jesús, el mesías. Y esto no lo dice un ignorante, sino quien lo sabe bien. Denominar a los cristianos “verdaderos circuncisos” (3,3) o el “verdadero Israel” (Carta a los romanos) no supone que Pablo interprete su teología cristiana como una nueva religión. Todo lo contrario. Para el Apóstol el cristianismo es sólo una revivificación o renovación del judaísmo. La ley antigua ha sido sublimada y recogida en su mejor sustancia por la nueva ley, la del amor. Después de la muerte y resurrección del mesías-cristo, el cristianismo es el único judaísmo posible, un judaísmo bien entendido y auténtico, no una religión nueva. Pablo no se siente traidor a su pueblo. 2. El segundo argumento es un refuerzo de la idea anterior: el conocimiento de Cristo Jesús hace que la observancia de la Ley, que antes de llegada del Mesías era un bien, sea ahora una auténtica basura. Así lo expresa en 3,7-8: “Pero lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. 8 Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo”. Esta expresión era bien ofensiva a sus adversarios judeocristianos. La nueva ley es sabiduría de verdad: es “superexcelente sabiduría de Cristo”: 3,8. 3. El tercer argumento: la “justificación” /salvación (recuérdese Gálatas de nuevo) no viene de la observancia de la Ley, sino de la fe en Cristo (3,9: “No con la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe”). 4. El cuarto: la nueva fe lleva a participar de la resurrección. Sólo al compartir los padecimientos de Cristo se consigue la resurrección (3,10: “y conocerlo a él, a Cristo, y el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte”). Pablo afirma que los adversarios creen falsamente que van a conseguir la resurrección practicando la Ley; pero así no la alcanzarán. Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero. www.antoniopinero.com …………….………………… Hoy en el “Blog de Antonio Piñero” se trata del siguiente tema: “Pablo, su historia. Un libro de Jerome Murphy-O’Connor (y II)” Manera de entrar, si a alguien le interesare: pinchar en el enlace que se halla en la página presente, abajo en la derecha. Saludos de nuevo.
Viernes, 1 de Mayo 2009
Notas
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
El encratismo en los HchAp (II) En el sentido encratita deben interpretarse las historias de la hija de Pedro y la de la hija del jardinero, consideradas como pertenecientes a los primitivos Hechos de Pedro. La historia de la hija de Pedro está contenida en el papiro copto de Berlín 8502,4 en sus páginas 128-135 y puede verse en A. Piñero & G. Del Cerro, Hechos Apócrifos de los Apóstoles, I 540-543. La de la hija del jardinero, recogida en la Epístola del Pseudo Tito, citada por Agustín en Contra Adim., 17,5 puede verse en la misma edición, I 544-545. Un estudio de la carta Epistula Titi, discipuli Pauli, de dispositione sanctimonii, con el texto completo fue publicado por Donatien de Bruyne en la Revue Bénédictine 37 (1925) 47-72. Pedro predicaba en una asamblea de fieles un día de domingo y curaba a numerosos enfermos. Uno de los presentes se atrevió a dirigirse a Pedro para preguntarle por qué, mientras curaba a tantos enfermos, no se cuidaba de su hija que estaba paralítica de uno de sus costados. Pedro quiso explicar que no era cuestión de incapacidad, sino de interés y utilidad. Mandó, pues, a su hija que se levantara y caminara sana para demostrar que nada era imposible para Dios. Hecha la demostración, le ordenó que volviera a su sitio y a su situación. Contó luego que cuando nació su hija, fue advertido por una visión de que nacía con ella una tentación (peirasmós). En efecto, cuando creció, se hizo motivo de escándalo para muchos, porque era muy bella. Entre otros, se enamoró de ella un rico potentado que la reclamó para casarse con ella. Falta un folio del papiro, pero cuando vuelve el relato, los criados del pretendiente traían a la muchacha, enferma de parálisis. Era la providencia divina que velaba por la utilidad de la joven y la había librado de aquella “mancha y vergüenza” (el matrimonio). El frustrado, de nombre Ptolomeo, lloró tanto de pena que se volvió ciego. Pero una visión le recomendó que buscara a Pedro, quien lo sanaría de cuerpo y alma. Después, al morir dejó un legado para la hija de Pedro que el apóstol repartió entre los pobres. El texto del Pseudo Tito cuenta en breves palabras el caso de la hija del hortelano: “Había un hortelano que tenía una hija única, virgen, y suplicó a Pedro que rogara por ella. Así lo hizo, y el apóstol respondió al padre que el Señor