CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero

(11-11-2021.- 1195)


“Redescubrir a Jesús de Nazaret”. La importancia de la tradición oral

 Escribe Antonio Piñero
 
El capítulo 2 del librito de James D. G. Dunn, que empecé a comentar en la postal anterior se titula: “Antes de los Evangelios. ¿Qué significa recordar a Jesús en los primeros momentos?”, y tiene que ver con el planteamiento que el estudioso de los Evangelios debe tener ante la tradición oral. Esta es la base indudable –según Dunn– de los escritos evangélicos.
 
El problema radical de la investigación consiste en que emprendió su camino en serio de estudio y crítica cuando ya se había inventado la imprenta, y cuando se consideraron a los Evangelio como un estricto producto de la literatura, no oral, sino plenamente escrita. Gran error, porque no es así, sostiene Dunn. Al ser los seguidores de Jerusalén en su gran mayoría analfabetos funcionales (como se dijo igualmente en la postal anterior), toda la transmisión primigenia sobre Jesús fue oral. El “paradigma literario” para comprender a los Evangelios es del todo punto insuficiente.
 
Argumenta Dunn que en la tarea del método denominado “Historia de las formas” para indagar hacia el fondo en los diversos estratos de los evangelios hasta llegar a lo que pudo proceder genuinamente de Jesús, sentenciaba que cada estrato evangélico fue un documento escrito. Esto no es verdad. Así que si el método es erróneo, las conclusiones lo serán igualmente. Opina Dunn: si se sigue el método de la “Historia de las formas”, la triste conclusión es que entre la muerte de Jesús y las primeras manifestaciones/recogidas de material escritas pasaron unos 20 años, y que no hay manera de llenar ese hueco.
 
La solución, según Dunn, consiste en estudiar a fondo cómo se comportaba la tradición oral en el siglo I y en Israel en concreto. Y si se hace correctamente esta investigación…, ocurrirá que caeremos en la cuenta de que no existe ese hueco de 20 años, ese absoluto vacío, sino que la tradición oral se forma tanto en la vida de Jesús como inmediatísimamente después…, sin dilación alguna. De ello se deduce que gracias a la tradición oral estamos prácticamente tocando con la punta de los dedos aquello que puede saberse del Jesús histórico.
 
Dunn emprende una suerte de minihistoria de los métodos modernos para el estudio de la tradición oral, del comportamiento individual de la memoria individual y colectiva, de si existen o no leyes que permitan discernir entre lo que se olvida voluntariamente, porque no interesa, y lo que la memoria añade porque sí interesa.
 
Dunn rechaza como improcedentes los estudios sobre las sagas homéricas y el folklore yugoeslavo antiguo (Milman Parry), y considera más oportuno el examen  moderno del comportamiento de la memoria social y cultural: Esta estudia cómo se  generan las tradiciones que afectan a grupos sociales consistentes dentro de sociedades cuya cultura se basaba sobre todo en la tradición oral. Por ejemplo, la de los judíos, en la cual –aunque su Biblia se hallaba codificaba por escrito– la gente no la leía, sino que la escuchaba y la aprendía de memoria….
Dunn, a base de estos estudios, puede describir con seguridad los rasgos de esa tradición oral.
Primero la tradición es ante todo una representación semiteatral y es como revivir un acontecimiento. Segundo: la tradición oral es esencialmente comunitaria. Tercero: en esa representación podía haber ciertas variaciones debidas a las circunstancias…, pero era de algún modo algo formalmente controlado; el transmitente no podía inventarse nada sustancial porque había maestros en la comunidad o escribas que conocían la tradición y no se lo permitirían. La tradición era, por lo tanto, algo fiable. Cuarto: no había estrictamente una versión original de la que dependieran las distintas y posteriores “representaciones”, sino que ya desde su origen tenía pequeñas variantes. Quinto rasgo (consecuente): la tradición es “firmeza y flexibilidad; estabilidad y diversidad”.
 
Todo ello conduce a una conclusión: el núcleo estricto de la tradición es fiable y correcto. Y esta conclusión empalma con la del capítulo anterior: la fe en Jesús empieza en su vida misma, no después de la creencia en su resurrección: es prepascual y no postpascual. La fiabilidad histórica de los Evangelios en su núcleo queda así vindicada. El impacto de Jesús sobre sus seguidores hizo que la tradición sobre él comenzara en su vida misma. Y tras su muerte se transformó en recuerdos fidedignos.
 
Toda esta teoría está bien construida. Pero se encuentra con tres grandes e insuperables dificultades, en mi opinión:
 
1. Los evangelistas se copian unos a otros cuando la tradición ya está formada, y la varían sustancialmente: de ahí que gracias a esas variaciones, la denominada “Crítica de la redacción” puede escribir libros sobre la teología de específica acerca de Jesús de Mateo, de Lucas  e incluso de Juan… todo ello después del primer Evangelio, Marcos. Y acerca de este evangelista–tras muchos y concienzudos estudios– se observa cómo ha manipulado personalmente la tradición oral recibida… y no solo la oral, sino la escrita… como se percibe claramente cómo Marcos altera la historia previa de la Pasión que tenía ente sus ojos.
 
2. Esa tradición que afecta a Jesús (de la que Dunn ve el ejemplo señero en la Fuente Q) solo reproduce fundamentalmente dichos, y algunos hechos, pocos, de Jesús como un maestro estrictamente judío. Fundamenta, pues, por otras vías, lo que ya sabemos: Jesús fue un judío estricto, de tonalidad farisea, experto en la ley judía que observaba en su integridad, de quien no puede esperarse nada que supusiera un rompimiento radical con su religión. ¡Es un Jesús tan judío… que no pudo fundar una religión nueva!
 
3. Y entonces… toda la teología esencial del cristianismo, la reflexión teológica sobre si era o no el mesías de Israel; si se atribuía o no a sí mismo el título mesiánico de Hijo del Hombre; si se creía un ser divino o solo un mero hombre; si resucitó o la resurrección es una creencia teológica posterior; si tuvo consciencia Jesús de ser el redentor no solo de los judíos, sino de la humanidad entera; si su muerte era vicaria por todos los humanos y el derramamiento de su sangre en la cruz suponía el perdón los pecados de todos los hombres; si siendo estrictamente de religión judía pudo fundar un culto, como la eucaristía, que daba al traste en absoluto con la función del templo de Jerusalén…
 
Así que la tradición oral solo me vale para confirmar el estricto y profundo judaísmo de Jesús. Con otras palabras: la tradición oral no sirve para plantearse y resolver los graves problemas de la autoconsciencia de Jesús, la idea propia de su figura y misión… todo lo que es en suma, la teología básicamente paulina de la reinterpretación de Jesús  hasta hoy día… que toma su forma casi definitiva en el credo niceno-constantinopolitano.
 
