CRISTIANISMO E HISTORIA: A. Piñero

Blog 12. 1275. 18-01-23


Escribe Antonio Piñero
 

 
 
Escribo hoy mi penúltimo comentario al libro al excelente libro de José Marco Segura Jaubert, “Una mirada al pasado. Cultos mistéricos y cristianismo en el mundo griego y romano”, de la edit. EUNA, de Costa Rica, 2022, 232 pp. adquirible por un precio muy módico que no llega a 20 euros, en la siguiente dirección:
 
https://www.euna.una.ac.cr/index.php/EUNA/catalog/book/333
 
Una de las cosas que más me gustan del libro es su admirable claridad  y sencillez. Ninguna dificultad al leerlo, a la vez que se consigue una información muy rica. Además, en el caso de la religión mitraica, sobre la cual no hay prácticamente ninguna información directa por escrito, sino solo de artes plásticas, el libro contiene las ilustraciones oportunas, abundantes, para hacerse una idea de cómo los investigadores extraen un dibujo de lo que era la religión mitraica,  través de las imágenes y algún que otro pequeño dato, más la información indirecta, en plan de ataque de los escritores cristianos de los siglos II al IV, como Justino Mártir, Clemente de Alejandría, Tertuliano o Eusebio de Cesarea.
 
La comparación entre la religión / culto mitraico y el cristianismo es especialmente interesante por sus similitudes formales en los ritos, pero es igualmente importante caer en la cuenta de la diferencia profunda en su significado y en el sistema religioso general entre ambas religiones.
 
Además ha atraído la atención la desafortunada frase de Ernest Renan, según la cual el mundo hubiese sido mitraísta si el cristianismo no hubiese triunfado. En mi opinión, y en la prácticamente todos los investigadores de hoy sobra la idea de Renan: nada más lejos de la realidad.  Y la primera razón es que del mitraísmo antiguo, de Irán, el segundo mitraísmo, el que nos interesa, difundido en el Imperio Romano a partir de los siglos II y III, toma pocos elementos interesantes para los anhelos religiosos de las masas del Imperio romano, y en segundo lugar porque el mitraísmo era una religión exclusivamente masculina (¡excluía a más del 50% de la población!) expandida sobre todo dentro del ejército. Imposible triunfar con esos supuestos.
 
Tomo de Segura Jaubert, p.208, un resumen de semejanzas y desemejanzas entre mitraísmo y cristianismo:
 
 
Semejanzas:
 
-           Tanto Mitra como Cristo fueron adorados por un grupo de pastores a la hora de su nacimiento.
-           De acuerdo con algunos investigadores, la integración a ambas comunidades se daba por medio de un bautismo.
-           El cristianismo otorga una gran relevancia al acontecimiento de la Última Cena; en igual sentido los mitraicos lo hicieron con el banquete entre Mitra y el Sol.
-           Posterior al banquete final o Última Cena, Mitra y Jesús ascienden al cielo.
-           Se utiliza el agua como elemento de purificación.
-           Tanto en el banquete mitraico como en la Última Cena se utilizan el pan y el vino como elementos básicos.
-           Los mitraicos eran marcados en la frente por el mistagogo (el personaje que conducía la ceremonia de iniciación) al cumplir los rituales del tercer grado de iniciación (Miles: “Soldado”); mientras que los cristianos marcan con ceniza la frente de sus fieles en la celebración de la Cuaresma.
 
Diferencias:
 
-           Dentro del mitraísmo existían 7 grados de iniciación mientras que el clero, en el cristianismo, se encuentra basado en los tres grados del sacramento del orden, a saber: el Episcopado, el Presbiterado y el Diaconado… y eso no en los principios, sino el cristianismo desarrollado. Este último asciende desde el diácono, al presbítero, pasando por el obispo, el arzobispo, el primado, el patriarca (en casos especiales), y el cardenal, hasta el cargo superior de Papa.
-           Mitra no resucita como sí sucede con la figura de Jesús.
-           El mitraísmo no aceptaba a ninguna persona que no fuera hombre y libre.
-           No existen pruebas físicas en el cristianismo con el fin de acceder a grados superiores de iniciación, como sucedía en el mitraísmo.
-           Los cristianos no eran marcados a fuego en sus frentes, ni eran bautizados con sangre de toro, ni tenía este animal significado importante alguno en la religión cristiana.
 
E insisto: para que se caiga en la cuenta de la postura exagerada defendida por algunos que sostienen que el cristianismo copia al mitraísmo basta con indicar –contra lo que he oído repetidas veces– que no hay absolutamente ningún texto, por ninguna parte, que diga que Mitra nació el 25 de diciembre, y en una cueva. Ni un solo texto. El tenor general de la religión mitraica tiene muy poco que ver con los conceptos articulados de la teología paulina sobre la muerte en cruz y resurrección del mesías cristiano. Lo que creían los adoradores de Mitra en conjunto era muy diferente.
 
 El próximo día concluiré mi reseña con los últimos párrafos de mi epílogo a este libro (pp. 225-226)
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
www.antoniopinero.com
 
Miércoles, 18 de Enero 2023

La Ley era la “constitución” del reino de Yahvé. Como proclamador de ese reino, Jesús nada opuso al tenor general de la Ley, aunque hay que matizar algunos detalles.

Hoy escribe: Eugenio Gómez Segura


En efecto, varios factores incidieron en una continua revisión de la supuestamente intocable Ley de Moisés. Entre ellos destacan la obligación de aplicarla en cualquier detalle de la vida, las deficiencias en la transmisión escrita de los textos, los lógicos problemas derivados de la memorización y las novedades que el mundo ha vivido desde siempre. Estas variables obligaban a revisar qué se tenía que hacer en cada circunstancia de la vida para saber si era correcta la aplicación e interpretación de la Ley. De hecho, hubo vertiginosos debates tan presentes en la vida de Judea como en Galilea y las poblaciones dispersas por el Mediterráneo.

Acuciado Israel por el desastre de su situación política y pensando que se debía en parte a no entender la voluntad divina, muchos judíos piadosos se valieron de la idea de Sabiduría y buscaron comprender el mensaje de la divinidad. Así, el grupo fariseo insistió en un perfeccionamiento que llevó a crear un cuerpo de enseñanzas que podían o no derivarse hasta Moisés, los comentarios que en el siglo II de nuestra era se denominaron halakhot, mediante los cuales se interpretaba o mejoraba la comprensión y la aplicación de las normas mosaicas. El impulso inicial llevó a que algunos judíos consideraran la posibilidad de completar la Ley con nuevas instrucciones, dato a tener en cuenta puesto que conviene distinguir si los debates versaban sobre el articulado de la Ley o sobre las ampliaciones de la misma. Por otra parte, algunos grupos esenios llegaron a dotarse de preceptos incluso contrarios a la Ley mosaica, siempre con la intención de mejorar a Israel y convertirse en el “resto” bueno.

A estos problemas de interpretación hay que añadir otros derivados de la simple existencia material de los manuscritos y su edición. En concreto, es de destacar que la transmisión de textos en la Antigüedad conllevaba lo que se conoce como variantes textuales: algunos manuscritos de Qumrán ofrecen textos con palabras diferentes a las que encontramos en la versión griega de la Biblia hebrea o en el texto hebreo conocido como Masorético. Esto, por fuerza, hubo de llevar a discusiones sobre cuál de las versiones se atenía al espíritu de Yahvé y de la misma Ley mosaica.

