Notas
Hoy escribe Fernando Bermejo
En un post anterior reprodujimos algunas citas de la obra del funcionario imperial Sossianus Hierocles, que a comienzos del s. IV escribió una obra destinada a llamar la atención sobre la excesiva exaltación de la figura de Jesús entre los cristianos. De esas escasas citas, conservadas en la obra de Eusebio, podemos deducir lo siguiente. Hierocles usó el término denigratorio “góēs” (hechicero, farsante) contra los taumaturgos cristianos, aunque él no hace mención alguna de los pasajes de la Vida de Apolonio, de Filóstrato, donde Apolonio es defendido de la misma acusación. Está claro que incluso la sospecha sobre su personaje/héroe debía ser evitada. Hierocles cree que los muchos milagros realizados por Apolonio están bien garantizados: nada de trucos de magia, deben ser atribuidos a “una divina e inefable sabiduría”. Así, el exmago Apolonio, elevado a sabio por Filóstrato, es usado para “noquear” al mago Jesús. Además, al contraponer a los discípulos de Jesús, según él unos mentirosos carentes de educación, a personas como Máximo de Egas o Filóstrato, Hierocles hace hincapié en la nula fiabilidad de los primeros frente a los segundos. El estatus social y la educación desacreditarían a los discípulos de Jesús frente a la sofisticación filosófica de los biógrafos de Apolonio (Hierocles denomina aquí sorprendentemente a Damis “filósofo”). Otro aspecto señalado por Hierocles es la diferencia en cómo Jesús y Apolonio son evaluados por los seguidores de cada uno de ellos. A la fácil credulidad de los cristianos, que por unos pocos milagros hacen de Jesús un Dios, Hierocles contrapone a un Apolonio que no es considerado un dios, sino solo un hombre favorecido por los dioses, alquien que goza de una posición privilegiada en relación a ellos. Hierocles no pretende reemplazar al dios cristiano con un dios pitagórico (y probablemente excluyó las referencias a la prodigiosa aparición de Apolonio ante sus discípulos tal como son contadas en los libros VII y VIII de la VA). Así pues, la argumentación de Hierocles se basa en dos acusaciones: el argumento de la magia(Apolonio también hace milagros) y el evemerista (son los cristianos quienes han convertido a un ser humano, Jesús, en Cristo/dios). Estos argumentos habían sido ya usados por Celso, pero adquieren ahora una importancia especial con Hierocles, pues la Vida de Apolonio, de Filóstrato, le aporta los materiales necesarios para un desarrollo más sistemático y elaborado. Celso había opuesto a Jesús una serie de héroes o semidioses (Orígenes, Contra Celso III 26) que, a pesar de sus acciones prodigiosas, no son considerados por los paganos como dioses. Pero al afirmar la historicidad del libro de Filóstrato, Hierocles podía apoyar su argumentación sobre los relatos contenidos en él, dotando de base histórica a la exaltación del taumaturgo pagano, y poner en duda la divinidad y la supremacía de Jesús. No podemos decir mucho más acerca de la imagen de Apolonio en Hierocles. No es solo que su obra no se haya conservado (probablemente fue convenientemente eliminada por los amigos de la cultura). Lactancio está más interesado en refutar que en citar, y Eusebio pronto pasa de criticar a Hierocles a criticar la propia Vida de Apolonio, de Filóstrato (en un inteligente procedimiento que habremos de analizar en su momento). Lo que sí podemos constatar es que la obrita de Hierocles parece haber producido un renacimiento tanto de la fama de Apolonio como del género biográfico en general. La obra de Filóstrato parece haber tenido una versión latina al final del s. IV, efectuada por Nicómaco Flaviano, un representante de la reacción pagana en Roma. Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Jueves, 19 de Mayo 2011
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Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con la transcripción del índice de la obra de R. Aguirre y colegas. Varios autores, Cap. 8º, “Otras líneas cristianas de la segunda generación”. I. David Álvarez Cineira, La Didajé en el proceso formativo del cristianismo. Rasgos y contenido de la Didajé. Las tradiciones de/sobre Jesús y las tradiciones sinópticas en la Didajé. La organización de la comunidad. Los ritos al servicio de la creación de identidad comunitaria. La Didajé frente a otros grupos judíos. El medio de la comunidad de la Didajé. Fecha y lugar de composición. II Carmen Bernabé Ubieta, “El apocalipsis: una postura de resistencia ante el imperio Contextualización socio-histórica e ideológica. Comunidades minoritarias de herencia judía en grandes ciudades helenistas. El trasfondo del culto imperial. La apocalíptica y su visión política. La identidad y la resistencia: diferentes estrategias de los grupos minoritarios y dominados. El Apocalipsis: una teología política de la resistencia activa no violenta. III Fernando Rivas Rebaque, Primera carta de clemente de roma a los corintios (1 Clem) Ocasión y género literario de 1 Clem. Autor. Fecha de composición. Aportación a nuestro conocimiento de los orígenes cristianos. Influencia posterior. IV Fernando Rivas Rebaque, Ignacio de Antioquía Transmisión de las cartas de Ignacio de Antioquía. Fecha del martirio. Género literario. Influencia posterior. Episcopado monárquico. Teología de la unidad. Martirio. Heterodoxia David Álvarez Cineira, cap. 9º, “El cristianismo en el Imperio romano (siglos I-II) Las relaciones entre judíos y cristianos". Los gobernantes y los emperadores: los conflictos, persecuciones y mártires. Las autoridades romanas ante los cristianos en el siglo I. Las autoridades ante los cristianos en el siglo II. El culto al emperador. La actitud popular frente al cristianismo. Los paganos frente a los cristianos según el Nuevo Testamento. Los paganos frente a los cristianos según los textos del siglo II. Motivos de la aversión. Interpretación de los eruditos modernos. La visión de los intelectuales sobre el cristianismo. ¿Cómo vieron los romanos a los cristianos?. Los cristianos ante las acusaciones y ante el Imperio. La reacción apologética cristiana. Tendencias gnósticas. Corrientes apocalípticas cristianas. Fernando Rivas Rebaque, cap. 10º, “El nacimiento de la gran iglesia" Estructuración ministerial. Regulación sacramental. Bautismo: rito de iniciación. Eucaristía o ritual de pertenencia. Penitencia o ritual de exclusión Creencias compartidas. Gnosticismo. Marción y el marcionismo. Montano y el montanismo. El judeocristianismo. Configuración de la ortodoxia católica y surgimiento de la Gran Iglesia. Formación del canon. Sucesión apostólica. Creencias básicas compartidas: