En busca de la verdad del amor auténtico
Pamina muestra su buen talante y espíritu cuando, al preguntarle Papageno qué le van a decir ella y Tamino a Sarastro, responde decidida: «La verdad, la verdad, aunque seamos condenados». Recordemos que la fidelidad a la verdad supone la fidelidad a los grandes valores: la unidad; el amor que inspira modos elevados de unidad; el bien que irradia los modos más altos de bondad; la justicia que otorga a los demás cuanto necesitan para desarrollarse plenamente; la belleza que lo llena todo de armonía y de luz...
Al constatar la buena disposición de Pamina y Tamino, Sarastro ordena que se los conduzca al templo para ser purificados. A fin de indicar que se trata de la purificación que conduce al hombre a lo más alto y valioso, el pueblo y los sacerdotes entonan un himno a los grandes valores, proclamando:
«Cuando la virtud y la justicia siembran de gloria el camino–, entonces la tierra es un reino celestial y los mortales son semejantes a los dioses» (nº 8).
En el nº 9 tiene lugar la marcha de los sacerdotes, e inmediatamente Sarastro se dirige a los iniciados en los cultos de Isis y Osiris –«Ihr, eingeweihten Diener!» (oh vosotros, servidores iniciados)─ para notificarles que el príncipe Tamino, joven virtuoso, discreto y caritativo, quiere despojarse del velo que lo sume en las tinieblas y adentrarse en el santuario de la gran luz.
Mozart asume aquí la gran tradición neoplatónica y cristiana que vincula la elevación espiritual con la luz, y une, en cambio, la degeneración con las tinieblas. La sencilla nobleza de la música y el clima de honda placidez que crea nos revela el alto valor que encierra el hecho de que Pamina y Tamino estén siendo aceptados como candidatos a subir al nivel del amor verdadero, el absolutamente generoso, oblativo.
En un aria con coro sumamente expresiva ─nº 10─, Sarastro suplica a Isis y Osiris que envíen a los dos jóvenes «el espíritu de la sabiduría», cuyo fruto es para Tamino «la amistad y el amor». A fin de conseguir un amor verdadero, que, lejos de reducirse a mera pasión, cree una relación de encuentro y amistad, se somete a Tamino a la prueba de no hablar con Pamina, sino guardar silencio ante ella (Escena 1 del Acto II).
Recordemos que, en el mito de Orfeo, se ordena a éste que, si quiere conservar a su amada Eurídice, no le mire al rostro durante una noche. La mirada es el sentido humano más posesivo después del tacto. El sentido de esta prohibición es recordar a Orfeo que debe superar la tendencia a confundir amor y posesión, con el talante dominador que éste implica. Si desea poseer a su amada (actitud propia del nivel 1), deja de amarla generosamente (actitud que surge en el nivel 2), y la pierde como persona (3) .
En La flauta mágica se permite a Tamino ver a Pamina, pero se le ordena que no le hable, sino que la contemple en silencio. El silencio auténtico no equivale a mera mudez; significa prestar atención a todo cuanto abarca una realidad. Una palabra superficial ‒carente de silencio‒ no genera verdadero amor porque se queda en lo meramente atractivo y pierde de vista los estratos profundos de la persona. Hacer silencio en el interior tiene un alcance mucho mayor que el mero no hablar. Es crear un espacio de acogimiento para las realidades valiosas que nos apelan a asumirlas creativamente.
La purificación del amor implica, por ello, esta forma de silencio activo, respetuoso, recogido y sobrecogido ante todo cuanto abarca la persona amada. Si alguien se mueve sólo en el nivel 1, no descubre este sentido elevado del silencio y lo malentiende como falta de voluntad de comunicarse. Esto le sucede a Pamina, que interpreta el silencio de Tamino como un signo de alejamiento respecto a ella.
El dolor y la zozobra que tal malentendido produce en ambos jóvenes es la mayor prueba a que son sometidos. Necesitan aprender a descubrir el sentido positivo del silencio, que no implica sólo el no producir sonidos, sino, sobre todo, la capacidad de ver en bloque los diversos aspectos que implica una realidad compleja, y, en casos, asombrarse de su valor.
La subida al nivel 2, hito decisivo en la purificación del amor
En el lenguaje del método lúdico-ambital que propongo, diría que el amor auténtico sólo puede darse si subimos del nivel 1 ‒en que se mueve Papageno‒ al nivel 2, en el que se situarán Tamino y Pamina una vez que se purifiquen, es decir, que transformen su actitud egoísta en una actitud generosa, y conviertan la voluntad de poseer en una decisión de respetar, estimar y colaborar, actividades características del nivel 2.