Además de esta tendencia al debate destaca la aparición de los haberim, personas que dedicaron especial atención a la pureza en el día a día más allá incluso que la recomendada para el ritual. En definitiva, en el ambiente existía el convencimiento de que investigar la Ley para mejorar la vida común era bueno mientras no se atacara la raíz de la Ley. Es entonces natural que la gran cantidad de variantes dentro del seno del judaísmo del s I y las escuelas que dentro de las sectas surgían desembocaran en un continuo debate entre unos y otros.

Dicho esto, para presentar la opinión de Jesús sobre la Ley quizá sea preciso todavía apuntar unos datos de los seguidores de Jesús: en Hch 15, 5 se indica que, presentes en la reunión entre Jacob, el hermano de Jesús, y Pablo “se levantaron algunos de la facción de los fariseos que habían creído para decir que era preciso que se circuncidaran y exigieran observar la ley de Moisés”. Es decir, para exigir lo que siempre habían exigido. Este grupo de Jacob, afincado en Jerusalén, interpretaba la muerte y resurrección del maestro como el último paso antes de la restauración del reino, restauración, por otra parte, inminente (en Ez 37, pasaje del que se piensa los inspiró, se liga resurrección y reino restaurado). El grupo seguía una vida enteramente judía ligada al templo (Hch 2, 46), se oponía a la entrada de paganos en la comunidad (Hch 11, 3 y Gál 2, 1-5), esperaba la vuelta inmediata de Jesús y la consiguiente proclamación del reino del dios judío y por tanto sus integrantes vivían en común desprendiéndose de los bienes para sufragar los gastos en el ínterin (Hch 2, 44-45; 4, 32-37). Sus exigencias de circuncisión y leyes de pureza de alimentos (Gál 2) indican que no debieron verse como algo distinto al judaísmo tradicional.

Hay, por tanto, indicios dentro de la propia tradición cristiana de que Jesús, los fariseos y la Ley, todos estaban mucho más cerca de lo que parece. De hecho, al examinar las disputas entre Jesús y los fariseos y escribas E. P. Sanders apunta (Jesús y el judaísmo, p. 360):

Si Jesús hubiera declarado puros todos los alimentos, ¿por qué Pablo y Pedro no se ponían de acuerdo sobre la comida de los judíos con los gentiles (Gál 2, 11-16)? O, expresado más en términos de Hechos que de Gálatas, ¿por qué fue necesaria una revelación tres veces repetida para convencer a Pedro (o, más bien, para dejarlo perplejo para luego ir convenciéndole lentamente) (Hch 10, 9-17)? Y si Jesús transgredió conscientemente el sábado, permitió lo mismo a los discípulos y justificó su acción públicamente, ¿cómo pudieron los adversarios cristianos de Pablo en Galacia apremiar el cumplimiento del sábado (Gál 4, 10)?

En resumen, los datos que provienen de la propia tradición evangélica apuntan a que Jesús no debió despreciar la Ley. En lugar de oponerse a ella, hubo más bien de discutir algunos artículos de la Ley, no el concepto principal. Los evangelios y algún texto más de NT presentan, en efecto, cuatro temas concretos de discusión: divorcio, algunos detalles sobre pureza, el trabajo durante el Sabbat y los juramentos sirviéndose del nombre de la divinidad.
 

1. El divorcio.

Para empezar, no hay duda de que el Nazareno se opuso al divorcio, lo cual quiere decir que se enfrentó a algo que permitía la Ley mosaica, aunque no fue el único que trató este tema. Lo cierto es que, en época de Jesús, la discusión sobre el divorcio existía, aunque en general sobre detalles administrativos, y poco después incluso hubo una fuerte disputa entre dos ramas del fariseísmo (la de Hillel y la de Shamai), cada una más o menos aperturista.

En cuanto al Nazareno, los pasajes que tratan el tema son Mt 5, 32; Lc 16, 18; Mc 10, 11-12 y especialmente Mc 10, 2-10:

Y se le acercaron unos fariseos y le preguntaron si es conforme a la ley que un hombre repudie a una esposa, con el fin de ponerle a prueba. Y él les dijo como respuesta: "¿Qué os ordenó Moisés?" Y ellos le dijeron: "Moisés prescribió escribir un libro de divorcio y repudiar". Y Jesús les dijo: "Por vuestra dureza de corazón os prescribió Moisés este mandamiento. Pero desde el principio de la creación varón y mujer los hizo; por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y será fiel a su mujer, y los dos acabarán por ser una carne (Gn. 2, 24); de manera que ya no son dos sino una carne. Lo que Dios unió no lo separe un hombre. Y cerca de casa de nuevo los discípulos le preguntaban sobre esto. Y les dice: "Quien repudie a su mujer y se case con otra induce al adulterio a ésta; Y si ésta repudia a su marido y se casa con otro comete adulterio".

En este pasaje de Marcos, Jesús argumenta mediante una idea simétrica de principio y vuelta al principio: si el reino de Yahvé iba a aparecer de nuevo en ese mundo, lo lógico es que se volviera a un reino paradisiaco (nunca mejor dicho) en el que todo manara leche y miel, las relaciones personales no fueran problemáticas y, por supuesto, las familias fueran estables y felices. Ese criterio finalista, ese intentar restituir las cosas propias del principio ahora que se acerca el final, hacen coherente que el Nazareno, que ya veía los inicios del reino, pensara en superar ya algunos puntos de la Ley que sobrarían en el futuro inminente.
 

2. Normas de pureza.

El texto más famoso que retrata a Jesús argumentando contra estas leyes es Mc 7, 1-23, pero, como en muchas otras ocasiones, es más útil para conocer la historia de los seguidores del Nazareno que la de él mismo. Es muy relevante, por ejemplo, que la cita del profeta Isaías utilizada no pudo haber sido nunca leída u oída por Jesús, pues es la versión griega, que conlleva sutiles diferencias con las versiones en hebreo que podría haber conocido el Nazareno. Además, al leer el pasaje con ojos críticos uno no puede dejar de preguntarse cómo los fariseos y escribas protestan que los discípulos del galileo no se lavan las manos antes de comer y, contra toda lógica, no alzan la voz para condenar la supuesta negación de las leyes sobre los alimentos por parte de Jesús. Estos acontecimientos, por tanto, no son realmente de Jesús.

Esto supone que una frase tan famosa como “Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda profanarlo; por el contrario, lo que procede del hombre es lo que lo profana” (Mc 7, 15) es también propia de la generación preocupada por el problema que le producía la convivencia entre creyentes gentiles y judíos, no de Jesús.
 

3. El Sabbat

En tercer lugar, hay que mencionar que los textos principales son curaciones o disputas entre fariseos y Jesús. Pero, respecto a las curaciones, según comentan estudios modernos no hay ninguna posibilidad de que curar a alguien en sábado fuera un problema a tenor de la ausencia de este tema en la literatura anterior o contemporánea a él que conservamos. Es decir, es una recreación de la segunda o tercera generación cristiana forzada por la necesidad de distanciarse del judaísmo.

En cuanto a los debates, éstos pudieron basarse en argumentaciones reales entre judíos afines o discrepantes pero eso no quiere decir que ocurrieran tal como se narran en los evangelios ni que se dijera exactamente lo que se supone que se dijo. Se trataría de escenarios. De todos modos, la forma habitual de discusión es la típicamente rabínica: se propone escoger entre dos opciones igualmente válidas para saber, mediante la confrontación de argumentos, cuál es la más cercana al espíritu de la Ley, es decir, no se trataría de lidiar contra el enemigo sino de argumentar siguiendo las normas de la casa común, el judaísmo.
 