le concedería lo que fuera útil para su alma. Y al punto cayó muerta la muchacha… Pero aquel anciano, desconfiado, y sin comprender la grandeza del favor celeste, ignorando, en efecto, los beneficios divinos, suplicó a Pedro que resucitara a su hija única. Así ocurrió, y no muchos días después entró como huésped en casa del anciano un hombre que se fingía creyente. Sedujo a la muchacha, desaparecieron ambos y nunca volvieron a aparecer”. La intención de los autores estos dos relatos delata una mentalidad encratita. El primero no sólo califica negativamente la opción del matrimonio, sino que justifica los hechos con la secuencia de los acontecimientos. Ya lo había previsto la visión, pero quedó bien probado con la evidencia de la realidad. De manera más trágica lo demostraba el Pseudo Tito, pues habla de que el huésped perdidit (perdió) a la hija del hortelano. Los HchTom abundan en calificaciones negativas referidas a las relaciones sexuales entre casados: “Sucia comunión” (12,1), “sucio deseo” (13,1), “relación impura” (51,2), “insensata relación” (52,1). La presencia y la predicación de Tomás provocan reacciones de conversión a la continencia que llegan a su clímax en el caso de Migdonia, la esposa de Carisio, pariente del rey. Carisio se lo explica así a su esposa: “He oído que aquel mago y seductor enseña que nadie debe cohabitar con su esposa” (96,1). Luego, da razón al rey de lo que sucede con una expresión más radical todavía: “Es imposible, dice Tomás según Carisio, que entréis en la vida eterna, que os anuncia, si no os apartáis de vuestras mujeres; e igualmente, las mujeres de sus maridos” (101,3). La situación alcanza su punto álgido cuando Tercia, la esposa del rey, oye la predicación de Tomás y se convierte a la vida de continencia (134-135). Son precisamente las actitudes continentes de Tercia y Migdonia las que motivan la muerte de Tomás. En conclusión, la tendencia encratita es clara en todos los HchAp y está presente en expresiones y comportamientos. Otra cosa es si tal tendencia alcanza los niveles de la herejía. Mi opinión es negativa. Se estima en términos hiperbólicos la vida de castidad. Las calificaciones peyorativas de las relaciones sexuales se dan en boca de toda clase de personajes. Pero la conexión de la continencia con la salvación solamente aparece en contextos polémicos y en boca de personajes resentidos o apasionados, como Demas y Hermógenes, los enemigos de Pablo (HchPlTe 12) o Carisio, el esposo frustrado (HchTom 96 y 101). Lo mismo pasa con las afirmaciones genéricas de que los apóstoles prohíben el matrimonio. Así lo afirman Támiris, el pretendiente rechazado de Tecla (HchPlTe 11 y 16) y Demás y Hermógenes. Carisio dice lo mismo de Tomás. En todos estos casos, de lo que se trata es de subrayar la situación creada por la predicación del apóstol hasta el punto de que será en definitiva la causa de su muerte. Los demás casos pueden interpretarse como la recomendación de una conducta personal expresada en términos rigoristas, cuando no se refiere a las consideradas perversiones, tales como el adulterio, el peor de los pecados para HchTom 51 y 58, o la homosexualidad (HchTom 55). Saludos cordiales. Gonzalo del Cerro
Jueves, 30 de Abril 2009
Notas
Hoy escribe Antonio Piñero
Querido amigos: A causa de la abrumadora tarea de unos recientes compromisos de trabajo, me veo obligado temporalmente a reducir el número de mis notas en este blog. De este modo, mis postales aparecerán los lunes, miércoles y viernes. Como es habitual, los jueves contarán con la colaboración de mi amigo y colega Gonzalo del Cerro. Agradezco por adelantado vuestra comprensión. Y ahora, continuamos con la explicación y aclaración del contenido de la Carta a los filipenses. El problema con los adversarios en 3,2-21: « 2 Atención a los perros; atención a los obreros malos; atención a los falsos circuncisos. 3 Pues los verdaderos circuncisos somos nosotros, los que damos culto según el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús sin poner nuestra confianza en la carne, 4 aunque yo tengo motivos para confiar también en la carne. Si algún otro cree poder confiar en la carne, más yo. 5 Circuncidado el octavo día; del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; hebreo e hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo; 6 en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la Ley, intachable. 7 Pero lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. 