Todas esas cuestiones intenta resolverlas la crítica histórica y literaria de los Evangelios como textos escritos. La investigación crítica e independiente, que debe esforzarse por no tener pre-juicio alguno.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
https://www.trotta.es/libros/los-libros-del-nuevo-testamento/9788413640242/
 
Jueves, 11 de Noviembre 2021

(1194. 9-11-2021)



Hoy escribe Antonio Piñero

Hace ya seis años, 2015, que Ediciones Sígueme, de Salamanca, ha presentado la edición en castellano de este librito (126 pp. en formato de libro de bolsillo. ISBN: 978-84-301-1972-8) del exegeta británico, metodista, bien conocido, James D. G. Dunn, fallecido hace bien poco. Dunn ha publicado obras extensas sobre Jesús, Pablo y el cristianismo primitivo.
 
La obra es como una última reflexión, y una suerte de queja, tras la publicación de su “Jesús recordado”, a causa –en su opinión de que la investigación histórica “parece” haber olvidado. Y digo “parece” porque –como ocurre en la práctica– los exegetas confesionales no leen ni citan otras obras, que no sean las de sus colegas de Facultades de Teología y sedes análogas, obras aunque sean aparentemente rompedoras. Por más que algunos autores “confesionales” mantengan tesis extravagantes (como las del Jesus Seminar), sus obras reciben atención.
 
Para empezar Dunn afirma que la “investigación” histórica olvida algunos principios básicos de la “búsqueda” del Jesús histórico. Los fallos cometidos son tres: 1. La investigación ha sido incapaz de distinguir entre el efecto que produjo Jesús y la valoración subsiguiente de él. 2. Se ha valorado y contemplado aj a través de una cultura literaria, basada en textos escritos, los evangelios naturalmente, pero olvidando que detrás de ellos había una cultura oral. No se ha prestado la debida atención a que la primera tradición evangélica procede en su mayoría de formas orales, no prestando atención a que el impacto de Jesús comenzó a perdurar en una sociedad donde lo cultural y lo histórico se plasmaba y transmitía de forma oral. Y 3. La reconstrucción del Jesús histórico ha sido realizada por una crítica que se ha perdido en discutir detalles, a veces sin importancia, y ha perdido de vista la imagen global, característica, emblemática de Jesús.
 
Iré considerando la descripción de estos fallos, cómo los comenta Dunn e iré haciendo mis observaciones según los capítulos de su libro (tres) que explican tales fallos y los remedios que Dunn propone para corregirlos.
 
Según este esquema, el cap. primero aborda el tema de la fe y se pregunta: ¿Cuándo se convirtió la fe en un factor en la tradición de Jesús? La respuesta de Dunn es: desde los primeros momentos de su actuación Jesús, con su magnetismo, su carisma, sus exorcismos, sanaciones y su oratoria atrajo la atención de sus seguidores de modo que ya en vida de él, esos seguidores comenzaron a comentar y coleccionar sus dichos y hechos, tanto sus amigos, como Marta y María (Lc 10,38; Juan 11,5), como otros más cercanos. De modo que –concluye Dunn– la fe en Jesús no es un producto postpascual, nacido de la creencia en su resurrección, sino que hay mucho material de Jesús que fue recogido ya en vida de este. Por tanto no está condicionado por la creencia en un Cristo celestial.
 
Para acceder al Jesús histórico no hay que suprimir la fe los primeros cristianos, y plantear la investigación “como una lucha épica entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe” (pp. 24-25) no tiene sentido alguno, como ha ocurrido en muy diversas etapas de la investigación. La fe en Jesús nace por el impacto de Jesús en sus seguidores durante toda su vida, y comienza mucho antes de su muerte. No hay contaminación de “fe cristiana” (aún no formada) en ese impacto.
 
Mis observaciones, a modo de respuesta a esta tesis son las siguientes:
 
1. La pretendida ignorancia puede darse en los autores que Dunn ha manejado, pero no en la investigación independiente, desde mitad del siglo XIX, y sobre todo desde principios del XX en la en lengua inglesa y francesa, sobre todo.
 
Naturalmente no toda la tradición de Jesús ha sido contaminada por la fe (que nace quizás entre los helenistas, pero cuyo representante principal y por escrito, es Pablo). Pero ese material son dichos y hechos que no afectan al sentido de la muerte vicaria de Jesús por el perdón de los pecados, ni a su glorificación a los cielos con todos los predicamentos del Cristo celestial.
Afirmo que todo lo posiblemente recogido en vida de Jesús sobre la ética y enseñanza de este nos lo dibuja como un maestro plenamente judío, como un fariseo ciertamente sui generis pero al fin y al cabo, fariseo. Nada hay especialísimo y original en su ética y en sus dichos, sino que ese material contiene rasgos del Jesús histórico como buen maestro de la Ley, radical, que pretende profundizarla e ir a lo esencial de ella para mejor cumplirla.
 
Una buena muestra de este impacto de Jesús se recogió en su región natal, Galilea, en donde pasó gran parte de su vida pública. Se trata de la colección de sentencias (menos dos relatos: las tentaciones y la curación del siervo del centurión) de Jesús, que fue hecha, sin duda en esa región y en la que no aparece para nada su muerte y su resurrección, ni hay rastros de fe alguna en sentido sobrenatural. A partir de la lectura este documento (reconstruido) da la impresión de que en su momento no existía una teología firme sobre la cruz, es decir, sobre el sentido de que el suplicio de la cruz fuera  parte notable e importante de un plan divino salvador de la humanidad entera, y de Jesús lo aceptara consciente y voluntariamente.
 
Los recuerdos de Jesús en esos momentos eran ciertamente fruto de conversaciones de sus amigos y conocidos, más o menos numerosos, sobre el impacto de su predicación, sobre sus dichos y sentencias, mas las acciones de sanación o exorcismo,… No hay nada más que meros recuerdos y comentarios elogiosos, ya que Jesús seguía vivo y a su lado. Y si lo único que hacían era recordar y comentar, probablemente no recogieron nada por escrito de tales dichos y acciones, entre otras razones porque el pueblo judío (según las últimas tendencias de la investigación) no estaba alfabetizado. Ni siquiera los varones y al 90%, como se ha afirmado siguiendo las exageraciones de Flavio Josefo, sino que los judíos de la época eran en su inmensa mayoría analfabetos funcionales. Es, pues, improbable que la tradición de Jesús en esos momentos fuera escrita. Ciertamente solo oral. No hay aquí apenas discusión alguna.
 