4. Juramentos e invocaciones.

Por último, la prohibición de jurar en vano. Una vez en los evangelios, Mt 5, 34-37, y otra en la Carta de Santiago (St 5, 12) aparece la prohibición de jurar, es decir, invocar el nombre de la divinidad como potente respaldo de lo afirmado o, incluso, como nombre cuya magia ayuda a lograr o detener algo. El texto de Mateo es el siguiente (Mt 4, 33-37):

A su vez oísteis que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso, sino que dedicarás tus juramentos al Señor". Pero yo os digo que no juréis en modo alguno; ni por el cielo, porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el escabel de sus pies, ni por Jerusalén porque es la ciudad del gran rey, ni por tu cabeza jures, porque ni un solo pelo puedes hacer blanco o negro. Por el contrario, que vuestra palabra sea sí, sí, no, no; el exceso de esto es propio del mal.

 

El pasaje recoge ideas realmente antiguas que refieren a conceptos como el poder de la palabra o, muy curiosamente para nosotros, a la sacralidad de la cabeza y el pelo. Además, que la palabra sea fuerza poderosa es una idea habitual del judaísmo. El valor del nombre, la idea de que el nombre representa a la divinidad, se puede observar en Dt 10, 8: «En aquella ocasión ordenó el Señor a la tribu de Leví levantar el arca del pacto del Señor para colocarla delante del Señor para hacer servicio y dar gracias a su nombre hasta este día». Además, el nombre transmite poder. La idea puede verse en Gn 12, 8: «e invocó el nombre del Señor», evidentemente para santificar el altar que se acababa de construir.

Pero la Ley anuncia dos cosas que podrían parecer contradictorias, aunque en realidad no lo son: Lv 19, 12 prohíbe jurar sirviéndose del nombre del Señor para ganar autoridad y respaldar lo prometido, es decir acudiendo al poder del nombre; Dt 6, 13 recomienda «Al Señor, tu dios, temerás, a él servirás, y a él te mantendrás unido, y mediante su nombre jurarás». Parece que, claramente, la idea debería ser que, mediante la invocación de su nombre, se reforzará el juramento. Jesús, en este tema, debió optar por no jurar.

Es momento de volver a la segunda razón que explicaría la notable preferencia de Jesús por la idea “Yahvé padre” y la expresión “reino de los cielos”. Pienso que el Nazareno rechazó el uso del nombre divino y puso en práctica su idea acudiendo a estas etiquetas, todas lógicas en el ambiente religioso que conoció.
 

Saludos cordiales

Domingo, 15 de Enero 2023
Patrocinado por el Centro de Estudios Bíblicos Limud. México

 
Profesor: Dr. Eugenio Gómez Segura. (Logroño 1966). Es Doctor en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid con la tesis “El cuerpo místico en San Pablo: un problema sintáctico”. En el campo de la Arqueología sus actividades comenzaron en el año 1990 formando parte del equipo técnico que la Universidad Complutense envió a Tel Hazor en Israel. Sus principales fuentes de estudio se realizan en el campo de la filología neotestamentaria, publicando varios libros y artículos sobre estos temas.
 
Destaca en su producción las obras siguientes “Pablo de Tarso: el segundo hijo de Dios” (Oberon 2006). Es traductor de los cuatro evangelios canónicos y los Hechos de los apóstoles para la edición que A. Piñero publicó en el volumen titulado Todos los Evangelios (EDAF 2009). Además, ha preparado junto a este autor los siguientes títulos de divulgación científica sobre estos temas: “La verdadera historia de la Pasión” (EDAF 2007), “El juicio final” (EDAF 2011), “Taumaturgia en el mundo antiguo pagano, judío y cristiano” (TRITEMIO 2016).
 
Su última publicación es “Hijos de Yahvé: una arqueología de Jesús y Pablo” (DILEMA 2021). Adicionalmente ha escrito sobre pedagogía el libro “Educar en la era mediática: una realidad virtual” (Bellaterra 2003) y sobre la relación entre la cultura clásica y la actualidad política la obra “La ceguera de Edipo: una mirada trágica a las elecciones del 14-M (Perla Ediciones 2004).
 
Desde hace veinte años es profesor en la Universidad Popular de Logroño impartiendo clases sobre el mundo antiguo del Mediterráneo y comparte su tiempo con el fascinante mundo de la arqueología.
 
Cómo se enfoca este curso:
 
Al hablar de los orígenes del cristianismo hay una pregunta que pocas ocasiones sale a la luz: ¿Cuándo podemos hablar de primeros cristianos? Lo que esconde esta sencilla cuestión es verdaderamente importante: ¿Fueron éstos los seguidores de Jesús de Nazaret cuando estaba en vida? ¿O quizá quienes continuaron viviendo según sus enseñanzas nada más ser ajusticiado el maestro?
 
 
¿Debemos pensar más bien que los primeros cristianos fueron quienes pensaron en términos cristianos? En definitiva, ¿tenemos razón al pensar que desde la muerte de Jesús sus seguidores fueron cristianos?
 
Tanto los acontecimientos como los textos a nuestra disposición sean éstos los conocidos o algunos reconstruidos tras años de investigación, han de estar a mano para alcanzar una respuesta lo más seria posible a estas cuestiones. Así pues, presentamos un repaso a los estudios más recientes sobre este tema con un programa dividido en tres fases históricas que incorporan información precisa y quizá desconocida por el gran público. Con este material intentaremos entender si hubo evolución entre las ideas que sostuvieron quienes conocieron a Jesús y las de quienes, cincuenta años más tarde, ya creían en él. Buscaremos, por tanto, quiénes fueron y qué pensaron los primeros cristianos.
 
Cómo se desarrolla este curso:
 
100% En línea, dictado desde de Logroño en España. Las lecciones son en vivo, y a la vez grabadas simultáneamente.
 
Duración: ocho semanas.
 
Frecuencia: cada martes
 
Hora: 14:00 hrs México/ 21:00 hrs España
 
Inicio: 17 de Enero de 2023.
 
Pago mensual. USD 39.00 (Treinta y nueve dólares americanos). En total el curso cuesta 78 dólares. Cada clase sale a 9,75 dólares = aprox. 9,05 euros
 
Formas de pago. Tarjeta de crédito o débito, PayPal, Western Union.
 
Reservas. Por medio del WhatsApp / Telegram +52 55 6609 4273.
 
PROGRAMA
 
I. Antes de los evangelios
 
17 de enero. Fundamentos de estudio. Contexto histórico y método de análisis. Jesús de Nazaret, persona y mensaje.
 
24 de enero. Piezas de un rompecabezas: primeros seguidores de Jesús: helenistas y Jerusalén.
 
31 de enero. Pablo y su mensaje.
 
7 de febrero. Primeros escritos (perdidos y reconstruidos) sobre el mensaje de Jesús: relatos de la pasión, Documento Q, relatos de milagros. Las comunidades detrás de estos textos.
 
II. Primeros evangelios y cartas escritas por los discípulos de Pablo
 
14 de febrero. Marcos y Mateo.
 
21 de febrero. Colosenses, Efesios Hebreos.
 
III. Otros autores, ¿otra religión?
 
21 de febrero. Clemente de Roma, Lucas.
 
28 de febrero. Juan y Revelación, Ignacio de Antioquía
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
Miércoles, 11 de Enero 2023

Blog 12 / 1274: 11-01-2023. Foto de la cubierta del libro en la postal anterior


Escribe Antonio Piñero
 

 
Una mirada al Prólogo del libro de Segura Jaubert, cuyo título está arriba, prólogo redactado por mi colega, A. Bernabé, ayuda muchísimo a situarse en lo que son en verdad los cultos de misterio. Voy a extractar lo que creo más interesante, pues ayuda a entender muy bien que son los “cultos de misterio” por contraposición a la religión oficial del Estado, y por tanto a comprenderlos bien y poderlos comparar con el culto cristiano.
 