Esta transfiguración es la meta que han de conseguir las pruebas a que son sometidos los dos jóvenes por Sarastro, presidente del templo de la luz, de la virtud y la elevación de la conducta.
Mozart describe genialmente, con su música, la conmoción pasional que sufre Monostatos (situado en los niveles 1 y -1), al encontrar a Pamina durmiendo entre flores a la luz de la luna. En una línea semejante, la Reina de la Noche se entrega al rencor ‒sentimiento opuesto al del amor verdadero‒ y quiere vengarse de Sarastro por haberle impedido poseer a su hija Pamina. Por eso exige a ésta que lo mate (nivel –3). Mozart plasma esa furia destructora en el aria nº 14, admirada por su bravura y su extremada dificultad: «¡La venganza del infierno hierve en mi corazón!».
Pamina ruega a Sarastro que no castigue a su madre, y él le contesta ─en la inefable aria nº 15─ con un impresionante himno al perdón, actitud que conduce al don de la reconciliación y hace así posible el amor verdadero.
«En estos sagrados recintos no se conoce la venganza, y, si alguien yerra, el amor lo encarrila...» (nº 15).
Al no estar en el secreto de lo que significa el silencio para una «mirada profunda» (4), Pamina sufre al pensar que Tamino ya no la ama y entona un aria desgarradora: «Ay, presiento que ha desaparecido para siempre la dicha del amor» (nº 17). E intenta suicidarse. Los tres muchachos, símbolo de una actitud recta y lúcida, la disuaden notificándole que Tamino sigue amándola.
Al fin, los guardianes permiten a los dos verse y hablarse ante las puertas del templo. Ahora se suceden diversos acontecimientos que suponen una alta valoración de la unidad: piénsese en el coral luterano ‒que deja entrever un entendimiento con la música católica‒ y en la expresividad recatada de la armonía, cuya inmensa belleza resplandece como nunca en esta obra de Mozart.
Estas dos formas de espléndida unidad dan fuerza a los jóvenes para superar las dos últimas y temibles pruebas: cruzar un muro de llamas y atravesar unas cascadas. El poder de la música, vista como fuente de armonía ‒es decir, de concordia‒ y de belleza ‒«el encanto de la unidad, en medio de las dificultades»‒, se muestra aquí en el poder mágico de la flauta. Por eso Pamina invita a Tamino a tocar la flauta para que ella los proteja en su terrible camino de pruebas.
También la música del carillón ayuda a Papageno y Papagena a lograr, en su nivel, el tipo de amor que ansían.
En la escena última, la Reina de la Noche y Monostatos quieren eliminar «a todos los seres piadosos que hay en la tierra a sangre y fuego», pero desaparecen cuando la escena se transforma en un templo de sol. Pamina y Tamino entran en el templo ataviados con vestiduras sacerdotales ‒símbolo de consagración‒, y Sarastro, el gran sacerdote, proclama el poder de la luz sobre las tinieblas:
«Los rayos del sol ahuyentan la noche y destruyen el artero poder de los hipócritas».
El coro cierra la obra proclamando que «la firmeza ha triunfado y reinan, en recompensa, la belleza y la sabiduría por siempre»
(Continuará)
NOTAS
(1) El nombre Sarastro es una leve deformación del antiguo Zoroastro, figura considerada como un referente de una vida elevada.
(2) Las tonalidades juegan, en la música clásica, el papel de hogares expresivos. Ciertas tonalidades están especialmente dotadas para expresar sentimientos de alegría, de bonanza y bienestar. Otras se hallan predispuestas para crear climas más bien sombríos o tiernos. La combinación de las tonalidades es, como sabemos, una de las bases principales de la expresividad musical.
(3) Puede verse, sobre esta importante cuestión, el análisis de la obra de J. Anouilh Eurídice que realizo en mi obra Cómo formarse en ética a través de la literatura (Rialp, Madrid 2008, 3ª ed.) pp. 287-308.
(4) Este sugestivo tema lo expongo en dos obras El arte de leer creativamente (Stella Maris, Madrid 2014 pp. 41-77. Actualmente en la Biblioteca Digital de la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid 2019. La mirada profunda y el silencio de Dios (Editorial UFV, Madrid 2014) pp. 20, 28, 38, 44, 46, 97, 123, 172-173, 188, 202, 275, 329-330, 394, 412, 500.