fórmulas y reglas de fe («credos»). Redes eclesiales. Palestina. Siria. Comunidades cristianas de Asia Menor. Grecia e Italia (Roma). Alejandría. Norte de África latina. Vida cotidiana de los primeros cristianos. Conversión a la comunidad cristiana. Composición de una comunidad cristiana tipo. Relaciones internas. Oraciones Elisa Estévez López, cap. 11º, “Las mujeres en los orígenes cristianos". Mujeres en la primera generación (30-70 d.C.): de Jerusalén a Antioquía. Mujeres en las comunidades de Jerusalén, Judea y Galilea. Mujeres en la primera generación de discípulos en la región siropalestinense Mujeres de la primera generación en las comunidades de Pablo (30-70 d.C.). Las mujeres de las comunidades de Pablo en las noticias de Hechos. Las mujeres de las comunidades de Pablo en sus cartas. Las mujeres en la segunda generación cristiana (70-110 d.C.). Las mujeres en la tercera generación (110-150 d.C.) Apéndice Fernando Rivas Rebaque, Elenco de literatura cristiana primitiva, desde los inicios hasta el siglo III aproximadamente. Este índice es una tabla o cuadro sinóptico dividido en los siguientes elementos: obra; autor/grupo; fecha de composición; zona; género literario; contenido. La obra termina con una selección bibliográfica. Como ya dije, hay mucho que comentar y a este libro pienso dedicar una serie, cuando sea el momento, al menos para tocar los puntos principales. Saludos cordiales de Antonio Piñero. Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Miércoles, 18 de Mayo 2011
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Hoy escribe Antonio Piñero
Hay tres libros que tengo en espera de comentario, pero que no puedo comentarlos de momento en el Blog, porque he quedado con Amalia Iglesias, subdirectora de la excelente revista de crítica literaria “Revista de libros”, de la Fundación CajaMadrid (dos de ellos son encargo suyo y uno a propuesta mía) en que se hará en la revista, y en su momento oportuno una crítica para un público más numeroso. Pero se me ha ocurrido que para no tener tales libros mucho tiempo en el “congelador”, voy a hacer algo especial: en tres semanas consecutivas ofreceré la ficha completa y prácticamente una copia del mero índice sin comentario alguno. Así, al menos, los doy a conocer. Del primero hice un leve adelanto (sólo) en una postal anterior, y su título es el de la postal: Rafael Aguirre (coordinador y editor literario, Así empezó el cristianismo, 597 pp. Editorial Verbo Divino, 2010. ISBN: 978-84-9945-119-0 El libro está hecho en colaboración, y son ocho autores que iré nombrando. Paso a describir el índice: Rafael Aguirre, “Introducción” (propósito del libro y coautoría), y cap. 1: “El proceso de surgimiento del cristianismo”: Actualidad del tema y características de los estudios actuales. La reconstrucción de los orígenes del cristianismo ("el mito de los orígenes" y "el reto de estudiar este tema críticamente").- El proceso formativo del cristianismo dividido en cuatro etapas (desde el año 30 hasta el año 190/200); elenco de las fuentes para reconstruir estos orígenes.- Jesús y los orígenes del cristianismo (la Iglesia y su relación con Jesús desde una perspectiva histórica y teológica). Esther Miquel, cap. 2, “El contexto histórico y sociocultural”. El marco histórico: el judaísmo y las condiciones de expansión del cristianismo. El contexto sociocultural: el Imperio Romano, una sociedad agraria avanzada; las relaciones sociales básicas; la familia patriarcal; el ámbito público; honor y vergüenza como esquemas de comportamiento social. El contexto religioso, moral y filosófico en el que se desarrolla el cristianismo: breve descripción de la moral,religión y filosfía en la que nace el cristianismo. Santiago Guijarro Oporto, cap. 3º, “La primera generación en Judea y Galilea” (del año 30 hasta el 70)". La primera generación de discípulos. El problema de las fuentes. La comunidad de Jerusalén Influjo y posteridad de la comunidad de Jerusalén. El movimiento de Jesús en Galilea. El silencio de las fuentes a este respecto. Influjo y posteridad del movimiento de Jesús en Galilea. Los helenistas en el entorno de Judea y Galilea. Las fuentes sobre los helenistas. Sus orígenes en Jerusalén. ¿Quiénes eran los helenistas?. Influjo y posteridad de los helenistas. El impulso del «cristianismo palestinense». Carlos Gil Arbiol cap. 4º, “La primera generación fuera de Palestina” Los judíos helenistas y la diáspora. La comunidad de Antioquía. La cristología de los christianoi. Problemas sociales en Antioquia. La asamblea de Jerusalén. El conflicto de Antioquía. El carisma de Pablo. El origen de su carisma: la vocación de p . El «fariseísmo» de Pablo. El «cristianismo» de los helenistas de Damasco. El enfrentamiento histórico en Damasco. Claves del pensamiento de Pablo. Relación de Pablo con Jesús. La cruz y el Imperio. La creación de las comunidades paulinas. La estrategia de la misión paulina. Las asociaciones voluntarias. La ekklêsía de la ciudad. La casa. La construcción de la ekklêsía. La resocialización del creyente. La definición de la ekklêsía y sus fronteras. La organización interna de la comunidad. El conflicto y la desviación. Los roles en la comunidad .Los fundamentos de la autoridad. Otros grupos no paulinos Rafael Aguirre, cap. 5º, “La segunda generación y la conservación de la memoria de Jesús: el surgimiento de los evangelios” La segunda generación cristiana. La guerra judía. La desaparición de los testigos directos. Las narraciones sobre Jesús: los evangelios sinópticos. Memoria social, oralidad y escritura. Los evangelios sinópticos El evangelio de Marcos. El primer evangelio y su carácter narrativo. Trayectoria petrina y contacto con la tradición paulina. La comunidad de Marcos El evangelio de Mateo. Mateo como «reescritura» de Marcos. Trayectoria petrina y contacto crítico con la tradición paulina. Situación social del evangelio de Mateo La obra lucana. El tercer evangelio y los Hechos de los Apóstoles. Situación social de la obra lucana. Objetivo de Lucas y desarrollo de su obrad. El lugar de la obra lucana en la evolución del cristianismo de los orígenes La recepción de los evangelios sinópticos y otros evangelios. La denominación «evangelios» y la marcha hacia el «evangelio cuadriforme». Otros evangelios. Carlos Gil Arbiol, cap. 6º, "El desarrollo de la tradición paulina". Introducción: el proceso de institucionalización. La actitud ante el mundo. El código doméstico de Col 3,18–4,1. El código doméstico de Ef 5,21–6,9. La actitud ante el mundo de las cartas pastorales Los modos de liderazgo. Los fundamentos de la autoridad en