 
Escribe Alberto Bernabé:
 
”La religión griega era una religión del Estado, cuya función principal era la de estructurar la vida de los ciudadanos, a través de una serie de ritos, proteger a la ciudad de la ira de los dioses por no actuar debidamente para con ellos, reforzar los vínculos entre los ciudadanos, marcados por la tradición, articular los ritmos de las estaciones por medio de diversos ritos y, en definitiva, relacionar al ciudadano no solo con los demás, sino también con sus gobernantes e integrarlo en la comunidad.
 
”De este modo, el transcurso de sus vidas y el de la ciudad obedecería a pautas conocidas y discurriría de una manera ordenada y previsible, porque cada uno sabría qué debía hacer para cada uno de los asuntos importantes. Cosas similares pueden decirse de la religión romana, de cuya base, profundamente política, es buena muestra el culto al Emperador, que asociaba aún más a los gobernados con sus gobernantes, a través de un vínculo religioso.
 
”Sin embargo, con esta manera de vivir la religión –en la que el ciudadano encontraba muy pocas respuestas o casi ninguna a sus problemas personales e íntimos–, coexistía otra forma de actividad religiosa, con diversas variantes, a la que llamamos “religiones mistéricas” (aunque sería más adecuado decir “cultos mistéricos”), que pretendía llenar ese hueco. Se trataba de ritos religiosos secretos, que eran accesibles solo para quienes se iniciaban en ellos. Por tanto, se accedía a ellos voluntariamente, frente a los ritos públicos de la religión de la ciudad que eran por así decirlo obligatorios.
 
”En cierto sentido, pues, los Misterios eran más cerrados que los ritos públicos, en la medida en que solo participaba en ellos quien quería y se le permitía (los homicidas, por ejemplo, podían ser excluidos por el sacerdote), pero en otro sentido eran más abiertos, porque en los ritos de la ciudad solo participaban los ciudadanos (no los esclavos, ni los extranjeros, en algunos casos estaban claramente delimitados a un sexo, el masculino), mientras que los Misterios estaban abiertos a ambos sexos e incluso a no ciudadanos o a extranjeros, con tal de que pudieran pagar los costes de los ritos y sacrificios conexos con la iniciación.
 
”No obstante, los Misterios no eran “otra religión”, opuesta a la cívica, sino una manera diferente de relacionarse con la divinidad, complementaria de la anterior y más volcada hacia la vertiente personal que hacia la colectiva. Frente a la frialdad de la religión oficial y a la relación distante y “política” que se tenía con la divinidad en la religión cívica, las religiones de los Misterios ofrecían a los fieles una posibilidad de acercarse de modo más íntimo a lo divino, y, sobre todo, les brindaban consuelo y esperanza, frente a los problemas personales, como el miedo a la enfermedad, a la muerte y a lo que sucede después de ella, o el desconsuelo por los avatares negativos de la vida.
 
”Podría decirse que, mientras que la religión cívica determinaban las relaciones “externas” de los seres humanos y los dioses y se planteaban como el vehículo para rendir culto a la divinidad, los cultos mistéricos proponían una relación íntima y no buscaban que los asistentes ofrecieran nada al dios (“Yo te doy un sacrificio y tú, el dios me retribuyes con tu protección”), sino, por el contrario, recibían del dios soluciones para sus problemas personales.
 
 
”Los beneficios atribuidos a los Misterios iban desde los más elementales (salud y prosperidad para el iniciado en este mundo) hasta otros que se proyectaban sobre la vida futura, ya que en algunos Misterios se prometía una situación de privilegio en el Más Allá.
 
”Aunque algunos elementos de los Misterios se remontan a una gran antigüedad, el desarrollo en Grecia en la forma en que los conocemos se relaciona con el descubrimiento de lo individual en el mundo griego, que se produce en el s. VI a. C.
 
 
”Si bien se suele decir que los Misterios son tardíos, y de procedencia oriental, el hecho es que los conocemos desde fines del s. VII a. C, (con el himno homérico a Deméter) y que, incluso en el caso de que divinidades orientales protagonicen Misterios griegos (como es el caso de Isis) el hecho es que en sus lugares de origen no están asociadas a estos ritos. Podemos afirmar sin dudas que los Misterios son un fenómeno griego.
 
 
”Los Misterios ejercen sin duda una notable fascinación, dado que, por una parte, están asociados a mitos particularmente atractivos y emocionantes, como el mito de Orfeo o el rapto de Perséfone y por otra, su carácter secreto hace que los conozcamos de forma muy imperfecta. Sin embargo, a pesar de que los iniciados debían guardar secreto de cuanto ocurría en ellos, los estudiosos han podido reconstruir, siquiera sea parcialmente, los elementos más significativos de los Misterios, a través del uso combinado de los datos de la arqueología, las artes plásticas, inscripciones o textos literarios, que suministran algunos importantes destellos de información”.
 
Hasta aquí A. Bernabé en el claro e informativo prólogo al libro de Segura Jaubert.
 
Seguiremos
 
Saludos cordiales,
Antonio Piñero
www.antoniopinero.com
 
NOTA:
 
Enlace a un par de entrevistas con el canal de You Tube “Fe hebrea”
 
Fe Hebrea  03-01-2023

*Jesús y el trabajo: https://youtu.be/t6Mv5X-id3I
 
*La división del cristianismo:  https://youtu.be/S4FjpD6Rfag
 
Martes, 10 de Enero 2023
Una mirada al pasado. Cultos mistéricos y cristianismo en el mundo griego y romano
Escribe Antonio Piñero
 
1273.-  4/01/2023
 
 
Empiezo hoy unas presentación y breve comentario a un libro que va a interesar, y mucho, a los lectores preocupados por los orígenes del cristianismo. Estoy seguro de que habrán oído mil veces que el cristianismo, en especial el paulino, un modo de judeocristianismo que resultó  triunfante sobre los demás, apenas si hizo otra cosa que copiar burdamente de los cultos o “religiones” de misterio que se conocen en Grecia desde el siglo VII a. C., en especial los de Eleusis. Y también habrán oído que los relatos de la infancia de Jesús, capítulos 1 y 2 de los evangelios de Mateo y de Lucas son una copia, igualmente crasa y fácil, del culto a la divinidad persa Mitra. ¿Es todo esto verdad? Este libro de José Marco Segura Jaubert, de la Universidad de Costa Rica, responde a estas preguntas con una claridad y mezcla de información inusitadas.
 
El libro, cuyo título es el encabezamiento de esta postal, está publicado por EUNA, Univ. Nacional de Costa Rica en el año pasado 2022. Tiene 232 pp. ISBN 978-9977-65- 639-7. El precio: no consta. Puede adquirirse en la página de la Editorial EUNA: https://www.euna.una.ac.cr/index.php/EUNA/catalog/book/333.
 
 
El libro es el producto de una tesis doctoral codirigida por el Prof. Dr. Alberto Bernabé, de la Universidad Complutense, un gran experto, mundial, en el orfismo y temas conexos, y por mí mismo. Por eso lleva un “Prólogo” del Dr. Bernabé y un “Epílogo mío”.
 
