Pocas cosas tan difíciles como el desapego. Nos apegamos innecesariamente a ideas, empleos, parejas, amigos, enemigos, estatus, poder y hasta a las cosas materiales. El desapego no consiste en ignorar lo que pasó, sino en dejar ir, en no guardar rencores, en desear lo mejor para quien te ha dañado, traicionado o subvalorado, continuar con tu vida y guardar una distancia amplia (y suficiente) para que no te vuelva a dañar.
Si te has desapegado de una persona y su influencia negativa, puedes saludarle sin generar resentimientos, evitas hacer malos comentarios sobre ella y si te toca emitir una opinión, lo harás sobre lo bueno que en su momento fue.
Si te dicen lo mal que se expresó de ti, déjaselo a la vida, a Dios, al karma o a la creencia que te venga en gana (porque cuando alguien habla mal de ti, o trata de demostrar cosas ante ti, es él/ella quien no te supera).
El desapego se aprende una vez y se aplica siempre, las veces que sean necesarias. En mi vida se basa en una simple premisa: todos somos indispensables, hasta que dejamos de serlo.
La vida es corta igual que la alegría de vivirla, hay que hinchar el pecho y dar cabida al amor; para ello hay que sacar constantemente la basura, cambiar las cosas de lugar a modo de Feng Shui, ponerse las gafas, imaginar un futuro mejor, fluir.
Si te dicen lo mal que se expresó de ti, déjaselo a la vida, a Dios, al karma o a la creencia que te venga en gana (porque cuando alguien habla mal de ti, o trata de demostrar cosas ante ti, es él/ella quien no te supera).
El desapego se aprende una vez y se aplica siempre, las veces que sean necesarias. En mi vida se basa en una simple premisa: todos somos indispensables, hasta que dejamos de serlo.
La vida es corta igual que la alegría de vivirla, hay que hinchar el pecho y dar cabida al amor; para ello hay que sacar constantemente la basura, cambiar las cosas de lugar a modo de Feng Shui, ponerse las gafas, imaginar un futuro mejor, fluir.