Esos recuerdos de Jesús y esa “fe” en Jesús que Dunn constata no pasan de ser el fruto del impacto de un maestro religioso plena y típicamente judío. Sin más. En este material no hay rasgos que promuevan disputa técnica alguna entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe. Sinceramente, me parece que esta observación de Dunn sobre el impacto de Jesús en vida no conduce a nada práctico acerca de este dilema. Y en todo caso…, si algunos de sus seguidores empezaba a barruntar que Jesús, además de profeta, podría ser el mesías, la imagen de este mesías sería totalmente judía, como muestra la reprensión que, según Marcos, Jesús dirigió a Pedro por no interpretarlo como un mesías sufriente y aparentemente fracasado (Mc 8,32…) y como indica la afirmación sobre la figura de Jesús en Lc 24, 21 (“Nosotros esperábamos que Él era el que había de redimir a Israel”), y sobre su propósito en Hch 1,6 (“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”).
 
Sostengo que, cuando Dunn argumenta que este hecho significa una prueba general en contra de la tesis de que la tradición de Jesús está “toda ella contaminada” por la fe postpascual, no está probando nada, porque este material se refiere –como digo– a un Jesús judío, profeta y maestro, pero puramente judío. No hay en ese material fe sobrenatural alguna sobre su misión universal como mesías que trasciende los límites del judaísmo. Y a partir de esos relatos evangélicos, de dichos, sentencias y parábolas no construye la investigación independiente ningún judío idiosincrático a gusto de los “prejuicios del investigador” (pp. 41-43). En todo caso afirma que en la ética y enseñanza de Jesús no hay estrictamente idea novedosa alguna, ni siquiera en el amor a los enemigos (Levítico 19,18).
 
Afirmo que Dunn exagera cuando sostiene que la investigación “ha sido incapaz de reconocer que el impacto generador de fe que Jesús hizo en aquello a los que llamó al discipulado es el punto de partida, obvio y necesario, para intentar remontarnos hasta Jesús” (p. 45). Respondo: claro que lo reconoce…, pero hay que insistir una y otra vez en que lo único que se obtiene de esa “fe” es un Jesús histórico como un maestro de la ley y de la ética plenamente judíos… Por tanto lo que se obtiene tampoco interesa o impacta demasiado en un creyente actual, puesto la imagen es la de un Jesús judío y nada más. Nada que afecte a la fe en un Cristo celestial…, que es lo que importa de verdad al que reflexiona sobre su fe cristiana hoy.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
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Martes, 9 de Noviembre 2021

Pocas cosas son tan importantes para el cristianismo como la salvación del alma. Una palabra tan breve, sin embargo, presenta una dificilísima tarea: entenderla según las distintas fases históricas y los diferentes pueblos que, a la larga, conforman la tradición y los orígenes (son muchos, por lo tanto en plural) del cristianismo.

Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.


064. El alma (I): nephesh y ruah en hebreo.
El alma perpetua. Pintura de Leo Arellano Spinetti.

Nuestra palabra española “alma” desciende del latín animam, pronunciado ánimam. Quizá pueda parecer claro su significado en la actualidad, pero es mucho lo que hay que decir sobre él respecto al pasado. Un apunte quizá pueda abrir el tarro de las esencias: animam está emparentada con anemómetro (griego ἄνεμος, ánemos, viento). Su origen esta en el indoeuropeo *anə, que significaba respirar.
 
Si nos remontamos al mundo semítico del que formaban parte los reinos de Israel y Judá, encontraremos los apuntes necesarios para entender algunas ideas del judaísmo que respiraban Jesús y Pablo, y podremos entender cómo varió el ideario cristiano durante sus primeros años de vida.

Nephesh. En el Antiguo Testamento esta palabra indicaba algo que es imprescindible para la vivir o seguir vivo (1 Sam 19, 11: si no salvas tu nephesh esta noche, mañana morirás). Pero también incluye en algunos pasajes la cualidad del pensamiento (Gen 23, 8: si tu nephesh desea que yo…). Pero el término nephesh está también relacionado con:

- la sangre (Gen 9, 4: sólo dejaréis de comer la carne con su nephesh, es decir, con su sangre);
- la respiración (Jeremías 15, 20: Mal lo pasó la madre de siete hijos: exhalaba el nephesh);
- el corazón (Josué 22, 5: Únicamente preocupaos de guardar el mandato y la Ley que os dio Moisés, siervo de Yahveh: que améis a Yahveh vuestro Dios, que sigáis siempre sus caminos, que guardéis sus mandamientos y os mantengáis unidos a él y le sirváis con todo vuestro corazón y con toda vuestra nephesh).

De hecho, la relación con la sangre parece tener mucho que ver con la idea de que el nephesh seguía en el cadáver de alguna manera mientras éste no perdiera la sangre (hablando de un muerto dice Job 14, 22: Tan solo por él sufre su carne, sólo por él se lamenta su nephesh). Y Elías devolvió el nephesh al niño que resucitó (1 Reyes 17, 17-22).
Estas relaciones invitan a pensar que el nephesh tenía que ver con el respirar y el conocer, cuya sede, para los antiguos semitas (y griegos y romanos) estaba en el conjunto pulmones-corazón-tráquea.  

Ruah. Por otra parte, en hebreo bíblico también es importante pensar en la palabra ruah, cuya raíz significaba “viento”, a veces “respiración”: Gen 3, 8: Oyeron luego el ruido de los pasos de Yahveh Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la ruah (brisa); Éxodo 15, 8: Al ruah (soplo) de tu ira se apiñaron las aguas…

También podría indicar información y recoger así las ideas de corazón, pulmones y pensamiento: 2 Reyes 19, 7: Voy a poner en él un ruah, oirá una noticia y se volverá a su tierra. ene ste caso suele traducirse por espíritu. Pero es una traducción dudosa.

Con todo, nepesh y ruah no son términos idénticos en la tradición hebrea más antigua (aunque fueron confundidos en épocas tardías): ruah nunca fue identificado con la sangre ni relacionado con ella; y, de hecho, la idea de conocimiento o información se presenta en pasajes en los que Yahvé entra en un hombre para poseerlo y profetizar (1 Samuel 10, 6: Te invadirá entonces el ruah de Yahveh, entrarás en trance con ellos y quedarás cambiado en otro hombre). E incluso insufla fuerza (Jueces 14, 6: El ruah de Yahveh le invadió, y sin tener nada en la mano, Sansón despedazó al león como se despedaza un cabrito. En estos casos se traduce como “espíritu”.

la idea de que Yahvé esté relacionado con ruah ya echa por tierra la posibilidad de que la sangre se asocie con este término, por la imposible comunidad de naturalezas entre hombres y divinidades.

Por otra parte, y aunque parezca contradictorio, ruah también se relaciona con la vida en sentido procreador y tiene su sede en el estómago, parte sagrada que debía ser ofrecida en los sacrificios animales a Yahvé.