 
Existe en Internet un debate mío con un judío estudioso de estos temas, cuyo nombre es Irving Gattel. En opinión del autor del libro que presento, el Sr. Gattel sabe menos de los cultos de misterios de lo que afirma, puesto que, en ninguno de ellos se habla estrictamente de la resurrección (resurrección no del alma, que no la necesita, pues es inmortal, sino estrictamente de los cuerpos, como afirma el fariseísmo, y luego el judeocristianismo. En todo caso son algunos de los dioses como Atis, Dioniso u Osiris quienes de alguna forma vuelven a la vida. Propiamente, para los griegos (véase la risa de los filósofos de Atenas cuando Pablo habla con ellos y afirma que les anuncia la resurrección de la “carne” y se mofan de él… = Hechos de Apóstoles 17) no hay por ningún lado resurrección corporal de esa “parte” del ser humano.
 
Tal resurrección del cuerpo no ocurre con los iniciados de los cultos de misterio, sino, a lo que acceden en todo caso, si cumplen escrupulosamente los ritos, es a una salvación ultraterrena del alma / espíritu: la diferencia aquí con el judaísmo y el judeocristianismo es muy notable. Opina Segura Jaubert que el señor Gattel, y yo lo suscribo, "ve misterios en el cristianismo por todos lados". Para los judíos sobre todo, el cuerpo del ser humano es tan consustancial con la persona humana completa, que si se elimina lo corporal, no hay ser humano, sino una sombra.
 
Escribo en el Epílogo (p. 223) unas líneas que confirman lo que he dicho al principio de esta postal:
 
“Después de haber leído este libro, cualquier lector atento tiene –en mi opinión– todos los elementos necesarios y convenientes para responder a las viejas y a veces insidiosas preguntas acerca de la relación de dependencia, e incluso de burda copia, de la que se acusa a las concepciones teológicas de los cristianismos primitivos, y en particular al paulinismo. El motivo de dicha acusación es que el cristianismo, sobre todo paulino, se muestro muy cercano al ambiente misteriosófico (es decir, cercano a la atmósfera de intenso deseo de salvación en un mundo ultraterreno que es el origen de los cultos de misterio) que se encuentra en una buena parte de las religiones paganas del Mediterráneo oriental de los siglos I al III de nuestra era, en los cuales nace y se consolida el cristianismo”.
 
Seguiremos y utilizaré elementos para la explicación de la importancia del libro de Segura Jaubert tanto del Prólogo de mi colega Alberto Bernabé, como de mi epílogo.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
www.antoniopinero.com
Miércoles, 4 de Enero 2023

En poco menos de un año el libro se ha vendido muy bien


Tercera edición de "Los Libros del Nuevo Testamento"
Escribe Antonio Piñero
 
“Blog 12”, nº 1272. 30-12-2022
 
 
Una noticia ya confirmada es la aparición en el mercado de la tercera edición de “Los Libros del Nuevo Testamento", que es un volumen “gordito”, de 1664 páginas y que supone una buena base para  los lectores aficionados al Nuevo Testamento en general, a la vida de Jesús de Nazaret y a la historia del cristianismo primitivo. En efecto, me parece que este volumen ofrece una perspectiva, en opinión de muchos bastante completa de los estudios estrictamente académicos sobre el Nuevo Testamento, pero sin tecnicismos al nivel del público general, en una perspectiva laica, no confesional, no sujeto a Iglesia alguna.
 
 
"Los Libros del Nuevo Testamento" es un libro “laico”. Ahora bien, como he repetido muchas veces, este vocablo no significa antieclesiástico, el clero, ni anti iglesia alguna, sino que viene del griego laós, que significa “pueblo”. Un libro escrito desde el “pueblo” que no perteneciente a ninguna institución eclesiástica, y “para el pueblo”, que desea entender qué es el Nuevo Testamento desde una perspectiva histórica.
 
 
Como editor y autor de una buena parte de este volumen, "Los Libros del Nuevo Testamento" no es un libro para leer seguido, sino sobre todo de cabecera. Por ejemplo: si un lector/lectora va a misa los domingos y oye la lectura de una epístola del Nuevo Testamento, o bien una sección de los Evangelios, puede ir al libro que estoy recomendando y ver qué dice sobre el sentido del texto en cuestión, es decir, cómo hay que entenderlo no solo hoy día, sino ante todo desde la perspectiva de cómo se escribió, si hay, o no, algún problema de historicidad en torno a lo leído y si puede aplicarse, o no, al pie de la letra al mundo de hoy.
 
 
Y volviendo al tema de lo que se oído en la iglesia, una sección evangélica o de una epístola de san Pablo, opino que es interesante conocer qué opiniones tienen al respeto las diversas ramas de  la investigación de modo que el lector pueda escoger la que le parezca más conveniente.
 
 
La responsable de la edición de "Los Libros del Nuevo Testamento" es la editorial Trotta, de Madrid. La primera edición fue de 3.000 ejemplares, y salió en noviembre de 2021, aunque los primeros 900 ejemplares se vendieron ya en octubre de ese mismo año, en una suerte de promoción, que fue enviada por correo. En marzo, o por ahí, de 2022 salió la segunda edición de 1.500 ejemplares (es decir, apenas seis meses después). Y ahora la tercera edición de otros 1.500 ejemplares en noviembre de 2021… en total en un año justo.
 
 
Como el precio del papel es una locura (el papel ahora es el primer enemigo del libro) y es papel “semibiblia”, y viene desde Finlandia, es lógico que este volumen haya subido el precio. Hay que consultar lo que cuesta en Internet, porque yo no lo sé con exactitud. De todos modos, el volumen me parece muy barato, en torno al 40 %, en comparación con los precios que tienen los libros de unas mil páginas de tema religioso en España… y este tiene 664 páginas más.
 
 
Además, el contenido de cada página (lo que creo que se denomina “mancha tipográfica”) es muy grande, sin márgenes amplios, ni nada de eso, que se hace a veces para aumentar el número de páginas. Todo lo contrario: se trató de hacer un volumen manejable dentro de la amplitud del tema: ¡el Nuevo Testamento completo con una nueva traducción al español y comentarios creemos los autores más más importante dentro de la sección. Naturalmente no a todos los versículo, ya que si se hiciera eso, el libro debería tener el doble de páginas, por lo menos.
 
 
Existe, además una versión “libro electrónico” / “digital” o “Kindle”, que es unas diez veces más barata, esto sí lo sé, de lo que vale un libro electrónico en el mercado religioso alemán. El que lo desee lo puede comprobar en Internet.
 
 
Saludos cordiales de parte de los cinco que hemos hecho este libro y en especial del editor fáctico, Alejandro Sierra y del editor literario, Antonio Piñero
 
 
Viernes, 30 de Diciembre 2022

Blog 12, nº 1271 22-12-22


Escribe Antonio Piñero
 
 
Hoy mi comentario al libro de Mar Pérez i Díaz, “Fue Marcos discípulo de Pedro o de Pablo” (Verbo Divino 2022), será relativamente breve: me parece una obra absolutamente necesaria y conveniente, aunque no esté de acuerdo con algunas de sus conclusiones, debidas, como escribí, a que la autora no está al día en los estudios sobre Pablo de investigadores judíos (véase M. Zetterholm, “Approaches to Paul. A Students’Guide to Recent Scholarship, Fortress Press, Minneapolis 2009) y en el mercado español mismo la obra de Pamela Eisenbaum, “Paul was not a Christian” del 2009, cuya traducción al castellano publicó Verbo Divino “Pablo no fue un cristiano”, y que a pesar de algún defectillo, es como la popularización de los nuevos estudios paulinos.
 