8 Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo, 9 y ser hallado en él, no con la justicia mía, la que viene de la Ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe, 10 y conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, 11 tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos. 12 No que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús. 13 Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, 14 corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús. 15 Así pues, todos los perfectos tengamos estos sentimientos, y si en algo sentís de otra manera, también eso os lo declarará Dios. 16 Por lo demás, desde el punto a donde hayamos llegado, sigamos adelante. 17 Hermanos, sed imitadores míos, y fijaos en los que viven según el modelo que tenéis en nosotros. 18 Porque muchos viven según os dije tantas veces, y ahora os lo repito con lágrimas, como enemigos de la cruz de Cristo, 19 cuyo final es la perdición, cuyo Dios es el vientre, y cuya gloria está en su vergüenza, que no piensan más que en las cosas de la tierra. 20 Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo, 21 el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene de someter a sí todas las cosas. » Aclaración: Vamos en primer lugar a obtener una idea –a partir de lo que acabamos de leer- de quiénes son estos adversarios del Apóstol y qué nociones teológicas sostienen. Nos enteraremos también con qué razones se defiende Pablo de ellos. Los enemigos son: • Falsos maestros, “obreros” de (otro) Evangelio: 3,2. • Defienden la necesidad de la circuncisión (3,2), es decir, no basta con proclamar que Jesús es el mesías; para salvarse y ser perfecto es obligatorio cumplir la ley de Moisés, simbolizada en la circuncisión (3,19). • Probablemente se consideran cristianos perfectos (se deduce indirectamente de las afirmaciones en contrario de Pablo en 3,12.15). • Creen que han conseguido ya la resurrección (3,11). • Más en concreto, obedecen las prescripciones sobre las alimentos de la ley de Moisés: Pablo despectivamente afirma por ello que “su Dios es el vientre” (3,19). • Son gente jactanciosa: “se glorían en su vergüenza” (3,19), es decir, en su miembro masculino circuncidado (recordemos la frase ofensiva de Pablo sobre el mismo tema en Gálatas 6,13: sus adversarios “desean ver a los gálatas circuncidados para gloriarse en su carne”). Según estos rasgos, los adversarios parecen ser gente de talante parecido a los que encontramos en Gálatas. Podemos concluir tentaviamente, por tanto, que son judeocristianos del “partido de la circuncisión”, es decir, otros cristianos, procedentes probablemente de la iglesia madre de Jerusalén que tienen de Jesús otras ideas distintas a las de Pablo. Con otras palabras. Interpretan a Jesús de otro modo y albergan nociones diferentes respecto a cómo es la salvación La idea principal de estos adversarios es: para ser cristiano perfecto hay que seguir observando la ley de Moisés. Pero, a la vez, tienen un cierto barniz "gnóstico": que la resurrección sea ya algo presente y no futuro era un rasgo típicamente gnóstico. Es lo que se llama “escatología realizada”: no hay que esperar al fin del mundo que vendrá: la salvación se ha realizado ya en el interior de los creyentes. Puede decirse que incluso ha tenido lugar ya la resurrección. Dos impresiones se obtienen de lo que acabamos de leer: • Primera: Pablo encontraba en muchos sitios una fuerte oposición a su manera de entender el Evangelio. Como sabemos ya por la Epístola a los gálatas una de sus ideas centrales es: tras la muerte y resurrección de Cristo la antigua ley de Moisés no tiene validez. Esta proclamación levantaba muchas ampollas tanto entre los judíos normales como entre los judeocristianos, que compaginaban su creencia en Jesús como mesías con la observancia de la ley de Moisés. • Segunda: en el cristianismo primitivo no se formó de inmediato una ortodoxia; había modos muy diversos de entender lo que a la larga iba a ser una "nueva religión", pero que ahora estaba formándose entre agrias discusiones teológicas. Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero. www.antoniopinero.com …………….………………… Hoy en el “Blog de Antonio Piñero” se trata del siguiente tema: “La plegaria de las emanaciones. Una oración maniquea del siglo IV (V)” Manera de entrar, si a alguien le interesare: pinchar en el enlace que se halla en la página presente, abajo en la derecha. Saludos de nuevo. .................... Mi amigo y colega José Montserrat Torrents me remite l siguiente nota para que la haga pública: « "El barquero de los dioses", » novela histórica, aparecerá publicadan por entregas periódicas en el blog http://totmes.blogspot.com/. El argumento transcurre en Egipto en el siglo V de la Era Común, y narra los esfuerzos de los últimos paganos por preservar la cultura del antiguo Egipto, y en particular la escritura jeroglífica, de la desaparición definitiva. El contexto histórico y geográfico está rigurosamente contrastado. Saludos de José Montserrat