De estas breves notas se puede concluir que, para los antiguos hebreos, no había diferentes partes de la persona: cuerpo / alma, sino un conjunto indisoluble de cuerpo y vida que podía manifestarse tanto en el vivir en sí, el pensar o el desear, como en la divinidad del hecho de estar vivo o del hecho de ser más inteligente que otras personas. Una vida siempre acuciada y frágil, pero vida corpórea al fin y al cabo.

En resumen, el alma que debemos salvar no aparece en el Antiguo Testamento.
 
Saludos cordiales.
 
www.eugeniogomezsegura.es
logos@eugeniogomezsegura.es
 
 
Domingo, 7 de Noviembre 2021

“Compartir” (316) Preguntas y respuestas de 06-11-2021.


La interpretación del capítulo 6 del Génesis.
Génesis 6,4 cuenta como los hijos de los dioses se mezclaron con las hijas de los hombres dando lugar a héroes mitológicos. Supongo que convendrá conmigo que es un pasaje desconcertante.
 
Esto ocurrió con la concepción de héroes como David “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Sal. 51,5), de la Virgen María o del mismo Jesús. Mujeres fecundadas por "dioses".
 
Cuando David se quiere enfrentar a Goliat y su padre no le deja, David le dice: ¿Acaso no he defendido yo los rebaños matando a los osos y leones con mis manos" Esta tradición de hombres extraordinarios , nacidos de una mujer y una fuerza superior, bien David, Jesús, etc. y esto enlazado con Génesis 6,4
 
Tengo, pues, a este respecto las siguientes preguntas:
 
4.1. ¿No da la sensación que en algún momento como dice Génesis "dioses se mezclaron con humanos"?
4.2.¿Conoce más personajes bíblicos que nacieran por "dioses" que se cruzan con mujeres?
4.3.¿Puede dar su interpretación de Génesis 6:4 respecto de esos "dioses" que se cruzan con humanas?
4.4.¿Quiénes pueden ser esos "dioses"?
 
RESPUESTA POR PARTES:
 
4.1: Sí lo dice, pero son dioses del panteón cananeo (y los hebreos son cananeos, pero con una divinidad diferente, Yahvé, que como dios joven da su apoyo, o a veces, lo retira de la escena a ’El / ’Elohim) que los hebreos han rebajado a la categoría de ángeles. Este proceso se llevó a cabo después del retorno del exilio de Babilonia (siglo V a. C.). El proceso de que un dios joven sustituya a uno viejo y “cansado” es común en muy diversas mitologías.
 
Amplío la respuesta con elementos del texto judeocristiano de los siglos III y IV d. C., “La literatura pseudo clementina”, se supone que aparecerá B.A.C. (“Biblioteca de autores Cristianos” ), como volumen IV  y último de los “Hechos Apócrifos de los Apóstoles”. Es un texto y que refleja estupendamente el pensamiento judío
 
He aquí lo que opinan con su cita correspondiente dentro de la literatura pseudoclementina  (H significa “Homilías pseudoclementinas” y R, “Reconocimientos”, otra versión de la Novela del Pseudo Clemente):
 
· Era creencia popular entre los judíos  que hubo una serie de ángeles inferiores (insisto: los dioses del panteón cananeo, revisado  por los judíos) a los que Dios permite que intervengan en la vida de los humanos para acusar a los que habían sido ingratos con Dios y para someter a cada uno allí mismo al castigo merecido: H VIII 12,1; 13,1;
 
· Estos ángeles se convirtieron totalmente en hombres y tuvieron también la concupiscencia humana. Dominados por ella, se deslizaron a la cohabitación con mujeres: H VIII 13,1-2;
 
· Dios, al ver que esos ángeles han quedado encadenados por los lazos de la carne, no les permite volver al cielo: 13,3;
 
· De su unión ilegítima con mujeres nacieron hijos bastardos, mucho mayores que los seres humanos en estatura, a quienes los posteriores llamaron gigantes: 15,1;
 
· Tales gigantes se envilecen; son antropófagos, ya que la tierra no les proporciona alimento suficiente, se comen a los humanos y se mueren.
 
· Pero sus almas se convierten en demonios, y su deseo es seguir haciendo daño a los humanos. Así, entre otras maldades que les enseñan, mostraron las entrañas de la tierra y los metales preciosos que en ella había, oro, cobre, plata, hierro y similares, que incitan al lujo: H VIII 14,1;
 
· También como demonios enseñaron a las mujeres, como inventos suyos, cuantas cosas se refieren al ornato y deleite de ellas: H VIII 14,3, de modo que puedan seducir a los humanos.
 
Esto es lo que pensaban los judíos y judeocristianos en los siglos II-IV de la era cristiana. Y todo ello lo inventaron elucubrando sobre la narración contada en Génesis 6, que es muy antigua, probablemente la época acádica.
 
Así que esas leyendas seguían vivas entre los creyentes judíos y cristianos en plena época en la el cristianismo empieza su proceso para convertirse en la religión del Imperio romano.
 
Estas historietas aparecen en el “Libro de los Vigilantes”, probablemente la parte más antigua del Libro I de Henoc (accesible en versión castellana, en traducción del etíope y del griego, vol. IV de la serie “Apócrifos del Antiguo Testamento” (Edit. Cristiandad Madrid 1985; reimpreso)  ques más menos del 300 a. C.
 
Y otra cosa: No mezcle la historia del nacimiento de David (normal; concebido por su madre en el estado de pecado de la humanidad tras el lapso de Adán) y la noción de la concepción virginal de Jesús gracias a la sombra generadora del Espíritu de Dios, más parecida a la generación de Perseo por Zeus  convertido en lluvia de oro que cae sobre Dánae, una mortal, que queda embarazada del dios. Son historias que no tienen nada que ver.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
https://www.trotta.es/libros/los-libros-del-nuevo-testamento/9788413640242/
 
Sábado, 6 de Noviembre 2021
El libro del Génesis “liberado”
Escribe Antonio Piñero
 
La ficha completa del libro que deseo presentar hoy es: Editorial Blackie Books. 336 págs. 17X24; Cartoné, ISBN: 978-84-18733-38-3. Precio 27,90. Traductor y elección de comentarios: Javier Alonso López y el equipo editorial.
 
Me parece una idea muy buena de la Editorial Blackie Books publicar textos de gran impacto cultural, con una cuidada traducción por un especialista y con comentarios breves pero contundentes que ayudan muchísimo al encuadre sociológico e histórico de la época en la que se compuso el texto que se edita y que aclaran conceptos básicos desde el punto de vista de la crítica literaria e histórica. Las versiones se procuran fieles, las ilustraciones se seleccionan con gran cuidado y los comentarios son accesibles al público, claras y sencillas, pero puestas al día en cuanto a la investigación. En lo que respecta al Génesis esto es muy importante, porque la cantidad de versiones, estudios parciales o generales comentarios es absolutamente inmensa. La idea de ofrecer una versión liberada del Génesis, es muy buena.
 