la segunda generación paulina. La organización de la autoridad en la «casa de Dios» Las creencias y las formas rituales. Respuesta teológica de Col y Ef ante las amenazas de la segunda generación. Respuesta teológica de las pastorales ante las amenazas de la tercera generación. Recopilación de las cartas de Pablo. Carmen Bernabé Ubieta, cap. 7º, “Las comunidades joánicas: un largo recorrido en dos generaciones". El «corpus joánico»: unas fuentes que reflejan la vida del grupo joánico a lo largo del tiempo. El proceso de relectura y la memoria colectiva. Historia literaria de los escritos joánicos. Fase inicial de la tradición: unas tradiciones propias para escribir un evangelio. La gran transformación del evangelio: una profundización teológica en línea cristológica. Las cartas como respuesta a una gran crisis intracomunitaria. La tradición sigue siendo releída en situaciones nuevas y se añaden nuevos desarrollos La historia del grupo de seguidores de Jesús que relee la tradición joánica a lo largo de las dos primeras generaciones. La primera generación: Un grupo judeohelenista de Jerusalén o sus alrededores. La segunda generación ¿Expulsión de la Sinagoga o problemas de definición de la identidad? ¿Casas o sinagoga? La cristología como característica central del evangelio Relación con otros grupos. Los cristianos «tomasinos» y los grupos judíos místicos. Cristianos «petrinos». Relación con el Imperio romano. Una nueva relectura: claves hermenéuticas del evangelio y aceptación de la gran corriente eclesial Repercusiones de la tradición joánica. Relecturas posteriores. Como ven Ustedes, el libro aborda temas interesantes, sobre los que hay mucho que hablar y discutir. Seguiremos mañana con la transcripción de este índice. Saludos cordiales de Antonio Piñero. Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Martes, 17 de Mayo 2011
Notas
Hoy escribe Gonzalo del Cerro
Los Hechos de Pablo y Tecla (HchPlTe) Los HchPlTe constituyen el más largo fragmento conservado de los primitivos Hechos de Pablo. Su comienzo enlaza la narración con la llegada de Pablo a Iconio después de su obligada huida de Antioquía de Pisidia (HchPlTe 1,1). En el inicio, hace mención el autor de dos personajes, calificados como falsos compañeros llenos de hipocresía. Sus nombres, Demas y Hermógenes, son en cierto modo conocidos por las cartas del Corpus paulino. Demas aparece en Col 4,14 y en Flm 24 entre los colaboradores de Pablo, que envían saludos. Pero en 2 Tim 4,10 es uno de los personajes que han abandonado a Pablo. De Hermógenes habla el apócrifo como del herrero. La carta 2 Tim 1,15 enumera también a Hermógenes entre otros que han vuelto la espalda al apóstol. Un dato curioso es que el texto latino del pasaje enumera a Demas, Hermógenes y Alejandro. Ahora bien, Alejandro, el herrero, es un personaje que ha hecho a Pablo mucho mal (2 Tim 4,14) y a quien ha entregado a Satanás (1 Tim 1,20). Es probable que el apócrifo se refiera a ambos personajes, que resultaron desleales a Pablo. La narración sigue hablando de la llegada de Pablo a Iconio, en la que tuvieron una actuación preponderante dos personajes bien conocidos en el Nuevo Testamento: Onesíforo y Tito (HchPlTe 2). El primero es objeto de una presentación muy favorable en 2 Tim 1,16-18. No solamente no se avergonzó de las cadenas de Pablo, que a la sazón estaba en prisión, sino que le prestó generosos servicios. Al final de la carta, envía saludos para la casa de Onesíforo. Tito es uno de los discípulos de Pablo que mantuvieron una convivencia más estrecha con el apóstol. Onesíforo tenía que recibir a Pablo en su casa y salió a esperarlo en el camino real. Pero como no conocía a Pablo personalmente, Tito se lo describió con datos precisos: Era Pablo “un hombre pequeño de estatura, calvo, de piernas arqueadas, vigoroso, cejijunto, nariz un tanto sobresaliente, lleno de gracia; unas veces parecía un hombre, otras tenía el rostro de un ángel” (HchPlTe 3). A estos datos de su fisionomía añade la versión siríaca que tenía los ojos grandes. Es curioso este interés por la descripción física de los protagonistas de los Hechos apócrifos, que se repite en los casos de los apóstoles Juan de Zebedeo y Bartolomé. El encuentro de Pablo con Onesíforo fue particularmente cordial, lo que no dejó de concitar la envidia de Demas y Hermógenes, a quienes Onesíforo invitó también a su casa. Pablo inició su ministerio con la oración, la fracción del pan y la predicación de la palabra de Dios. Dos palabras sirven para definir la temática de esa predicación, que versaba en especial sobre la continencia y la resurrección. Ambos temas representaban aspectos de la obsesión de los corintios. La presencia del templo de Afrodita en la acrópolis de la ciudad explica la preocupación de Pablo por el tema de la continencia frente a la escasa moralidad sexual en el ambiente del santuario de Afrodita/Venus (1 Cor 7). El tema de la resurrección estaba obligado por el hecho de que en Corinto había algunos que negaban la resurrección de los muertos (1 Cor 15,12). Desarrolla Pablo su predicación en forma de bienaventuranzas o macarismos, señalando como dichosos a los limpios de corazón, los que conservan pura su carne, los castos, los que tienen mujer como si no la tuvieran, los misericordiosos, los que se apartan del mundo y comprenden la ciencia de Jesucristo (HchPlTe 5-6). Esta fue la predicación que escuchó la joven Tecla, doncella prometida a un hombre de nombre Támiris, de quien hablan las versiones siríaca y latina como de hijo de un rey y personaje importante de la ciudad Desde una ventana cercana a la casa donde hablaba Pablo, escuchaba su predicación sobre la castidad, la fe y la oración. Al ver que acudían muchas mujeres y doncellas, deseaba también ella ser digna de ver a Pablo en persona y escuchar en vivo su palabra. La actitud de Tecla no agradó a su madre Teoclía, que avisó a Támiris sobre lo que sucedía. Contaba que Tecla llevaba tres días y tres noches sin apartarse de la ventana ni siquiera para comer y beber. Aquel predicador tenía agitada a la ciudad de Iconio enseñando que “se debe adorar a un solo Dios y vivir castamente”. Teoclía y Támiris unieron sus intenciones para hacer cambiar a Tecla. Támiris recurrió a los servicios de Demas y Hermógenes, quienes le informaron que Pablo enseñaba que no habría resurrección para los que no vivieran castamente. Recomendaron a Támiris que lo llevara ante el tribunal del gobernador. Támiris se encaminó a la casa de Onesíforo con gente armada y acompañado de una muchedumbre que gritaba contra Pablo diciendo que corrompía a la ciudad. A