 
En mi opinión, Mar Pérez se queda en la postura de James Dunn (“La nueva perspectiva” en los estudios paulino abanderada por N. T Wright, Paul in Fresh Perspective” de Fortress Press, Minneapoilis 2009). Y ocurre que ahora existe –también según creo– una nueva y verdadera perspectiva sobre el pensamiento de Pablo, como ha indicado  Carlos A. Segovia, Pablo de Tarso, ¿judío o cristiano?, del 2013 de Atanor Ediciones, encontrable, por ejemplo, en Amazon. En fin que la investigación ha cambiado mucho.
 
 
Por otro lado reconozco que el tema planteado por el libro es “necesario para la exégesis actual”. Es prudente su afirmación de que no todo lo que leemos en el Evangelio de Marcos es paulino “sino que el evangelista “retoca y cambia las fuentes de lo que recibe para que esté en consonancia con Pablo” (p. 17). Creo que esto es decir bastante. Y también es acertado el juicio de que el Evangelio de Lucas es “demasiado tardío para transmitir la frescura, radicalidad y la convicción del propio Pablo (p. 18).
 
 
Suscribo también la idea de que “Marcos presentaba a Jesús a su comunidad, por lo que no podemos encontrar vocablos o expresiones típicamente paulinas en la narración marcana, porque Marcos no quiere presentar a Pablo, sino la interpretación que se hace de Jesús cuando está en sintonía con Pablo” (en la misma p. 18). Suscribo, pues, esta idea, que ha sido presentada por mí desde hace muchos años: Jesús de Nazaret es un judío radical; Pablo reinterpreta a Jesús y en realidad lo convierte en Jesús – Cristo celestial, y Marcos, al presentar a Jesús de Nazaret (¡nombre griego no israelita)  a su comunidad lo hace reinterpretando a Pablo.
 
 
Así surgirá el cristianismo que no es más que un fenómeno exegético, reinterpretación de un Jesús histórico, puramente judío, radicalmente judío (Daniel Boyarin, “A Radical Jew”, libro de 1997, cito de memoria) que será transformado en Jesucristo (sin guion alguno), comenzando por la reinterpretación de la vida de Jesús hijo de José (nombre judío) con una exégesis nueva de pasajes seleccionados de la Biblia hebrea interpretados mesiánicamente.
 
De este modo, Mar Pérez abre un camino muy fructífero dentro de la exégesis confesional, aunque sin sacar todas sus consecuencias.
 
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
www.antoniopinero.com
 
 
Jueves, 22 de Diciembre 2022
¿Fue Marcos discípulo de Pedro o de Pablo? (II)

 
Blog 12, nº 1270. 15-12-22
 
 
Escribe Antonio Piñero
 
Olvidé hacer hincapié en mi primera entrega / comentario, la semana pasada, al libro de Mar Marcos, en su Introducción (en la que justifica y delimita el tema), olvidé, repito, señalar lo que supone un cambio de paradigma para el pueblo cristiano que es creyente practicante. A saber, es un cambio de paradigma para el pueblo declarar en un libro sobre la teología de Marcos que ella, la autora, solo acepta siete cartas auténticas de Pablo y rechaza como espurias, secundarias, aunque canónicas, otras siete atribuidas a Pablo, pero que fueron escritas por sus discípulos.
 
En efecto ese creyente sigue oyendo decir en las lecturas de la misa dominical:  “Lectura de la Primera carta de san Pablo a Timoteo”…, e ignora que sus teólogos saben que esa formulación no es correcta. Opino que hay un gran desfase en la práctica entre lo que los exegetas católicos enseñan en las universidades e institutos de teología y lo que siguen manteniendo en los oficios litúrgicos, que es lo que verdaderamente llega al pueblo. Quizás se debería ir animando a los responsables de las homilías dominicales que instruyan al pueblo sobre lo que piensan de verdad sus teólogos. En este caso y en otros.
 
 
José Montserrat en la Introducción del volumen "Los Libros del Nuevo Testamento" (del que anuncié ya la tercera edición en doce meses) escribe a propósito del problema de la pseudonimia en el corpus de escritos cristianos que la “pseudonimia supone en muchos casos, la intención de defraudar se deduce de los términos en los que el suplantador se presenta explícitamente como el suplantado”.  Y luego añade: “Términos eufemísticos como «relectura» o «presentificación» –para pasar de largo por el problema de pseudonimia–  no son más que recursos desesperados para intentar soslayar el problema teológico de un inspirador divino que se comunica a través de falsificadores”. Teológicamente, sostengo, este problema debe abordarse y explicarse al pueblo cristiano.
 
 
También quisiera insistir en lo que ya escribí comentando la contracubierta del libro…, a saber que estoy profundamente de acuerdo con el enfoque de Mar Pérez u Díaz en su obra. Ciertamente el primer evangelista es un discípulo intelectual de la teología paulina. Y no puedo menos que estar de acuerdo porque es una tesis que he defendido desde siempre, y que he puesto de manifiesto hace ya suficientes años. Por ejemplo, en mi “Guía para entender el Nuevo Testamento”, sexta edición desde 2006 (si se cuenta también la digital); en mi obra “Guía para entender a Pablo de Tarso. Una interpretación (no una introducción, que también lo es, sino un poco más) del pensamiento paulino de 2019 y que va por la segunda edición.
 
Y tanto más debo defender la posición de Mar Pérez, porque es la base del volumen  “Los Libros del Nuevo Testamento", la edición del Nuevo Testamento no denominada así porque no sigue el orden usual de los libros que en este corpus se contiene. No comienza esta obra, edición /comentario del Nuevo Testamento,  por el Evangelio de Mateo y lo demás, sino que sitúa en primer lugar la Primera Carta de Pablo a los tesalonicenses escrita probablemente en año 51 de la era común al judaísmo y el cristianismo. Igualmente defiendo la misma postura básica que Mar Pérez i Díaz en mi libro “Aproximación al Jesús histórico”, de 2019 y que va por la cuarta edición. Creo que la idea ha tenido por mi parte suficiencia presencia pública en lengua española.
 
Escribí en mi comentario de la semana pasada lo siguiente:

Todo estupendo (en este libro)…; pero para una edición española podría haber recurrido a bibliografía española… ¡también! Pero la ignora. Con ello contribuye animosamente al proverbio Hispanicum est non legitur “Está escrito en español. ¡No se lee!”; o no se cita ni por los españoles mismos. Naturalmente en esto no estoy de acuerdo. Y en la próxima entrega espero poder demostrarlo. 
 
Naturalmente, estas obras que acabo de mencionar no están recogidas en el pensamiento (lo veremos) y en bibliografía de Mar Pérez i Díaz (“Sección 3. Estudios paulinos”). Y lo mismo le sucede a otros trabajos de autores independientes en lengua española como los de José Montserrat, G. Puente Ojea y F. Bermejo, que parten del mismo presupuesto (el evangelio de Marcos depende teológicamente de la concepción paulina de Jesús de Nazaret) al que llega Mar Pérez tras un sesudo estudio. ¿Debo agradecer esta no mención bibliográfica, al igual que agradecí a Mercedes Navarro Puerto, que en su bibliografía sobre las mujeres y la Biblia no recogiera en el listado mi obra, puramente filológica e histórica, “Jesús y las mujeres”, que va por la segunda edición? Reflexiono…
 
 
Pues a lo mejor sí debo agradecerlo, porque estas ausencias demuestran un cierto sesgo por parte de autores confesionales y que sus opiniones deben ser comentadas y criticadas con crítica positiva y constructora.
 
Por el contrario, parece que los autores independientes en lengua española no tenemos empacho en leer y comentar cortés y educadamente en la mayoría de las ocasiones la bibliografía española al respecto de lo que tratamos. Yo, al menos, no dejo de alabarla en todo lo que tiene de bueno. Y fíjense en un hecho curioso e instructivo, el artículo de unas 30 páginas de C. Gil sobre el fracaso del proyecto de Pablo y su reconstrucción sí aparece en la p. 276, de la bibliografía…, pero no las obras citadas arriba. Hay un sesgo claro.
 