El Génesis es probablemente el libro más editado, traducido y comentado de la Biblia, y probablemente, por ello de la humanidad. Su impacto ha sido enorme y lo sigue siendo, pues hay gentes que aún creen casi al pie de la letra que en ese libro se hallan las líneas maestras de la existencia de la divinidad, de la creación del universo y del ser humano como rey, dueño y señor de él. También es importante porque pone los cimientos del comportamiento sociológico negativo entre varón y mujer destacando con calidad la superioridad del varón sobre la fémina… pese lo que le pese a la inmensa mayoría de lectores hoy día.
 
Una lectura, por tanto, libre de pre-juicios de orden teológico es bienvenida. La publicidad de la Editorial afirma que la serie de clásicos que pretende traducir para liberarlos de ataduras sociológicas es muy grande, y sostiene que los comentarios que acompañan a los libros “liberados” –hago hincapié en ello– seguirán una línea que es válida para toda la serie. Los textos al margen o al final que acompañan al Génesis liberado, no son extractos que proceden voluntaria y libremente de manos distintas (con opiniones también distintas), sino que son textos escogidos, seleccionados cuidadosamente por el propio traductor y por el equipo que lo rodea con una intención didáctica clara. Bastantes de ellos son comentarios propios del traductor.
 
Estimo, pues, que la labor del traductor es, al menos en este libro, más amplia que la mera traducción. Por tanto, el lector debe tener en cuenta que todo el producto para la lectura que le ofrece este libro –aunque sea de autores diversos– procede también en último de su decisión que los incorpora a su comentario junto con otros propuestos por el equipo editorial que le rodea. No hay azar en la elección. Al asumir ideas ajenas, declarándolas como tales, se hacen propias en primer lugar del que hace la versión.
 
En el caso del Génesis los comentarios escogidos por el traductor, de índole filológica e histórica, están sobre todo al principio del libro, y son muy pertinentes. El traductor ha añadido también un índice personajes al final.  Por cierto: adoptaría la lectura Henoc para el personaje de Génesis 5,24, importantísimo para la cuestión posterior, judeocristiana del “Hijo del Hombre”. La transcripción con /h/ es más acorde con la tradición hispánica, no con la inglesa, in /h/ y con la del hebreo. De hecho la transcripción Henoc es la adoptada por la serie “Apócrifos del Antiguo Testamento”, la única que existe en español digna de ser considerada científica.
 
Una sugerencia: de acuerdo con el examen del vocablo hebreo baráh realizada por Gregorio del Olmo, palabra que normalmente se traduce por “creó (Dios)”, habría que corregir la idea de “creación” (griego epoíesen) introducida por la versión de los Setenta Intérpretes, y pensarla mejor como “dio forma”. Con otras palabras, si el sentido de baráh es “dar forma” y no “crear”, la divinidad no habría creado de la nada, sino que “solo” habría dado forma a una materia preexistente, pero que era un absoluto caos.  Por tanto, repito, si esta interpretación de Gregorio del Olmo fuera correcta, la idea de “creatio ex nihilo” (“creación a partir de la nada”) fue introducida por los judíos de lengua materna griega, que empezaron allá por el 270 a. C. a traducir al griego su libro más preciado el Génesis. De este modo los judíos helenísticos se oponían a la noción griega de que la materia es eterna, lo cual podría ser una competencia a la eternidad única y absoluta del Dios único.
 
Con esta interpretación del hebreo baráh, los judíos helenísticos quisieron acabar probablemente con una idea judía de la materia primordial que podría ser demasiado próxima, a su entender, a la de los griegos: la materia es eterna, pero caótica, la divinidad solo le otorga una forma que es productiva para generar el universo actual. Así pues, el pensamiento hebreo primitivo, alterado por la traducción al griego, no era la creación a partir de la nada, sino la mera “formación ordenante” de una materia, caótica, preexistente y eterna.
 
Y si fuera así, una concepción de la materia como eterna hubiese sido desde la antigüedad, por un lado, muy spinoziana y por otro, muy acorde con la interpretación del cosmos actual que tiene como trasfondo igualmente la idea de que la materia es eterna y subsistente. Ahora bien, al traducir el verbo hebreo baráh por “hizo” o “creó” los judíos helenísticos solo quisieron resaltar la omnipotencia del Dios único, que ya en el siglo III a. C. estaba muy bien formada en la mentalidad de los judíos piadosos. Fueron, pues, esos traductores quienes inventaron la “creación desde la nada”, no el pensamiento hebreo antiguo.
 
Debo insistir, volviendo a nuestro Génesis liberado en que los apuntes al margen y los textos al final ayudan a la comprensión de los lectores. En concreto, en el caso del Génesis, es fácil de imaginar que tales lectores han sentido inmensa curiosidad desde siempre por un texto que les lleva a los orígenes del mundo y de su especie. Por poner un ejemplo: les señala cómo la divinidad es compleja: el uso del plural Elohim, literalmente “dioses”, le revela cómo lo que se cuenta en los inicios del universo procede de una época muy, muy arcaica de la historia de Israel –una rama de los cananeos, semitas, que habitaban el Medio Oriente fértil desde el Mediterráneo hasta Mesopotamia– que participa también de otras culturas, como la sumeria.  
 
Otros comentarios –producto de esa actividad de equipo en la que participa también el traductor– destacan la claridad del texto genesíaco, la rapidez de la acción, el interés de las historias de los personajes principales, todo lo cual le conduce a leerlo compulsivamente. Las peripecias, crímenes y avatares de los actores de esa historia, el desarrollo de las diversas naciones, el relato de la elección en un pueblo entre otros es iluminadora del deseo de todo ser humano de ser él el propietario de todo. El Génesis es, pues, un libro inspirador, y su lectura proporciona una y otra vez un gran placer, aunque se sepa que el contenido es mítico, legendario.
 
Personalmente me han gustado tanto las ilustraciones como los comentarios y los textos elegidos, de uno u otro signo, para dar sentido a las cuestiones fundamentales que aborda el Génesis. Así que recomiendo la degustación de este, su lectura pausada y la contemplación de sus imágenes. El conjunto nos traslada desde el racionalismo y escepticismo de nuestro siglo XXI a un mundo más imaginativo y poético que si bien no nos ofrece soluciones a tenor de la ciencia de hoy día sí nos deleita con las perspectivas, ingenuas y cautivadoras de nuestros antepasados. Un viaje hacia atrás de –a menudo– unos tres mil años.
 
Enhorabuena a la editorial y al traductor / comentarista.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
https://www.trotta.es/   “Los libros del Nuevo Testamento”.
 