Miércoles, 29 de Abril 2009
NotasHoy escribe Antonio Piñero Continuamos con la breve explicación del contenido de la Carta a los filipenses de Pablo de Tarso 2,12-18: « 12 Así pues, queridos míos, de la misma manera que habéis obedecido siempre, no sólo cuando estaba presente sino mucho más ahora que estoy ausente, trabajad con temor y temblor por vuestra salvación, 13 pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece. 14 Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones 15 para que seáis irreprochables e inocentes, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación tortuosa y perversa, en medio de la cual brilláis como antorchas en el mundo, 16 presentándole la Palabra de vida para orgullo mío en el Día de Cristo, ya que no habré corrido ni me habré fatigado en vano. 17 Y aun cuando mi sangre fuera derramada como libación sobre el sacrificio y la ofrenda de vuestra fe, me alegraría y congratularía con vosotros. 18 De igual manera también vosotros alegraos y congratulaos conmigo. » Aclaración: “Temor y temblor” es una frase querida por Pablo que usa de nuevo en 2 Corintios 7,15. Expresa la reverencia y la sumisión del ser humano ante lo divino. Sigue la parte exhortativa de la carta que se traduce en un apremio a los filipenses a que continúen con la tarea de vivir conforme a la fe recibida para conseguir la salvación (v. 12: “trabajad por vuestra salvación”): el objetivo es ser hijos de Dios sin tacha en este mundo corrompido. La salvación es gracia de Dios (v. 13): tiene la compensación de la gloria / buen estado de reposo y gozo final en el paraíso. El “día de Cristo” nos es ya conocido: el fin del mundo, que está muy cercano. El v. 17 expresa de nuevo el temor de que su encarcelamiento acabe en condena a muerte. 2,19-30: « 19 Espero en el Señor Jesús poder enviaros pronto a Timoteo, para quedar también yo animado con vuestras noticias. 20 Pues a nadie tengo de tan iguales sentimientos que se preocupe sinceramente de vuestros intereses, 21 ya que todos buscan sus propios intereses y no los de Cristo Jesús. 22 Pero vosotros conocéis su probada virtud, pues como un hijo junto a su padre ha servido conmigo en favor del Evangelio. 23 A él, pues, espero enviaros tan pronto como vea clara mi situación. 24 Y aun confío en el Señor que yo mismo podré ir pronto. 25 Entretanto, he juzgado necesario devolveros a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de armas, enviado por vosotros con el encargo de servirme en mi necesidad, 26 porque os está añorando a todos vosotros y anda angustiado porque sabe que ha llegado a vosotros la noticia de su enfermedad. 27 Es cierto que estuvo enfermo y a punto de morir. Pero Dios se compadeció de él; y no sólo de él, sino también de mí, para que no tuviese yo tristeza sobre tristeza. 28 Así pues, me apresuro a enviarlo para que viéndolo de nuevo os llenéis de alegría y yo quede aliviado en mi tristeza. 29 Recibidlo, pues, en el Señor con toda alegría, y tened en estima a los hombres como él, 30 ya que por la obra de Cristo ha estado a punto de morir, arriesgando su vida para supliros en el servicio que no podíais prestarme vosotros mismos. » Aclaración: Pablo inicia un tema personal que da toda la impresión de ser el paso previo al final de una de sus cartas, como ocurre en otras ocasiones: concluye la exhortación y comienzan las noticias sobre personas y eventos. Habla con devoción del caso de Epafrodito: cómo sufrió al verlo enfermo. Pronto enviará a Filipos a su fiel Timoteo, para que conforte a la comunidad y vuelva con noticias. Si puede, también él, Pablo, piensa viajar a la ciudad. Además devolverá a los filipenses a Epafrodito, un cristiano enviado por aquellos a Pablo para llevarle una ayuda económica y servirle de apoyo en la prisión. Posteriormente trataremos de la cuestión de como parece que aquí va a acabar la carta: ¿ha fundido un redactor posterior varias cartas de Pablo? 