 
Por tanto y he demostrado hasta aquí lo que dije en mi postal anterior.
 
Y ahora volviendo al libro de Mar Pérez i Díaz: creo que es estupendo en líneas generales, y necesario, aunque yo pueda tener otras perspectivas.
 
Y concluyo con una cita de la autora en la p. 17 sobre las cuestiones  teológicas “recogidas en el mundo de la exégesis” (añado confesional) “como características de la teología de Pablo”. Son las siguientes:
 
· Importancia de la teología de la cruz
 
· La libertad cristiana
 
· La crítica a la Ley
 
· El amor al prójimo
 
· La apertura a los paganos
 
· El no patriarcalismo
 
· La relación con el poder romano
 
· El concepto de Evangelio
 
· Jesús presentado como un nuevo Adán
 
· Debate sobre la pureza
 
· La justificación (es decir, preciso, la absolución de los pecados de cada ser humano ante el tribunal de Dios) por la fe
 
· La importancia del Templo
 
· La relación con los discípulos y la victoria sobre los demonios.
 
Con ello pretende la autora contrastar el fondo teológico del Evangelio de Marcos y encontrar en él las huellas del pensamiento paulino.
 
Con el devenir de los días discutiré /dialogaré con el texto de la autora sobre aquellos pasajes cuya interpretación no me parece oportuna o muy dudosa, al menos.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
www.antoniopinero.com
 
NOTA
 
Enlace a una entrevista que me hizo Alonso Naranjo Arias, en su canal “Indagando la Biblia”:
 
https://youtu.be/xhmbzd-3hDI
 
Viernes, 16 de Diciembre 2022

Notas

Un repaso a la vigencia que la Ley de Moisés tuvo y a cuándo y por qué se aplicó como norma para la vida judía ofrece resultados verdaderamente sorprendentes. Nuevos estudios han llegado a conclusiones que enriquecen nuestro conocimiento sobre el judaísmo y coinciden en retrasar notablemente su aparición y confirmación.

Hoy escribe Eugenio Gómez Segura.


Baño ritual en Magdala, s. I.
Baño ritual en Magdala, s. I.
Un artículo recién publicado en la Biblical Archaeological Review, en su número de este invierno, firmado por Yonatan Adler, profesor de la Ariel University, presenta brevemente las conclusiones de su libro The Origins of Judaism: An Archaeological-Historical Reappraisal (2022).

El libro (que aún no he leído) promete una exhaustividad y un rigor dignos de elogio en una materia tan problemática como definir los orígenes del judaísmo. Si ya la percepción del politeísmo judío se va extendiendo poco a poco gracias a los hallazgos arqueológicos de los últimos cincuenta años, y al nuevo estudio que obligan a hacer los mismos de los antiguos textos bíblicos, un pormenor de tanta enjundia como la Ley de Moisés (imposible hallar un documento que se acerque a su supuesta antigüedad) requería nuevas atenciones.

En cuanto al registro bíblico sobre la primera aplicación de la Ley, Adler considera que la narración de Esdras 7, 1-26 es cuando menos dudosa. El texto informa de que el escriba Esdras fue enviado a Jerusalén por Artajerjes, el rey de Persia, con la misión de hacer cumplir los preceptos de Moisés entre los habitantes de Yehud (nombre persa para la antigua Judá). En Nehemías 5 se cuenta cómo Esdras leyó, comentó y enseñó la Ley.
Pero Adler observa dos problemas en este relato: a) la propia Biblia concede muy poco éxito, y efímero, a Esdras (Nehemías 13, 25-30); b) no es nada fácil deducir de los textos bíblicos qué comportamiento mantenía la población en general (ya hemos aludido al politeísmo).

Dado que la principal fuente de información hasta la fecha resulta controvertida, Adler propone una alternativa sencilla y ahora mismo a mano: a) buscar referencias en textos ajenos a la Biblia del uso de la Ley; b) buscar restos arqueológicos del uso de la Ley.
En la literatura extrabíblica sólo tenemos referencias a la aplicación de la Ley entre los judíos desde el siglo I a. C. Concretamente una referencia de pasada de Plutarco en su Vida de Cicerón, cuando hace decir a éste un juego de palabras a propósito de un supuesto judío que evita el cerdo (Plutarco, Cicerón 7, 5-6) y algunos pasajes de Flavio Josefo hablan de gobernadores romanos que, aquí y allá, se refieren a las prácticas judías. Pero nada anterior.

Si nos centramos en la ausencia de huesos de cerdo, la cuestión es aún más delicada, pues sólo podemos encontrar evidencias a partir de Filón de Alejandría, Nuevo Testamento y Flavio Josefo, es decir, el s. I d. C. Los hallazgos arqueológicos son sorprendentes, pues durante el siglo VIII se consumía abundantemente en Israel pero no en Judá, Filiste o cananeos más al norte, es decir, nada exclusivo.

En cuanto a las normas de pureza ritual, una buena medida para estudiar el caso son los llamados mikbaot o baños rituales, que son muy frecuentes desde finales del siglo II a. C. en Judea pero inexistentes antes de esa fecha. En cuanto a la vajilla determinada por estas leyes, también encontramos la fecha de su aparición a finales del s. II a. C.

En cuanto a otras marcas materiales sobre el uso de la Ley, las filacterias o tefilim, aparecen en Qumran también hacia el 125 a. C., como ocurre con las mezuzot, los cartuchos con un texto de la Ley incorporados a las jambas de las puertas.

A propósito de la prohibición de hacer imágenes de animales u hombres, incluso de Yahvé, tenemos material con estas representaciones hasta mitad del s. II a. C.  Así, tenemos una moneda con un cierto sacerdote Yohanan de época persa; incluso hay una moneda persa que representa a Yahvé sentado en su trono. A partir nuevamente de esa fecha, no hay rastro de ellas, pues son sustituidas por motivos florales o largos textos.

Se han planteado algunas ideas de por qué es esta fecha (hacia 125 a. C.) la que parece imponerse según los datos. Lo primero que se piensa es que, en realidad, la Ley no tuvo vigencia real y extensiva hasta entonces. Después se busca un contexto histórico que facilitara su imposición. Se supone que los reyes Tolomeos, que impusieron tribunales diferentes para griegos y pueblos conquistados en las diversas zonas que abarcaban, llevaron a profundizar en el caso judío en las costumbres que los exiliados en Babilonia habían exacerbado. Por otra parte, la independencia de Judá como reino macabeo a partir del año 167 sin duda permitió que la Ley fuera sentida como propia y necesaria. E incluso se propone que fueron los reyes Asmoneos los que realmente impulsaron la aplicación de la Torah. En este sentido, el propio Adler apunta que quizá los Asmoneos encontraron en la Ley una forma de ratificar la antigüedad de su apuesta nacional (una justificación de su independencia) y un medio de conseguir una mayor realidad para su poder: al adoptar el Pentateuco como fundamento formal, legal y constitucional del nuevo y emergente reino asmoneo, los reyes habrían logrado ofrecer a su pueblo una idea unificadora. En ese momento habría nacido el judaísmo.
 