Jueves, 4 de Noviembre 2021

“Compartir” (315) Preguntas y respuestas de 02-11-2021


Virginidad perpetua de María según Isaías 7,14
 
 PREGUNTA:
 
Algunos de los que niegan la existencia del Jesús histórico sostienen además que el dogma de la Virgen María nació de un error, puesto que cuando se tradujeron las Escrituras hebreas al griego  los traductores se equivocaron en la palabra hebrea ‘almah’ como ‘parthenos’, que significa ‘virgen’. ¿Esto es real?
 
RESPUESTA:
 
La empresa de traducir el texto de la Biblia hebrea al griego comenzó hacia el 270 en Alejandría, bajo Ptolemeo II Filadelfo y se alargó durante más de cien años.
 
Supongo que en el Nuevo Testamento la pregunta se refiere al texto de Lucas 1, 26-27
 
26 En el sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea de nombre Nazaret 27 a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David, y el nombre de la virgen era María.
 
Y mi comentario es
 
La anunciación a María es una leyenda tradicional, probablemente no inventada por Lucas, que pertenece al género literario bíblico de los anuncios celestes de una concepción milagrosa, y contiene sus elementos típicos (véase nota a vv. 12-13).
 
El origen de la leyenda no ha de buscarse en suelo judío, donde no hay aprecio casi ninguno por la virginidad (Is 7,14 = Mt 1,23 en hebreo no contiene alusión alguna a la virginidad), sino quizás en el posible influjo en las ideas judías sobre la realeza del mesías de la concepción misteriosa del faraón, encarnación real de Horus, de la mitología egipcia.
 
En el resto del Evangelio no hay rastro de la concepción virginal. Es posible que esta noción haya de buscarse en suelo helénico. Aparte de la idea general de que la divinidad tiene hijos entre los hombres, la imagen de un Zeus que cubre como una lluvia celeste a la virgen Dánae, la cual concibe y da a luz a Perseo, no es en nada diferente a la de una concepción milagrosa por la sombra del Espíritu Santo. Sin embargo, en una de las Reglas de Qumrán (1QSa 2,11-12) podría verse una alusión a la generación del Mesías por parte de Dios: «… cuando [Dios] engendre al Mesías con los hombres del consejo de la Comunidad», aunque entre los esenios en general el origen del mesías es meramente humano. En otro documento de Qumrán, 4Q246, se llama al mesías, grande, “hijo de Dios e hijo del Altísimo” (columna 1 al final y 2, al principio). En el Talmud de Babilonia el nombre del Mesías es una de siete cosas que son preexistentes al mundo Nedarim 39 b.
 
Respecto a virgen: probablemente Lucas piensa como Mateo en el texto griego de Is 7,14: María no es una joven simplemente casadera (hebreo ’almáh), sino que concebirá siendo virgen  (parthénos) al mesías. Esto es lo que interesa a los dos evangelistas; la virginidad perpetua, en el parto y después del parto, es un desarrollo posterior que no se consolidará hasta finales del siglo IV (influencia de san Jerónimo).
 
No es un error, pues: es una interpretación voluntaria del texto de Isaías 7,14. El nacimiento prodigioso del héroe era una leyenda usual en el mundo antiguo. De una manera u otra intervino en él la divinidad. Tales son los casos de Pitágoras, Demócrito, Platón, Alejandro Magno e incluso Octaviano Augusto.
 
Y esto es teología, no historia. Ahora, en el siglo XXI que cada uno piense como quiera.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 
                                                         NOTA
 
Es probable que por diversos motivos de impresión, encuadernación y de fechas de mi traslado a Madrid, no pueda empezar a firmar los volúmenes de “Los libros del Nuevo Testamento” hasta el lunes 15 de noviembre 2021. Se retrasa, pues una semana (estaba pensada la firma para el 8 de noviembre). La cifra de ejemplares se acerca a los 700.

Saludos de nuevo.
Martes, 2 de Noviembre 2021

“Compartir” (314) Preguntas y respuestas de 28-10-2021


PREGUNTA:
 
Joseph F. Blumrich es posiblemente el más respetado ingeniero de la Nasa en el campo de autipropulsion, en toda la historia de la NASA y Doctor en historia por Harvard.
 
Blumrich, cómo experto en naves de propulsión, dedicó 42 años de su vida a analizar los relatos antiguos de luces u objetos aéreos de la antigüedad, y concluyó que muchos de los objetos voladores que figuran en la antigüedad, como las Vimanas hindúes o las luces del nacimiento de Jesús, son explicaciones primitivas de lo que hoy sabemos que son naves autopropulsadas.
 
En su libro "Las naves de Ezequiel", Blumrich, habla de la relación de luces bíblicas y naves autopropulsadas, y de que Ezequiel se encontró con una nave autopropulsada y con los miembros de su tripulación y no con un dios.
 
Blumrich analizó el objeto que emitía la luz que seguían los Magos de Oriente, girando prácticamente a 90°, continuando, parando etcétera y concluyó que sin duda ninguna era un objeto autopropulsado.
 
¿Qué le parece este planteamiento referido a Ezequiel y al nacimiento de Jesús?
 
RESPUESTA:
 
Tienen Ustedes amplia respuesta en un pequeño librito mío, “En directo desde el siglo I”, de Editorial  Lacónica ISBN 978-84-09-00784-4. Se trata de la transcripción de cinco conferencias mías y una de ellas responde exactamente a esta pregunta.
 
Título “Extraterrestres en vuelo rasante sobre el Néguev, o cómo se escribió el Antiguo Testamento”, pp. 11-50 Estás transcritas también las preguntas de los oyentes y mi respuesta. Se van a reír, se lo aseguro.
 
En síntesis mantengo que los relatos en los que algunos modernos ven descripciones de ovnis y extraterrestres son todos míticos y legendarios… ¿cómo puedo tomarlos como base para sostener que los antiguos estaban describiendo cosas reales, y que en realidad eran ovnis, pero que ellos los interpretaban de otra manera, erróneamente? Me parece imposible. No podemos dar credibilidad a to- da esta historia de ovnis en la Biblia sencillamente porque no podemos dar credibilidad a las historias que son interpretadas como eso; y, segundo, porque tampoco cabían en la mentalidad de los antiguos
 
Este pequeño libro tiene edición electrónica. El editor se llama Antón López y podéis entrar en la pag. Web de la Editorial Laconica.org
 
Y la otra respuesta está en mi libro “La vida de Jesús a la luz de los evangelios apócrifos”, que tiene un primera parte “La vida de Jesús según los evangelios canónicos”. La última editorial que lo ha reeditado es Herder. Perdonad, por favor, que no me repita.
 
 
Y, por último, no quiero escabullirme de dar una respuesta breve:
 
El planteamiento del Sr. Blumrich es implausible histórica y científicamente. O todos los historiadores independientes de historia antigua que tratamos de la Biblia estamos equivocados y el solo tiene razón. O al revés. En mi modesta opinión este planteamiento adolece del grave defecto de no estar bien informado sobre lo que se escribe (repito por historiadores profesionales independientes, la mayoría agnósticos), sobre la Biblia
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
 

https://www.facebook.com/182843291738509/posts/4730364576986335/
Jueves, 28 de Octubre 2021

“Compartir” (313) Preguntas y respuestas de 26-10-2021.