su misma prometida la había convencido para que no se casara con él. Demas y Hermógenes le animaron para que dijera al procónsul que Pablo era cristiano, lo que sería el argumento definitivo para su ruina. El procónsul interrogó a Pablo, que pronunció un alegato sobre su doctrina y su misión. El procónsul lo condujo a prisión. Tecla hizo valiosos regalos al carcelero para que le permitiera visitar a Pablo. Sentada luego a sus pies, escuchaba absorta las palabras que el apóstol seguía predicando con absoluta libertad. Támiris y los parientes de Tecla la buscaban por calles y plazas temiendo que le hubiera sucedido algo malo. Cuando se enteraron de que estaba en la cárcel con el extranjero, se dirigieron allá y la encontraron “como encadenada por el amor” (HchPlTe 19). Fueron corriendo a contar al gobernador lo sucedido. El gobernador ordenó traer a Pablo hasta el tribunal. La muchedumbre gritaba: “Quita a ese mago de en medio”. Sin embargo, el gobernador escuchaba a Pablo con agrado. Por ello, mandó traer a Tecla y le preguntó por qué no se casaba con su prometido. Como no respondía a la requisitoria del gobernador, la madre de Tecla prorrumpió en gritos pidiendo que quemaran a la impía en medio del teatro para ejemplo de las que escuchan las enseñanzas del extranjero. El gobernador no las tenía todas consigo. Ordenó flagelar a Pablo y expulsarlo de la ciudad. Condenó a Tecla a la hoguera, se levantó y se dirigió al teatro, adonde acudió la multitud para contemplar el espectáculo. Tecla buscaba con la vista a Pablo, pero vio al Señor sentado bajo la apariencia de Pablo y lo estuvo contemplando hasta que el personaje de la visión subió al cielo. Los jóvenes y las doncellas acarrearon leña para quemar a Tecla. Cuando trajeron a Tecla desnuda, lloró el gobernador conmovido y admirado por la fortaleza de la joven. Ella hizo el signo de la cruz y subió sobre la pira, a la que los verdugos prendieron fuego. El fuego no tocó el cuerpo de Tecla. Antes al contrario, se oyó un ruido subterráneo y apareció una nube, de la que cayó lluvia y granizo de manera que muchos corrieron peligro y no pocos murieron. Con ello se salvó Tecla de perecer a causa de aquella injusta condena. La narración del apócrifo lleva inmediatamente a una tumba donde estaban ayunando Pablo con Onesíforo y su familia. Los hijos de Onesíforo dijeron a su padre: “Tenemos hambre”. No tenían nada para comprar comida, pero Pablo les ofreció su manto y se lo entregó a uno de los jóvenes para que lo vendiera y comprara alimento con el precio. En ello estaba cuando descubrió a Tecla, que iba buscando a Pablo. El joven la informó sobre el lugar donde estaba Pablo y su estado de ánimo por lo sucedido. La llegada de Tecla llevó la alegría a todos, que disponían de cinco panes, verduras, agua y sal. Tecla dijo al apóstol que se cortaría la cabellera para seguirlo. Pero Pablo le recomendó que tuviera fuerzas para resistir la posible tentación. La joven le pidió para ello el sello de Cristo. Pablo, de acuerdo con la costumbre de un tiempo de prueba para los catecúmenos antes de recibir el bautismo, le respondió que a su tiempo recibiría el agua. (Icono de Santa Tecla de Iconio) Saludos cordiales. Gonzalo del Cerro
Lunes, 16 de Mayo 2011
Notas
Hoy escribe Antonio Piñero
La posición de Octaviano Augusto en Roma (donde, como ya sabemos, había mucha gente contraria a divinizar a seres mortales, sobre todo entre los influyentes) fue de una astucia calculada. Manifestó un rechazo formal ante el público, pero aceptó el incremento de la caracterización popular y la propaganda por todas partes de que su gobierno era “numinoso”: su posición y su cargo estaban así dispuestos por la divinidad. Probablemente el asesinato de Julio César le sirvió de lección = en Roma: no pasarse de la raya; pero fuera de Roma, en especial en Oriente, aceptar, con débiles protestas formales, que se continuara con la costumbre ya antigua de rendir honores divinos al rey/emperador… Por el contrario, Marco Antonio, en unión con Cleopatra VII, sí aceptó expresamente en el oriente romano honores divinos y se presento ante la gente como Dioniso/Osiris, y su amante y colega Cleopatra fue presentada como Afrodita/Isis. En Egipto, en concreto, Octaviano se mantuvo más bien reservado, pero aceptó que sus partidarios lo vincularan con Apolo, divinidad de la claridad, medida y la razón, no con Dioniso. Las honras divinas a Octaviano se han conservado hasta hoy día contenidas en múltiples inscripciones de muy diversas ciudades. A la vez que se erigían templos en honor de la Dea Roma y del Divus Julius proliferaron las menciones a él como hijo de Julio César. También Herodes el Grande nada menos que en Israel, en Cesarea erigió un templo a la diosa Roma y al genio (o numen que lo gobernaba desde su interior) de Augusto. Se conserva una interesante inscripción de Halicarnaso, un decreto de la ciudad que dice lo siguiente (los lectores han leído ya esta inscripción en otras ocasiones): “Puesto que la eterna e inmortal naturaleza del universo nos ha bendecido grandemente con excelentes beneficios, aportando a la felicidad de nuestros tiempos a César Augusto, padre de este país… como Zeus patrio y salvador de todo el género humano…” Otras inscripciones hablan de gracia, bondad, filantropía del emperador, de su parusía y de su epifanía… que son euaggelía… es decir, “buenas noticias” (en plural), que están recogidas en OGIS (Orientis Graeci Inscriptiones Selectae). A propósito de la implantación del calendario juliano (solar, de 365 días) en Asia Menor, se trasladó el inicio del año oficial al 23 de septiembre, fecha del nacimiento de Augusto. El procónsul Paulo Fabio Máximo escribió entonces una carta al Consejo de las ciudades griegas (al “Koinón” = “Común”; en italiano de hoy, al ayuntamiento se denomina “Il Commune”) de Asia Menor comunicando esa decisión del Senado. En pomposa retórica pseudo filosófica, el procónsul afirmaba que Augusto había sido el fin de todos los males, el inicio de todos los beneficios, la restauración del orden, el nuevo principio de la vida y del ser… en una palabra. Sostenía que no había manera de responder a tantos beneficios… Y entre otras respuestas, se declaraba oficialmente que desde esos momentos el inicio del año nuevo será el día del cumpleaños de Augusto… En vida de Augusto no se lo declaró dios. Las honores fueron, sin embargo, inmensos... en vida: • El año 27 a.C. fue declarado "augusto" = sebastós = santo, intocable, exaltado, digno de todo honor. • El 25 a.C. se cerró el templo de Jano y se declaró el fin de toda guerra. El 11 a.C. se consagró el Ara Pacis. El benefactor de la paz impresionó vivamente a todos los ciudadanos del Imperio… • En el 17 a.C. se celebraron los “Juegos seculares”: se declaraba el inicio de una nueva era. Lo traído por Augusto, fides, pax, honor, pudor, virtus, fueron deificadas. Algo notable también es la inmediata creación de leyendas en torno a Augusto, una vez deificado, cosa qua ya había pasado con Pitágoras, Demócrito, Platón, Alejandro Magno (No es extraño que un fenómeno parecido pasara con Jesús una vez muerto). Cuenta Suetonio (Augusto 94,4) la siguiente historia: Atia, la madre de Augusto, hizo que sus servidores la dejaran (iba en litera, llevada por esclavos) en el templo de Apolo, durante su fiesta. Entonces –decía- se le acercó una serpiente y se marchó luego. Ella sintió en su interior como si hubiera tenido un contacto sexual con su marido. 