3,1: « Por lo demás, hermanos míos, alegraos en el Señor... Volver a escribiros las mismas cosas, a mí no me es molestia, y a vosotros os da seguridad. » Aclaración: Este versículo tiene visos de ser como las dos o tres líneas finales de una carta que resume lo anterior. En ellos se repite un tema importante: “Por lo demás, alegraos en el Señor…”, la alegría de Pablo por la fe y el amor de los filipenses que penetra toda la carta. 3,2: « Atención a los perros; atención a los obreros malos; atención a los falsos circuncisos. » Aclaración: El pensamiento del Apóstol se interrumpe, cambia bruscamente de tema y se inicia lo que parece ser una misiva o escrito distinto. En el v. anterior había escrito: “Volver a escribiros las mismas cosas a mí no me molesta…”. Pero a continuación nos topamos con una diatriba fortísima contra un grupo de enemigos, antes no mencionados (salvo, quizás, la leve alusión de 1,28: “Sin dejaros intimidar en nada por los adversarios, lo cual es para ellos señal de perdición, y para vosotros de salvación”) o, al menos, no con este tono tan feroz: “Atención a los perros…” “Perros” es el vocablo despectivo que utilizaban los judíos para referirse a los paganos. Así, el mismo Jesús lo usa, con una cierta delicadeza, cuando se dirige a la mujer sirofenicia –por tanto, pagana- que le pide que cure a su hija: “No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos” (Mc 7,27). Este uso se da también en otras culturas, como es bien sabido. Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero. www.antoniopinero.com …………….………………… Hoy en el “Blog de Antonio Piñero” se trata del siguiente tema: “Pablo, su historia. Un libro de Jerome Murphy-O’Connor” Manera de entrar, si a alguien le interesare: pinchar en el enlace que se halla en la página presente, abajo en la derecha. Saludos de nuevo.
Martes, 28 de Abril 2009
NotasHoy escribe Antonio Piñero Continuamos comentando y aclarando brevemente el contenido de la "Carta a los filipenses": 2,6-11: « 6 El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. 7 Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; 8 y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. 10 Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, 11 y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre. » Aclaración: Es éste uno de los textos más importantes para comprender la teología de Pablo, pues en él se expresa probablemente, por vez primera en la historia del cristianismo, la noción de la preexistencia de Cristo, lo que supone la concepción de la plena divinidad de éste, sea cual fuere el modo exacto como se entienda o se explique. Probablemente no hay añún nociones claras. Como ejemplo supremo de humildad presenta Pablo a Cristo en este famoso himno. Es éste un texto muy discutido: no se sabe a ciencia cierta si esos vv. son una creación de Pablo (cf. Hch 16,25: Pablo y Silas están en la cárcel y pasan la noche cantando himnos a Dios; es decir, los primeros cristianos componía himnos, salmos y cánticos espirituales para sus oficios litúrgicos) o algo heredado por él de cristianos anteriores, que transmite a sus lectores filipenses. Probablemente es herencia previa, quizá de su comunidad de Antioquía, pero una herencia que él ha remodelado. Se trataría de un himno a Cristo compuesto por cristianos que se inspiraron en temas de la Sabiduría divina -pensada como una “hipóstasis”, es decir, personificada- como si fuese una entidad autónoma divina que ha sido emanada por la divinidad, que baja a la tierra para tener su morada entre los hombres. El texto clave se halla en Eclesiástico 24,3.6-8.10-12: « 3 Yo salí de la boca del Altísimo, y cubrí como niebla la tierra. 6 Las ondas del mar, la tierra entera, todo pueblo y nación era mi dominio. 7 Entre todas estas cosas buscaba reposo, una heredad en que instalarme. 8 Entonces me dio orden el creador del universo, el que me creó dio reposo a mi tienda, y me dijo: "Pon tu tienda en Jacob, entra en la heredad de Israel". 9 Antes de los siglos, desde el principio, me creó, y por los siglos subsistiré. 10 En la Tienda Santa, en su presencia, he ejercido el ministerio, así en Sión me he afirmado, 11 en la ciudad amada me ha hecho él reposar , y en Jerusalén se halla mi poder. 12 He arraigado en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad. » También parece haber ecos en el himno de los poemas del “Siervo sufriente de Yahvé” (Isaías 53), que finalmente triunfa: « 1 ¿Quién dio crédito a nuestra noticia? … 2 Creció como un retoño delante de Yahvé, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. 3 Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta. 4 ¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. 