 PREGUNTA:

¿Es probable que el hecho de que la resurrección tenga un montón de versiones distintas le dé mayor credibilidad puesto que nos han copiado de unas a otras?
 
RESPUESTA:
 
No sabemos si esas respuestas se copian unas a otras. Probablemente no, sino que cada una surge en un grupo de seguidores de Jesús. Pero la base legendaria es la misma en todas. Afirmo que la vivencia de que Jesús había resucitado era básica.
 
No puede negarse que la fe los cristianos primitivos era clara (nadie lo niega), pero yo no puedo conceder el marchamo de “historicidad” a “testimonios” sobre una experiencia visionaria, que estimo, con la psiquiatría general que son alucinaciones colectivas. Hay muestras modernas, por ejemplo, en las apariciones de la Virgen… Solo el que tenga fe previa le concede credibilidad histórica. Muchos niegan que sean alucinaciones colectivas porque no admiten el concepto o consideran que son demasiado diferentes para ser “colectivas”. Allá cada uno. Pero todas tienen la misma raíz que es la creencia en hechos sobrenaturales como realmente existentes. Un historiador no se mee en ese campo.
 
Y en segundo lugar, comenta la preguntante que las fuentes no cristianas justifican la existencia de Jesús, pero no del Cristo celestial. Sin embargo todas esas fuentes no cristianas lo denominan o bien “Cristo” / Ungido para los creyentes, o bien “mago”, pero confiriéndole una esencia sobrenatural al personaje. ¿Qué explicación tiene esto a nivel histórico?
 
Mi respuesta: las fuentes no cristianas no “beben” de investigaciones históricas personales, sino que oyen a los creyentes en Jesucristo y opinan sobre esas creencias que son a veces muy tardías (decenas y decenas de años tras la muerte de Jesús…, moment3os en lo que no había archivos que registraran esos “hechos”, sino solo transmisión oral).
 
Además la mayoría de las fuentes de las que disponemos procede de un cristianismo de sesgo paulino para el cual no le interesa ya el Jesús histórico, sino la mezcla indisoluble de Jesús y del Cristo celestial. Y ya he escrito mil veces que el Cristo celestial es ante todo una interpretación paulina, y por tanto teológica
 
En 2 Corintios 5,16 dice Pablo En 2 Cor 5,16-17:
 
De modo que desde ahora a nadie conocemos según la carne: y si conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos. 17 Por tanto, si alguien está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo; mirad: ha surgido lo nuevo,
 
donde hay también un cierto tono negativo, pues en verdad a Pablo sólo le interesa el Resucitado, el Exaltado, el Viviente, que está entre los suyos. Y para potenciar el aspecto malo de la carne, o al menos en contraste con la voluntad de Dios, Pablo utiliza “carne y sangre”.
 
Respecto al v. 16 en concreto:  Si conocimos a Cristo según la carne: el sentido es inseguro: ¿conoció Pablo al Jesús de la historia? Quizás sí; pero ahora no interesa a Pablo de ese Jesús más que su muerte y resurrección como los eventos cruciales de la salvación, es decir, es decir lo que afecta sobre todo “el Cristo de la fe”. Por muy importante que haya sido el Jesús histórico, Pablo no piensa en todas sus cartas más que en el resucitado y el exaltado, el divino, que está vivo y presente en la comunidad. Y eso es pura teología.
 
El historiador se ocupa solo de decir cómo pudo producirse esta teología en el Mediterráneo oriental del siglo I y de sus efectos en sus creyentes, y la evolución histórica de ese grupo… Pero no explica el hecho sobrenatural en sí. Allá cada uno, personalmente con sus creencias, que no son juzgadas en modo alguno.
                                                            ………………
Otra noticia:
 
Me escribe Javier Manso, director comercial de Trotta, respecto a la aparición física del volumen “Los libros del Nuevo Testamento” lo siguiente:
 
“Como ya sabe, este es un libro peculiar, de muchas páginas y con un papel especial, y por lo tanto el proceso de impresión y encuadernación está siendo bastante complejo. Estamos en contacto diario con la imprenta, pero por desgracia a día de hoy no son capaces de darnos una fecha exacta en la que empezaremos a recibir los primeros ejemplares terminados. Todo apunta a que durante la semana que viene, pero no antes del miércoles o el jueves, ya podremos disponer de los libros, total o parcialmente, por lo que hemos quedado con ellos en que este lunes día 25 nos confirmen qué día vamos a recibirlos y en qué cantidad. Será en ese momento cuando podamos planificar con usted el viaje a Madrid para realizar el proceso de firmas. Lo más probable es que tengamos que retrasar la firma hasta la semana del 1 de noviembre”
 
Así que todavía quedan unos días de suscripción / preventa.
 
Les adjunto el enlace de la Última entrevista de RCNradio de Colombia:
 
 https://youtu.be/ZL_L6E6o2hs
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Martes, 26 de Octubre 2021

Una buena manera de comenzar a examinar el vocabulario de los estudios neotestamentarios quizá sea la expresión “orígenes del cristianismo”. Su génesis puede aportar algunas pistas sobre las fases o estratos que se pueden vislumbrar en la historia de esta religión.
Hoy escribe Eugenio Góme Segura.


063. Orígenes del cristianismo.
Jesús enseñando a sus apóstoles.

La expresión “orígenes del cristianismo” debería indicar el proceso de aparición de una religión que acabó siendo denominada “cristianismo”. Pero quizá debamos investigar algunos detalles sobre lo que creemos son los orígenes de esta religión.

Para comenzar por algún lado, podemos indicar que “cristianismo” es una palabra de curiosa etimología. Basada sobre el término griego Cristo, “christós” (χριστός), constituido en título del personaje conocido Jesús de Nazaret, “cristianismo” incluye la terminación -ismo que en griego viene a significar “actividad, doctrina, sistema”, tal como decimos “marxismo” o “fascismo”.

Pero este sufijo se añadió a una palabra de origen curioso: cristiano. Es curiosa porque, sobre el ya mencionado término griego “christós” se añadió el sufijo latino -anus. Éste indica “relación, pertenencia, procedencia”. “Cristiano”, por tanto, significaría que alguien o algo está relacionado con Cristo. Lo curioso es que esta denominación es romana, como demuestra el sufijo latino.