10 meses después nació Octaviano. Antes de dar a luz, la misma Atia vio en sueños que Apolo transportaba su cuerpo al cielo. Y el padre de Atia, Octavio, soñó que del cuerpo de su hija Atia salía un resplandor como el del sol. También se dijo –tras la muerte del emperador-- que un rayo hizo predecir la muerte de Augusto, tres meses antes, y su futura divinización: el tal rayo cayó sobre una estatua que llevaba el nombre de Caesar Imperator Augustus y rompió la inscripción de modo que quedó la “C” aparte de “aesar”. Se interpretó: le quedaban 100 días de vida y luego sería dios = “aesar” en etrusco es “dios”. Seguiremos Saludos cordiales de Antonio Piñero. Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Domingo, 15 de Mayo 2011
Notas
Hoy escribe Antonio Piñero
¿Qué pretendió en realidad Julio César? Desde luego, un motivo político. ¿Una imitación expresa de Alejandro? ¿Imitación del mítico Rómulo y la instauración de una nueva monarquía? ¿Una mezcla de ambas cosas? ¿Fue el propio Senado y el pueblo los que impulsaron este movimiento por servilismo… ¡improbable si no se mueven desde fuera sus hilos…! La muerte de César en el 44 a.C. impide responder a estas preguntas. Pero había una suerte de movimiento político-religioso que era ya imposible parar: más entre las gentes que enttre los intelectuales. La divinización de César post mortem es un hecho seguro y fue promovida ya desde el 42 por Octaviano mismo. Es decir, se le dedicaron lo que ya sabemos: estatua, templo, sacerdocio y sacrificios regulares. El templo a Julio César se consagró en el 29 a.C. Octaviano lo declaró “divus Julius”, el “divino Julio” y…, naturalmente, con claras intenciones de provecho propio, él mismo se autodenominó a su vez “divi filus” = theou hyós = “hijo del divino”. En un papiro (un juramento) de Egipto en el 28 a.C. Augusto es denominado theos ek theou = dios de dios… ¡parece que estamos ya en el Concilio de Nicea! Con Julio César se instauraron también las formas y modos de las divinizaciones “post mortem” de los gobernantes supremos de Roma que iban a sucederlo: declarar al César muerto ser divino…, salvo el caso de que se “borrara su memoria” (damnatio memoriae, como ocurrió con Calígula y Domiciano)fue desde ese momento habitual. La divinización se llamó en griego “apoteosis”, derivado, con la preposición apó (desde loa humano) de theós = dios. Y a su vez, la apoteosis se denominó en latín consecratio, derivado de sacer, sagrado. Para que se declarara formalmente que el gobernante muerto era divino, era necesario que alguien diera testimonio bajo juramento de que había ocurrido un prodigio, sistema parecido a la beatificación y canonización en la Iglesia católica. Este hecho de exigir milagros está testimoniado por Lucio Anneo Séneca en el prólogo de su obra Apocolocyntosis (“Pepinización”, literalmente). Alguien importante había visto que el alma del difunto César (en forma de pájaro o de cualquier fenómeno visible: un rayo, por ejemplo) había volado al cielo. En bastantes casos tras la muerte del soberano, se divinizó también de algún modo a algunos miembros de la familia imperial. El suceso que confirmó ante el pueblo la divinidad de Julio César fue el cometa que se vio durante los primeros “Juegos” en su honor, según cuenta Suetonio (Divus Julius 88) pagados por Augusto, que se celebraron durante siete días. También Ovidio (Metamorfosis 15, 745-751) se hace eco de este hecho, que –dicen- vio mucha gente y que sostuvieron que el cometa era el alma de Julio César ya en el cielo. Fue Octaviano mismo el que se ocupó de propagar la idea (Metamorfosis 15, 848). Cosecuentemente se afirmó que Venus era la verdadera madre de Julio César, la cual se había llevado personalmente al cielo el alma del dictador. Ahora –aunque sea un paso hacia Jesús que no estaba en mi propósito en estos momentos-, voy a citar a Joel Marcus, que en su Commentary, Mark 8-16 (Anchor Bible 27ª), Yale Universidad. Press, 2009, II 1059-1060, porque aporta muchos pasajes de la antigüedad grecorromana y me parece mal mutilar la cita, extrayendo sólo esos pasajes: Hay más historias de signos cósmicos (eclipses, por ejemplo) en el mundo grecorromano a propósito de la divinización de un ser humano escribe: "He aquí una lista no exhaustiva: • Virgilio, Geórgicas 1, 466-468; • Plutarco, César, 69, 3; • Josefo, Ant. 14, 309). Se interpreta a veces esta oscuridad como que la naturaleza se pone triste: por ejemplo, • Diógenes Laercio, Vidas 4, 64, o que el difunto es de hecho ya divino (“Vergottung”): • Plutarco, Rómulo 27, 6-7; • Dión Casio, Historia romana 56, 29, 3-6 (sobre Augusto); • Testamento de Adán 3, 6… sobre Adán. “La oscuridad –según el Evangelio de Marcos-- sugiere que la muerte de Jesús es un momento decisivo en la historia de la salvación. Esta interpretación está en la línea de concepciones que son tanto paganas como judías. Virgilio, por ejemplo, afirma que en la muerte de Julio César, el sol ”veló su brillante faz y la convirtió en oscura penumbra, y una edad atea temió la eterna noche” ((Geórgicas 1, 466-68)); así pues, los contemporáneos de César tuvieron miedo de que el eclipse indicara que estaba comenzando la era del juicio divino. “En contextos judíos y cristianos tales concepciones se convierten a menudo en otras de carácter escatológico. Antes, en el Evangelio de Marcos, por ejemplo, se dice que el oscurecimiento del sol era parte de los infortunios escatológicos (13, 24), y hay motivos similares en la literatura judía Por ejemplo, • Oráculo Sibilinos judíos 5, 346-347; • Testamento de Moisés 10, 5; • Libro de las antigüedades judías del Pseudo Filón 19, 13) • y en el libro del Apocalipsis de Juan (8, 12; 9, 2; 16, 10) Seguiremos Saludos cordiales de Antonio Piñero. Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Sábado, 14 de Mayo 2011