5 El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados. 6 Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y Yahvé descargó sobre él la culpa de todos nosotros. 7 Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca. 8 Tras arresto y juicio fue arrebatado, y de sus contemporáneos, ¿quién se preocupa? Fue arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías de su pueblo ha sido herido; 9 y se puso su sepultura entre los malvados y con los ricos su tumba, por más que no hizo atropello ni hubo engaño en su boca. 10 Mas plugo a Yahvé quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahvé se cumplirá por su mano. 11 Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará. 12 Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes. » Entre los judíos de la época de Pablo no se sabia muy bien a qué personaje se había referido el profeta. Lo normal era que se interpretara como una profecía del sufrimiento del pueblo elegido en su conjunto, personificado, que luego sería vindicado por Dios. Los cristianos, por su parte, interpretaron que este pasaje se refería a los sufrimientos de Jesús en la Pasión. A partir del v. 10 se veía una alusión oscura a la resurrección de Jesús. Pablo por su parte quizá exprese tal doble herencia (Eclesiástico e Isaías) e interpretación redondeándola con sus propias palabras. El pensamiento del himno corresponde al esquema siguiente: un ser divino desciende a la tierra (= humillación), sufre la muerte, pero luego es exaltado (“conceder un nombre” es en el pensamiento hebreo igual a otorgar a alguien un estado especial al que lo otorga). VV. 6-7: “El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. 7 Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre” Aclaración: No es seguro el sentido de estas palabras: Cristo “tiene la forma de Dios”, o existe en la “forma de Dios”; pero no “retuvo como botín el ser semejante a Dios, sino que se hizo semejante al ser humano”. ¿Es ésta una afirmación parecida a la del prólogo del Evangelio de Juan: Cristo es Dios y preexiste como Dios antes de encarnarse como hombre? Probablemente sí, hay que verla como un precedente. De lo contrario, si aquí se afirmara que Cristo no es Dios sino sólo creado a imagen o forma de Dios (como sostienen algunos intérpretes), el “rebajarse” a ser mero hombre no tendría mérito alguno y no valdría como ejemplo supremo de humildad. Pero si Jesús es realmente Dios y se hace hombre, se le puede presentar también realmente como un caso formidable de humildad o autohumillación. Ahora bien, se trata de una humildad recompensada (Pablo implícitamente piensa: igual pasará con los cristianos): Dios “exalta” a Jesús y le “otorga el Nombre que está por encima de todo nombre” (v. 7). Es decir: la divinidad confirma ante los ojos de todos que su Hijo es verdaderamente Dios como Él mismo. Por tanto, toda rodilla debe doblarse ante Él (Cristo) y confesar que es el Señor = Dios. Si Pablo ha heredado de cristianos anteriores esta confesión de fe, y si –como veremos luego— Filipenses está compuesta en torno a los años 54-58 (unos 25 años después del ajusticiamiento de Jesús), ello quiere decir que la teología sobre Jesús como mesías-Dios (cristología) avanzaba muy deprisa en el cristianismo primitivo. Pablo recibe ya una herencia que sitúa a Jesús en la esfera de lo divino: Cristo resucitado tras su muerte en cruz tiene un poderío cósmico (v. 10: poder terrestre / celeste / subterráneo); es Dios. Al ser heredada, no sería ésta una teología que se invente Pablo partiendo de la nada. Todo consiste en aplicar a Jesús, porque se cree que es así, lo que antes oscuramente la Escritura había dicho de la Sabiduría divina. Cristo es esa Sabioduría encarnada. Humillada al encarnarse y sufrir por la humandidad; pero luego exaltada al cielo y victoriosa tras su sacrificio. Aparte de la teología, la lección moral del himno es clara: los cristianos no deben aferrarse a su situación de privilegiados (por su fe), sino ser humildes siervos de Dios, obedientes a Él hasta la muerte si es preciso, como Cristo. Seguiremos. Saludos cordiales de Antonio Piñero. www.antoniopinero.com …………….………………… Hoy en el “Blog de Antonio Piñero” se trata del siguiente tema: “Pedro, príncipe de los apóstoles” Manera de entrar, si a alguien le interesare: pinchar en el enlace que se halla en la página presente, abajo en la derecha. Saludos de nuevo.
Lunes, 27 de Abril 2009
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Editado por
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.
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