Esto lleva a pensar desde cuándo se utiliza el adjetivo “cristiano” en las propias fuentes neotestamentarias o de los primeros escritores de la literatura cristiana. Los datos de que dispongo indican que las citas más antiguas en las que podemos leer en griego la palabra “cristiano” (χριστιανός) son las siguientes:

Hch 11, 25-26: Y salió para Tarso a buscar a Saulo, y tras encontrarlo lo llevó a Antioquía. Y les sucedió que durante un año completo se unieron a esa iglesia y enseñaron, y que, en Antioquía por primera vez, los discípulos fueron llamados cristianos.

Hch 26, 27-29: “¿Crees, rey Agripa, en los profetas? Sé que crees”. Y Agripa a Pablo: “Por poco me convences de hacerme cristiano”. Pero Pablo (dijo): “Rogaría a Dios que, por poco o por mucho, no sólo a ti, sino también a todos los que me oyen hoy se convirtieran en lo que yo soy aparte de estas cadenas”.

El hecho que apunta la primera cita estaría datado muy tempranamente, cuando Pablo (entonces Saulo) conoció la comunidad de Antioquía entre los años 37-44. Sin embargo, es chocante que, si esta denominación ya era efectiva tan temprano, el propio Pablo no utilizara el término en ninguna de sus cartas reconocidas como auténticas y fechadas entre los años 50-58.

De hecho, según el estudioso alemán Neugabauer, en algunas ocasiones Pablo se sirvió de la expresión “en Cristo” para indicar algo así como “cristianamente”, es decir, “relativo a Cristo” o “al modo de Cristo”. Por ejemplo, el autor alemán argumentó que expresiones como “en la carne” equivalían a “carnalmente”, por lo que aconsejaba traducir “en cristo” como cristianamente en algún caso (οἶδα ἄνθρωπον ἐν Χριστῷ 2 Cor 12, 2: conozco a un “hombre en Cristo”, que él traduciría como “un hombre cristiano”).

De hecho, los fragmentos de Hechos antes mencionados son tardíos, evidentemente posteriores a la muerte de Pablo de Tarso, lo cual puede ilustrar un problema general de los términos de la religión cristiana si los estudiamos cronológicamente: su uso en autores de segunda o tercera generación quizá no sea el propio de quienes integraban la primera generación de seguidores o incluso del mismo Jesús de Nazaret.

Lo que sí podemos entender es que, para la época en que se editó el libro Hechos de los apóstoles (bien sea en los años noventa del primer siglo o unos veinte años más tarde, sigue el debate), la palabra “cristiano” estaba consolidada como el adjetivo que se refería a los seguidores de una nueva religión.

Es decir, los textos apuntalan las siguientes conclusiones:
  1. es casi una obligación distinguir el uso que cada escritor hizo de las palabras más importantes de la nueva religión;
  2. los diversos usos y autores han de ser estratificados convenientemente para no confundir los datos históricos que, con la buena fe exigible a quien investigue, pueden deducirse a la larga;
  3. la estratificación terminológica ha de exigir también un enorme rigor a la hora de traducir o de comentar la traducción ofrecida para cada texto.
Un tercer pasaje de notable antigüedad y posiblemente fechable a finales del siglo I es el siguiente (Didaché 12, 4):

“Si no tiene oficio, provean según la prudencia, de modo que no viva entre ustedes cristiano alguno ocioso”.

Referido a quienes aparecían por las comunidades de finales del siglo I y pretendían vivir, como se dice ahora, “del cuento”.

Si todos estos datos y deducciones son correctos, también podemos pensar qué queremos decir con “orígenes del cristianismo”:
  1. si se trata del momento mismo de la aparición del cristianismo, quizá ésta no sucediera en vida de Jesús de Nazaret, ni siquiera de Pablo de Tarso, sino cuando comenzamos a ver el término, hacia los años 80-90 del siglo I.
  2. si se trata de los acontecimientos que llevaron a la aparición de ese movimiento religioso, es necesario distinguir claramente para que “orígenes” no sea una palabra usada demasiado vagamente y acabemos por equivocarnos al confundir los “previos” con el “momento concreto”.
 
Saludos cordiales.
www.eugenigomezsegura.es
logos@eugeniogomezsegura.es
Domingo, 24 de Octubre 2021

“Compartir” (312) Preguntas y respuestas de 22-10-2021.



 
PREGUNTA: Que los cuatro evangelios canónicos recojan el hecho de la resurrección de Jesús, ¿ es un indicio al menos para que duden los escépticos?
 
RESPUESTA:
 
Debo confesar que este planteamiento no me parece correcto, ya que considero que la crítica histórica da por sabido que los cuatro evangelios NO son cuatro fuentes distintas, sino una sola, al menos en su dependencia de una tradición, aunque múltiple, sobre la resurrección de Jesús, nacida probablemente en Jerusalén y que quizás fuera el final del “Relato premarcano de la pasión”. Naturalmente, cada evangelista tiene además su tradición propia, ya oral o transmitida por escrito.
 
1. Marcos es el primer evangelio que depende de la tradición recogida por él sobre la resurrección al que añade una fe paulina en el sentido de la muerte en cruz de Jesús, a saber, que es un acto salvador, gracias al cual se salva toda la humanidad y no solo los judíos. El evangelio de Marcos contiene ciertamente historia, pero es ante todo un testimonio de fe.
 
2. Mateo en general copia de Marcos (transcribe el 80% de Marcos), copia dichos de Jesús de la “Fuente  de los dichos del Señor”, y añade un material propio. Y en lo que respecta al tema de la resurrección depende de Marcos y la tradición que este representa, que es en gran parte paulina.
 
3. Lucas copia de Marcos (transcribe más o menos el 60% de Marcos), copia dichos de Jesús  de la “Fuente  de los dichos del Señor”, y añade bastante  material propio. Se puede aplicar en parte a Lucas lo dicho en el punto anterior sobre Mateo.
 
4. El Evangelio de Juan tiene presente todo el material de los otros tres evangelistas anteriores y no copia directamente, sin que intenta corregirlos, alegando que no han dicho mentiras sobre Jesús, pero que sus evangelios (sí, los tres anteriores) son superficiales y no reflejan al verdadero Jesús, el espiritual y profundo, que es el suyo.
 
Conclusión: los cuatro evangelios son en realidad UNA fuente, no cuatro respecto en concreto al tema de la resurrección. Todas dependen sin duda de ciertas informaciones históricas sobre Jesús, pero son ante todo testigos de una fe previa.
 
Por consiguiente este argumento no me hace dudar.  Creo que todo esto está explicado en mi libro “Guía para entender el Nuevo Testamento”.
 
                                                             NOTA
 
Se va acaban el tiempo de adquirir con grandes ventajas económicas y con la firma del editor literario, que soy yo, del volumen “Los libros del Nuevo Testamento”.
 
Ahí va el enlace de una nueva entrevista explicativa:

 https://youtu.be/pLgdFDgWrBU
 
Saludos muy cordiales de Antonio Piñero
 
Viernes, 22 de Octubre 2021
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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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