Sobre el politeísmo en Israel y Judá, dos entrevistas del canal Fe hebrea en contexto:

https://www.youtube.com/watch?v=Lzx_AU_qfBE

https://www.youtube.com/watch?v=sakRguSZBEg
 
 
Saludos cordiales.
Domingo, 11 de Diciembre 2022
¿Fue el evangelista Marcos discípulo de Pedro o de Pablo?
Escribe Antonio Piñero
 
Blog 12- 1269 8-12- 2022
 
El título de este comentario es el de un libro de Mar Pérez Díaz, publicado hace muy poco por Verbo Divino, de Estella, que lleva por subtítulo “La teología paulina del evangelio de Marcos”. 16x24cms. 277 páginas, con bibliografía, pero sin índices, ni onomástico ni de materias. Tapa blanda. ISBN:
978-84-9073814-6. Precio 27 euros. Hay versión electrónica por escasos 13 euros.
 
 
La contracubierta del libro expone que  
 
 
“El evangelista Marcos fue el primero en escribir un evangelio. Es el texto más antiguo que tenemos junto a las cartas de Pablo. La tradición afirmaba que Marcos era un discípulo de Pedro que había escrito un resumen del evangelio de Mateo. Los resultados de la investigación de la exegesis mostraron lo contrario. En este estudio, Mar Pérez sostiene que Marcos es un discípulo teológico de Pablo.
 
 
La autora muestra que la teología de Pablo mejora nuestra comprensión de la narración de Marcos, porque completa el sentido del evangelio y complementa su intencionalidad. El amplio abanico de coincidencias del evangelio con la teología paulina no puede ser fruto de la casualidad, sino de la voluntad del evangelista de escribir su obra en consonancia con el pensamiento del apóstol Pablo”.
 
Como resumen del libro me parece que las frases anteriores son acertadas, y no creo que yo pudiera hacerlo mejor.
 
Debo añadir, y lo hace la autora que el volumen es la traducción y adaptación al español de su libro publicado previamente, en inglés, con el título  Mark, a Pauline Theologian. A Re-reading of the Traditions of Jesus in the Light of Paul's Theology “Marcos teólogo paulino. Una relectura de las tradiciones de Jesús a la luz de la teología paulina”, por la editorial alemana Mohr-Siebeck, de Tubinga, como número 521, en una serie prestigiada (Wissenschaftliche Untersuchungen zum Neuen Testament 2. Reihe  = “Estudios /Investigaciones sobre el Nuevo Testamento”). Es cosa sabida que esta editorial no publica libros de poca calidad.
 
Comentaré en esta entrega parte de la “Introducción”, pp. 15-21. Critica la autora, con razón, la tradición de la Iglesia antigua, siglo II, que afirmaba –creemos– por boca de Papías (citado por Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica III 39,15 + II 15, 1-2 y VI 14, 5-7, como opinión igualmente de Clemente de Alejandría) que “el evangelio de Marcos fue un evangelio petrino, es decir, un evangelio en consonancia (con el pensamiento teológico) de los miembros de la Iglesia de Jerusalén”, pero que esta idea es hoy comúnmente rechazada por ser un mero medio de consolidar la autoridad del evangelio (pp. 15-16).
 
Estoy de acuerdo con la autora en que la investigación actual no ha afrontado debidamente la cuestión del pensamiento de fondo, teológico, del Evangelio de Marcos, nada menos que desde 1923 con la obra de Martin Werner, Der  Einfluß paulinsicher Theologie im Markusevangelium (“El influjo de la teología paulina en el Evangelio de Marcos”; editorial Alfred Töpelemnn, de Gießen; con una famosa universidad en tiempos, precisamente donde pasé unos seis meses de mi vida, cuando de estudiante trabajaba de enfermero en su Hospital antituberculoso, y lo que ganaba me ayudaba para casi subsistir durante un años académico). M. Werner defendía la tesis de que la coincidencia de Pablo y de Marcos en su teología no era el resultado del influjo del Apóstol sobre el Evangelista, sino mera coincidencia en temas teológicos propios del cristianismo primitivo.
 
Según la autora, con razón, los trabajos a modo de artículos técnicos que contradecían la tesis de M. Werner se limitaban a abordar en profundidad un dicho de Jesús, o una escena del Evangelio sin hacer un estudio del conjunto de la teología marcana. Y sostiene Mar Pérez que su libro se enfrenta al tema en conjunto, y que no se trata de estudiar uno o dos aspectos / “indicios” en Marcos (es decir, de similitudes en el evangelista) de teología paulina, sino todo el conjunto de aspectos / indicios. Este intento de universalidad tiene el propósito de “dilucidar si el evangelista, cuando compuso, organizó y escribió su narración, tenía presente, o no, la teología (en conjunto también) del apóstol Pablo como clave de interpretación de las palabras de Jesús de Nazaret” (p. 16).
 
 
Y para realizar esta empresa –sostiene la autora– hay que entender qué entendemos por “teología paulina”. Por ello, con buen criterio, se ciñe a las cartas que hoy considera auténticas el común de la investigación, que son solo siete 1 2 Corintios, Gálatas, Filipenses, 1 Tesalonicenses y Filemón.
 
 
Con razón también rechaza Mar Pérez 1 2 Timoteo más Tito, como obras de discípulos de Pablo, no de este propiamente. Y luego, en un acto de valentía y de sentido común afirma que tampoco utiliza Efesios ni Colosenses, porque hay dudas razonables sobre si pertenecen a Pablo, sobre todo la segunda, y porque la investigación (¡confesional, naturalmente!) no se pone de acuerdo a este respecto.
 
Para hacer un resumen de la teología paulina, recurre la autora a diez páginas del artículo de Heike Omerzu, “Paul and Mark–Mark and Paul”, contenido en una obra conjunta que con el título: Mark and Paul. Comparative Essays Part II. For and Against Pauline Influence en Mark, (publicada por la editorial de Gruyter, de Berlín, también en una colección prestigiada: "Beihefte zur Zeitschrift für die neutestamentliche Wissenschaft. “Suplementos de la Revista de Estudios sobre el Nuevo Testamento”). Los responsables de esta colección de artículos sobre el tema de las relaciones entre Pablo y el V de Marcos son Eve-Marie Becker y Troels Engber-Pedersen.
 
Todo estupendo…; pero para una edición española podría haber recurrido a bibliografía española… ¡también! Pero la ignora. Con ello contribuye animosamente al proverbio Hispanicum est non legitur “Está escrito en español. ¡No se lee!”; o no se cita ni por los españoles mismos. Naturalmente en esto no estoy de acuerdo.
 
Y en la próxima entrega espero poder demostrarlo.
 
Saludos cordiales de Antonio Piñero
www.antoniopinero.com
 
 
¡Salió ya a principios de noviembre la tercera edición de "Los Libros del Nuevo Testamento"! Justo al cumplirse un año. Es para estar muy contento y muy agradecido a los lectores que han apoyado esta obra… y a la Editorial Trotta que asumió el riesgo de publicar una obra con tantas páginas… y bien llenitas.
Jueves, 8 de Diciembre 2022
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Editado por
Antonio Piñero
Antonio Piñero
Licenciado en Filosofía Pura, Filología Clásica y Filología Bíblica Trilingüe, Doctor en Filología Clásica, Catedrático de Filología Griega, especialidad Lengua y Literatura del cristianismo primitivo, Antonio Piñero es asimismo autor de unos veinticinco libros y ensayos, entre ellos: “Orígenes del cristianismo”, “El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos”, “Biblia y Helenismos”, “Guía para entender el Nuevo Testamento”, “Cristianismos derrotados”, “Jesús y las mujeres”. Es también editor de textos antiguos: Apócrifos del Antiguo Testamento, Biblioteca copto gnóstica de Nag Hammadi y Apócrifos del Nuevo Testamento.





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