Notas
Hoy escribe Antonio Piñero
Julio César y Augusto son las figuras decisivas en la implantación, sobre todo en el oriente mediterráneo del culto al Emperador. Su potencial de inicio y su evolución se ve bastante bien al considerar el desarrollo hasta la época de Domiciano (muerto en el 96). Los investigadores alemanes (Klauck/Gesche) distinguen entre “Vergöttlichung”: atribución a un personaje de honores similares a los de los dioses, y “Vergottung”: declaración de que ese personaje es dios y está en el panteón de los dioses. En castellano no tenemos tal distinción. A falta de mejor sugerencia (si algún lector tiene una idea, la agradeceré) propondría tentativamente “divinización” y “humano ya deificado”. En tiempos de Julio César (muerto en el 44 a.C.) todavía estamos en la primera fase, el primer concepto (divinización), pero lentamente se va pasando al segundo (ya deificado). Como ejemplo, leamos la siguiente inscripción de Éfeso del 48 a.C., en la que se agradece al dictador que hay hecho una rebaja de impuestos a la ciudad (¡siempre los benefactores!): “Las ciudades de Asia y las comunidades honran a Gayo Julio, hijo de Gayo, Cesar, Pontifex Maximus, Imperator, dos veces cónsul, hijo de Ares y de Afrodita, dios parecido (en la tierra), y salvador universal (lit. común = griego koinón) del género humano”…. Otra inscripción, muy breve, de la ciudad de Demetrias, en Tesalia, Grecia del norte (¿año?; quizás tras la batalla de Farsalia, en la que Julio César derrota a Pompeyo, Magno, año 48 a.C.): “A Gayo Julio César, dios”. Los griegos tampoco distinguen bien en su lengua (lo que sí hace el latín) = entre “divus” (vergöttlich= ya deificado) y “deus” (vergott = dios). Lo cierto es que a Julio César, una vez deificado, se le atribuye míticamente lo mismo que a Demetrio Poliorcetes, una genealogía divina. Esto ocurría en el Oriente; en Roma no era tan clara la cosa, pues había una tradición muy fuerte (desde la abolición total de la monarquía, allá en el siglo VII/VI) que generaba un odio casi innato contra todo aquel que se quisiera hacerse monarca absoluto y que deseara por ello equiparar en lo posible su poder al absoluto poder de los dioses. Consecuente con estas ideas, Marco Tulio Cicerón, tras la muerte de Julio César, ataca a Marco Antonio (en sus luego famosas “Filípicas”)) que quiere continuar la tarea de su padre adoptivo, es decir, que aspira a constituir, naturalmente con su persona en el centro, una dictadura o monarquía absoluta en Roma, como principio más acorde con la unicidad divina teórica. Los ilustrados decían que en realidad sólo había una divinidad, adorada en sus distintos “modos” hacia fuera, hacie el universo, con diversos nombres; por tanto en la tierra, como reflejo de lo divino, debería haber una sola jefatura política; en esta idea hará hincapié especial la propaganda de Augusto) y con la posible falta de efectividad de un sistema de cónsules que se renovaban cada año. Pero en Roma se había dado ya el paso de hecho y se le habían otorgado tales poderes a Julio César. No había para algunos marcha atrás en el sistema de estado, que equiparaba al dictador humano con la dictadura de los dioses: • A Julio César se la había otorgado una estatua en el Templo de Quirino = Julio era = synnaós = “cohabitante del templo” con el dios Quirino; • Se había nombrado un mes en su honor: “julio”; • Se había establecido un sacerdocio también en su honor: el primer sacerdote fue Marco Antonio. Suetonio (siglo II) (Vida de los doce Césares; Divus Julius, 76), afirma: “Estos eran demasiados honores para un mortal”. Seguiremos Saludos cordiales de Antonio Piñero. Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Viernes, 13 de Mayo 2011
Notas
Hoy escribe Fernando Bermejo
La obra, no conservada, del funcionario imperial Sossianus Hierocles (Philaléthes Logos = Discurso amante de la verdad), nos es conocida por dos fuentes cristianas, la denominada Contra Hieroclem de Eusebio (¿de Cesarea?) y las Divinae Institutiones (V 2, 13 – 3, 26) de Lactancio. Hierocles tuvo sin duda la Vida de Apolonio de Filóstrato como su fuente principal, y quizás como su única fuente. Por lo que parece, él leyó la obra de Filóstrato como un informe históricamente verídico de la vida de Apolonio. No sabemos si es que Hierocles era un individuo extraordinariamente crédulo, o si más bien quiso convencerse de que la obra era histórica porque necesitaba creer en su historicidad. Para su propósito, era esencial que la Vida de Apolonio contuviera la verdad sobre la figura histórica del taumaturgo de Tiana: si él hubiera empezado a dudar de ella o a discutirla en su obra, su caso se habría visto seriamente perjudicado, por no decir perdido de antemano. Por tanto, una creencia fundamentalista en el texto le era imprescindible. El procedimiento que Hierocles parece haber seguido es el de la selección. De esa masa informativa y extensísima que es la Vida de Apolonio, él tenía que escoger aquello que le venía bien. En lugar de fijarse en las contradicciones de Filóstrato, él se fija, claro está, en las contradicciones de los evangelios. Y, sobre todo, establece un paralelo entre Apolonio y Jesús. Las siguientes citas de Hierocles están extraídas de la obra de Eusebio: “Por doquier repiten en tono glorificador respecto a Jesús que devolvía la vista a los ciegos y hacía maravillas de este tipo. Examinemos cuánto mejor y más prudentemente nosotros aceptaremos tales cosas y el juicio que tenemos respecto a los hombres dotados de poderes […] Mas en tiempos de nuestros antepasados, en la época del reinado de Nerón, tuvo su sazón Apolonio de Tiana, el cual desde muy joven y desde que en Egas de Cilicia fue sacerdote de Asclepio, el amigo de los hombres, llevó a cabo numerosos y admirables hechos, de los cuales, haciendo omisión de la mayoría, rememoraré unos pocos […] ¿Por qué hago mención de tales cosas? Para que sea posible comparar sobre cada punto nuestro propio juicio, riguroso y firme, con la ligereza de los cristianos, ya que nosotros al hombre que llevó a cabo tales cosas no lo consideramos dios, sino como un hombre grato a los dioses […] Merece la pena reflexionar sobre esto: que de lo relativo a Jesús se jactan Pedro, Pablo y otros como ellos, hombres mendaces, incultos y charlatanes, mientras que en lo relativo a Apolonio fueron Máximo de Egas, su compañero Damis y Filóstrato el ateniense, hombres de los más cultivados y que honraban la verdad, quienes, movidos por el amor a la humanidad, no quisieron dejar caer en el olvido las acciones de un hombre noble y amigo de los dioses” (Eusebio, Contra Hieroclem 2, 5-32) Otro día comentaremos estos pasajes y lo poco que podemos aún conocer de la obra de Hierocles, a partir de los escritos de Eusebio y de Lactancio. Saludos cordiales de Fernando Bermejo
Jueves, 12 de Mayo 2011
Notas
Hoy escribe Antonio Piñero
Seguimos con el libro sobre la historia temática de la Diáspora del pueblo judío El capítulo 3 aborda lo que para muchos, casi todos, es un espinoso problema del mundo moderno, “el sionismo”, pero que para la mayoría de los judíos es una solución al viejo (¡desde el año 135 d.C. hasta 1948!) problema de la Diáspora. El autor, Ayaso, presenta aquí la historia de Theodor Herzel, el padre de la idea que intenta hacer del pueblo judío un pueblo normal, como el resto de pueblos y naciones. Para muchos judíos modernos, Herzel es el nuevo Moisés, que propuso negociar un estado israelita en la Palestina regida por la “Sublime Puerta” (el Imperio otomano) y crear una organización internacional con instituciones permanentes para ejecutar ese designio que acabara con el “apatridismo” físico de los judíos: necesitaban volver a la Eretz Israel, a la tierra de Israel… ¡pero “ocupada” por millones de palestinos desde hacia 17 siglos por lo menos!). La historia del Israel moderno, de los siglos XX y XXI sirve a Ayaso para explicar algunas interioridades de la organización del estado moderno israelita, de la necesidad y efectividad del ejército de Israel y sus relaciones difíciles con los palestinos, de las relaciones de la arqueología y del estado (la arqueología puede sustentar o derribar los mitos fundacionales de los pueblos). Aquí me extraña que Ayaso no hable del libro La Biblia desenterrada de Finkelstein y Liebermann, que ha hecho mas por tambalear el mito fundacional de Israel (¡David y Salomón son figuras legendarias, y si existieron fueron muy diversas a como las cuenta la Biblia: “Archeologia dixit”). Pero sí que habla, y muy bien, del espíritu de Tel Aviv, una ciudad libre, que sigue conservando el tono laico originario, ciudad que está cerca del mar y lejos de Jerusalén..., una Tel Aviv anárquica, desordenada y en extremo vitalista. Amigos míos desde antiguo viven y trabajan en le Universidad de la ciudad, con gran dedicación y éxito, como Yaakov Shavit y su mujer. Hay también una reflexión interesante sobre la Jerusalén actual y la sociedad israelita, que es en verdad una sociedad muy moderna y multicultural, y otra sobre el futuro de Israel “Quo vadis Israel?”, retomando la famosa pregunta que Pedro dirige a un Jesús que vuelve a Jerusalén para ser crucificado de nuevo (Hechos de Pedro 35s; edición Piñero-del Cerro I 653, BAC, 2005), y en el que Ayaso se muestra en verdad preocupado ante el principal problema del Israel moderno… puede ser tragado por unos pueblos árabes de alrededor que, empezando por el palestino mismo, tienen un crecimiento demográfico altísimo en comparación con el de Israel…, por no hablar de la bomba que prepara el Irán de Ahmadineyad. Concluye Ayaso que estamos viviendo un nuevo tiempo de fundamentalismos… también en Israel, donde muchos esperan de verdad al mesías definitivo… ¡guerrero, por supuesto! Finalmente, el capítulo 4, “La historia continúa” es una reflexión un tanto melancólica del autor sobre lo que puede preverse de la historia futura de Israel. El futuro está abierto, esperanzadoramente abierto, pero el pasado está habitado por terribles monstruos y fantasmas. Se pregunta Ayaso si la “Declaración de independencia” (un documento modelo en cuanto a los ideales democráticos) ha terminado o no con la Diáspora de siglos y siglos. Su respuesta es que parece que no, pues hoy coexisten (y coexistirán al parecer) tres paradigmas de la vida judía en la que ella tiene perfecta cabida: • “Galut” o “exilio”, la mayoría de las veces un exilio interior, pues se da incluso entre los que habitan en el estado de Israel, fundamentalistas, pero esperan otra cosa que se acerque más al ideal.. • Diáspora (también "galut", pero en otro sentido): los que viven cómodamente en el “extranjero”, sobre todo USA, que añora a Israel, pero no se mueven de sus asientos.. • El Estado de Israel, que pretende ser el estado de todos los judíos, empresa titánica... De hecho, ha habido un cambio: de negar la Diáspora el estado israelita actual se ha convertido en protector y cabeza de esa Diáspora…, de la que recibe pingües dineros, indispensable para sobrevivir rodeados de 200 millones de musulmanes. La Diáspora se ha fortalecido tanto que incluso ¡ha vuelto a Berlín!, la capital del Tercer Reich… El libro termina con una reflexión y prognosis del autor –-una “licencia poética” para un historiador-- sobre el futuro de Israel: debe redefinir sus relaciones con la Diáspora; y debe redefinirse a sí mismo para salir del callejón sin salida en el que ahora se encuentra (ya no existen fronteras seguras; en realidad no hay fronteras) = debe dejar de ser el campo de experimentación del choque de las civilizaciones…, según Ayaso. Aunque falta el índice --lo señalé ya-- de autores mencionados y comentados (¡atención editor, porque es trabajoso, pero sumamente útil!), el libro termina con el interesante y necesario glosario de términos hebreo y yiddish (alemán, en un estado de lengua del siglo XVI más o menos, evolucionada, y escrita con alfabeto hebreo) y con una copia de la “Declaración de independencia del estado de Israel”. En síntesis: un libro de historia por temas, lleno de datos, escrito en tono periodístico norteamericano, con anécdotas y mil detalles de los personajes a los que cita…y sumamente aclarador e instructivo. Elogiable. Saludos cordiales de Antonio Piñero. Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Miércoles, 11 de Mayo 2011
Notas
Hoy escribe Antonio Piñero
El libro que presento esta semana es un tanto atípico, puesto que no se presta a un comentario y a una crítica usual, a la que estamos acostumbrados en este blog, sino que es un ensayo ameno y divertido, variadísimo, de fácil lectura, lleno de anécdotas y de datos biográficos de múltiples personalidades judías, muy ilustrativo por la multitud de datos e ideas que aporta, y al que poco se puede criticar, salvo que uno piense que se podía haber hecho de otra manera ("Tantas cabezas cuantas opiniones") En verdad más que un libro de tesis, es un volumen de explicaciones y de aclaraciones de por qué las cosas son como son, o fueron, con lo judíos de ayer y de hoy. Su ficha: José Ramón Ayaso, Dos mil años de historia del pueblo judío. Ediciones “El Almendro”, Córdoba 2010, 237 pp. Con glosario de términos en hebreo y yiddish empleados en el texto. ISBN: 978-84-8005-153-8. Falta un índice de personajes y de autores citados Parte del interés de este libro radica en que su autor no es judío y en que escribe desde fuera sin ánimo apologético, aunque ciertamente los mira con simpatía. En unos momentos en los que el ensayo está de capa caída en el mundo editorial (el 80%, creo, de lo que se vende y lee –-sólo entre el 5% y el 10% de lo que se compra— es novela intrascendente), me alegro de haberme topado con este libro-mini enciclopedia ya que me ha aclarado algunos conceptos que tenía oscuros sobre el judaísmo, sobre todo medieval y moderno y, precisamente porque casi nunca, yo al menos, se tiene tiempo para leer en profundidad aquello que escapa un tanto del marco ideológico, o temporal, de lo que uno cree que es su “especialización” (aunque yo, por ejemplo, soy “especialista” en nada). Ayaso, como historiador no judío, ofrece, pues, una mirada crítica pero a la vez respetuosa del pasado judío. El recorrido es muy rápido en ocasiones por esos dos mil años, y es un repaso no de hechos, sino de temas; el judío es un pueblo increíble y admirable desde diversos puntos de vista que ofrece mucha materia para pensar. Piénsese sólo en un dato: si no me equivoco, y corríjame algún lector que tenga datos fiables, la mitad de los premios Nobel en todas las disciplinas son judíos o tienen ascendencia muy directa judía. Diría, con el autor del libro que presentamos, que la estructura de su obra más que de "historia" es como una reflexión sobre la vida y la identidad judías, sobre todo en la Diáspora, desde la fecha, convertida en mítica, del 70 d.C. --cuando el hijo del emperador Vespasiano, Tito, acabó a medias con el sueño mesiánico judío tan enormemente vigente en todo el siglo I d.C.-- hasta hoy día. Tras definir cómo entienden los judíos el término “diáspora” (hebreo galut; también "exilio") el capítulo 1 describe cómo conciben los propios judíos el judaísmo de la Diáspora, devenido una realidad forzosa de siglos, a saber, vivir como divididos entre dos mundos: el propio, el del pueblo elegido, y el de los gentiles. A veces este vivir se convierte en mera subsistencia por lo que –como el hambre aguza el ingenio- el pueblo judío ha desarrollado un espíritu pionero, aventurero e innovador. También es una característica autodefinida el “dormir siempre con las maletas hechas”. Es una gran verdad. Personalmente conozco el caso --¿o la leyenda?-- de un empresario judío moderno, que vive en Israel, un hombre bastante rico, que mantiene en perfectas condiciones de uso tres barcos deportivos, con tripulación, que circulan discretamente por diversos puertos del mundo, en el Mediterráneo y allende, de modo que en el primer instante en el que “la cosa se ponga fea” en Israel, sale volando del país en helicóptero, y se refugia en uno de sus barcos, cuya localización se mantiene secreta y que están constantemente en movimiento. En la introducción y en este primer capítulo me parece muy interesante para la historia de la literatura sefardí, en hebreo o en árabe, el elenco de obras producidas por autores judíos, de ascendencia española, escritas como descripción triste de esa Diáspora. Menciono la obra del granadino Moseh ibn Ezra, “Libro de la disertación y del recuerdo”, en el que defiende la tesis de la superioridad (intelectual y cultural) de la diáspora judía en el al-Andalus mususlmán, y el “Valle del llanto” de Yosef ha Kohen, natural de Huete, escrita en Génova en el siglo XVI, y “La Vara de Judá” (Séfer Shebet Yehudah) de Shlomo ben Verga, escrita en el exilio (respecto a Sefarad) del Imperio Otomano. Para nosotros, en este Blog, es también interesante el recuero por parte de J. R. Ayaso de la obra de Yosef ben Matatías, más conocido como Tito Flavio Josefo, que es la base para la descripción del final del Templo en el 70 d.C., y del mito sustentador del concepto de la Diáspora en época moderna, pero que ¡fue prácticamente desconocida para los judíos hasta bien entrada la Edad Media! Para los cristianos, por el contrario, que vieron en la destrucción de Jerusalén y la diáspora subsiguiente (aunque Flavio Josefo no habla de la deportación en masa de judíos) el castigo divino al pueblo “deicida” (el que había matado al hombre y Dios Jesús) fue como un “quinto evangelio” (Pierre Vidal Naquet), que había de conservarse como oro en paño. El capítulo 2 “Diáspora en el judaísmo moderno” me parece muy interesante porque --entre otras cosas-- cuenta la historia insólita del último gran mesías (ha habido muchos más; el último es Moses Schneersohn, de la secta Lubavitsch) del judaísmo Shabattay Zvi, nacido en Esmirna en 1626 y muerto en Albania en 1676…¡convertido al islam! Increíble historia la de este individuo. También nos enteramos de cómo es el "hasidismo" moderno (hasid o jasid “piadoso”: un raro movimiento popular antierudito, antiascético y muy alegre y terreno, que aboga primero por la redención de la “carne y de la sangre” y luego la del espíritu). Su fundador fue Israel Ben Eliézer, a principios del siglo XVIII = Baal Shem Tov = “El Señor del buen nombre” = Yahvé), y qué es la haskalá (la Ilustración judía) que nace por la misma época y que es el primer intento serio de integrar al judaísmo en la sociedad centroeuropea sobre todo. Su figura principal fue Moisés Mendelssohn, (creo que se conoce más a su pariente Félix Mendelssohn-Bartoldy, odiado por Hitler, compositor al que adoro y del que me sé de memoria una buena serie de sus composiciones). El capítulo ilustra también sobre la formación y definición de las tres ramas del judaísmo moderno: • El reformado (liberal o progresista) = que casi hace del judaísmo un humanismo • El ortodoxo o neotestamentario ortodoxo, que mantiene la vida tradicional basad en la Ley…, poco amigo del sionismo y etrno protestón en el Israel actual • El judaísmo "conservador", de nombre despistante, pues es menos conservador de lo que parece y que que está en medio de los dos anteriores. Por último, en este capítulo 2, la interesante pregunta “¿Dónde estaba Dios en Auschwitz? (Primo Levi y Simon Wiesenthal…) trata de este vidrioso tema con alusión a la obra de muchos judíos contemporáneos. El próximo día continuamos con los dos capítulos que restan de este interesante libro de J. R. Ayaso. Saludos cordiales de Antonio Piñero. Universidad Complutense de Madrid www.antoniopinero.com
Martes, 10 de Mayo 2011
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Editado por
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.
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